| 10/1/1993 12:00:00 AM

Crece la fiebre verde

Las esmeraldas duplican sus ventas al exterior y la Bolsa Mundial de Piedras Preciosas marcha a todo vapor.

Al finalizar el pasado mes de julio, Colombia había exportado esmeraldas por US$ 225 millones. Y como van las cosas, al finalizar este año las ventas externas se acercarán a los US$ 400 millones, cifra que se convierte en un verdadero récord que además duplicaría las exportaciones de 1992. En esas circunstancias, muy cerca del banano, las esmeraldas ocupan el segundo renglón en las exportaciones no tradicionales del país, y no están muy lejos del alicaído carbón.

La inusitada fiebre por las piedras preciosas se debe a que el sector respondió a la apertura con una gran dinámica exportadora, consiguió la paz en las zonas productoras y avanza en el ordenamiento del mercado a través de la conformación de la primera bolsa mundial de esmeraldas. El pasado 8 de septiembre tuvo lugar en París una subasta pública de esmeraldas colombianas en la Bolsa de Diamantes, que logró tantear el mercado, calidades, precios y demás características de la demanda internacional del producto. Con esos elementos en mano, los promotores nacionales de la Bolsa decidieron impulsar definitivamente el nuevo mecanismo de mercado bursátil.

Los especialistas del sector, productores y comercializadores, saben que la coyuntura es la ideal para conformar el nuevo mecanismo de negociación. Un informe que acaba de publicar la Cámara de Comercio de Bogotá concluyó que de 24 empresas de servicios de la capital que exportaron el año pasado US$ 94.2 millones, 17 se dedican a la comercialización de piedras preciosas con ventas de US$ 62.3 millones, el 66.1% del total. Eso demuestra que Bogotá es el gran centro del comercio mundial de esmeraldas. Las colombianas están catalogadas por expertos y compradores como las de mejor calidad en el orbe y se distinguen de las de otros países por su buen tamaño, color y demás características de calidad. La más apreciada es la llamada "gota de aceite" por su exclusividad y profundo color verde.

Pero como sucede con gran cantidad de productos colombianos como el café para sólo citar un ejemplo , la intermediación comercializadora se encuentra en manos de extranjeros, que son los que se quedan con parte importante de la tajada de utilidades y además se dan el lujo de controlar los precios internacionales. Por eso desde hace unos dos años los productores nacionales se encuentran empeñados en allanar el camino que consiga que además de la extracción de las esmeraldas, los colombianos también dominen las cotizaciones, definan las calidades y, claro está, se queden con mayores ganancias del negocio, que espera desplazar en breve el dominio que los diamantes tienen en los mercados internacionales de piedras preciosas.

Por ahora acaba de constituirse la Sociedad Promotora de Zona Franca Bolsa Internacional de Piedras Preciosas, Metales Preciosos y Joyas S.A. que busca obtener la licencia para establecer el recinto en una edificación en la que se invertirán inicialmente $10.000 millones. Ya se firmó una promesa de compra por el lote de IBM en la Avenida El dorado de Bogotá, pero existe la alternativa adicional de establecer la Bolsa en el Centro de Comercio Internacional Bolivariano, que en la zona de El Salitre adelantan Pedro Gómez y otros constructores.

Como van las cosas, la Bolsa estará funcionando a comienzos de 1995. Pero para comprender lo que significa un mercado bursátil de piedras preciosas, primero hay que entender cómo funciona actualmente la exploración, explotación y comercialización de esmeraldas. En Colombia existen 800 mil hectáreas potencialmente ricas en esas piedras, pero actualmente sólo son explotadas y están contratadas entre particulares y el Estado 813 hectáreas, el 0.01% del total. Las minas que se destacan a nivel nacional son las de Quípama, Muzo, Coscuez y Chivor, todas en Boyacá.

Las cuatro mayores productoras mundiales de esmeraldas son también colombianas:

1.Tecminas, de Quípama, cuyos socios principales son Víctor Carranza, Juan Bittar y los herederos de Gilberto Molina.

2 Coexminas, de Muzo, del grupo compuesto por la familia Molina y Byron López.

3 Esmeracol, en Coscuez, en un 50% de líderes de la región (Pablo Elías Delgadillo, Luis Murcia Chaparro, Horacio Triana, Martín Rojas, Diosde González, Darío Campos, entre otros), y el 50% restante del grupo de Víctor Quintero, Colombian Mines, Byron López y Tecminas.

Chivoreña de Minas, de Chivor, de s las familias Roa y de Ernesto Rodríguez.

Desde 1977, ante el fracaso estatal a través del Banco de la República y Ecominas para explotar directamente las minas, se optó por los contratos de operación con el sector privado. Mineralco otorga al operador particular el derecho temporal y exclusivo de realizar la exploración y explotación de una área, mediante contratos inicialmente a cinco años y seis meses, prorrogables por cinco años más. A cambio el operador debe reconocer al Estado un monto fijo por hectárea/año que se reajusta anualmente por inflación (fue de $1.135.186 h/a en 1992) en una área categoría 1 A; y regalías que varían de acuerdo con los municipios donde se realicen las explotaciones.

Cuando las piedras en bruto son halladas, son objeto de remate en los campamentos de las sociedades, entre los socios, sus invitados y algunos comerciantes mayoristas. Hay reglas de juego previamente pactadas sobre calidad, monto y participantes en las subastas. El precio que se fija es bastante subjetivo y en muchas ocasiones un gran valor invertido en una piedra en bruto puede perderse en las operaciones de corte y talla del mineral. Una vez adquirida la esmeralda en la mina, se traslada a Bogotá, en donde puede seguir fácilmente tres vías de comercialización: se vende directamente a compradores del exterior, se vende o consigna a lapidadores nacionales para talla, o se envía al exterior en donde se vende a precios entre 30% o 40% más altos que en el mercado nacional.

Sin embargo, en todas estas instancias hay complicaciones grandes. Los compradores en Colombia o el exterior aprovechan la urgencia que tiene el vendedor de realizar el negocio para reducir precios. En muchos casos el comerciante debe volver al país con la esmeralda o dejarla en consignación en agencias de comercialización, que cobran comisiones bastante altas.

Sin embargo, el camino es bien distinto para las piedras encontradas por los pequeños mineros o guaqueros, que las toman de los desechos de las grandes minas, y que manejan el 90% del mercado actualmente. Ellos venden las esmeraldas a numerosos intermediarios que viajan a las zonas de explotación, las adquieren y las llevan a Bogotá en donde las venden a oficinas de comerciantes, comisionistas y agentes talladores. Las agencias intermediarias de comercialización de esmeraldas (que compran, tramitan la exportación y realizan los demás trámites administrativos) de la capital venden a extranjeros con quienes tienen establecidas reglas de juego con antelación, como comisiones entre el 4% y el 8%. Las transacciones inferiores a US$ 50.000 tienen tarifa del 6%, y las de sumas superiores entre 4% y el 6%. Al menos un punto de la comisión se va en costos bancarios de reintegro (0.4% para el Banco de la República y 0.6% para el banco comercial).

Los japoneses dominan esa clase de agencias comercializadoras y cuentan con un eficiente sistema de exportación. Ellas consiguen seguros por hasta el 110% de la mercancía, tienen bastante credibilidad por la forma de pago a los vendedores locales y tienen apoyo financiero de grandes bancos del Japón. Esa estructura les ha dado una capacidad de manejo importante en el mercado, tanto que se han unido en acuerdos tácitos de fijación de precios en una especie de cartel que suspende compras, difiere formas de pago y resta importancia al libre juego de la oferta y la demanda.

En algunos casos quienes quieren venderles hacen filas desde las tres de la madrugada para conseguir que les adquieran las piedras. Aunque los japoneses han dado estabilidad al mercado en los últimos años, su alineamiento como cartel está perjudicando los intereses de los productores colombianos que pueden conseguir mejores precios en un mercado más abierto. Otro factor de perturbación es el caos del mercado de la Avenida Jiménez con séptima, en el centro de Bogotá. Allí unos 10.000 comerciantes callejeros exhiben a los peatones piedras de todas las calidades y bajo condiciones de riesgo personal y de venta bastante críticas.

En ese mercado la piedra se entrega en consignación a un intermediario quien pacta un precio base con el propietario, y la suma adicional que consigue es su ganancia. En la fijación de precios, además de las condiciones subjetivas de la apariencia de la piedra y de su calidad, influyen los costos de corte, talla, tratamiento y comisiones del mercado. Pero lo cierto es que apenas un 5% de la producción nacional de esmeraldas se queda en Colombia y todo lo restante se coloca en los mercados internacionales. Tradicionalmente los mayores compradores se encuentran en Estados Unidos, Japón, Suiza (estos países acaparan el 80%), Hong Kong, Israel, Alemania, Italia, Venezuela y Panamá.

Después de muchas vueltas al asunto, los productores colombianos concluyeron que la única forma en que pueden mandar en el mercado es a través de una bolsa que establezca reglas de juego propicias para hacer del negocio un asunto de marca mayor. Sin embargo, fue el recién creado Ministerio de Comercio Exterior el que se encargó de proponer la utilización del régimen de zona franca, que concede exenciones tributarias, como el mecanismo más idóneo para adelantar el proyecto.

Ya se constituyó la Sociedad Promotora de Zona Franca Bolsa Internacional de Piedras Preciosas, Metales Preciosos y joyas S.A., que se encarga de cumplir con los requisitos impuestos a las zonas francas, y en últimas de obtener la licencia correspondiente para operar. La sociedad está compuesta en un 40% por los productores, 30% por los comerciantes, comisionistas y exportadores, 25% por joyeros y comerciantes de oro y 5% por otros inversionistas. Entre los accionistas independientes que podrían vincularse se encuentra Arthur P. Groom, de la American Trading Company, quien ya estuvo en el país y quiere hacer parte del proyecto. Es miembro de la Bolsa de Nueva York y es un conocido negociante de diamantes a nivel mundial.

La idea central no es sólo vender esmeraldas en bruto sino convertir a Colombia en un centro de talla mundial en materia de piedras preciosas, y estimular a través de la zona franca la transferencia de tecnología necesaria para impulsar mejores prácticas en la extracción y producción, el control de calidad, la joyería y la comercialización internacional. Algo así como lo que ocurre con la Corporación Comercializadora de Diamantes (De Beers) que ha operado durante casi un siglo y domina la oferta de diamantes en bruto. Sólo en 1991 movió US$ 5.000 millones. La Bolsa de Israel maneja toda clase de piedras preciosas, pero su fuerte son los diamantes. En 1991 registró US$ 3.500 millones en transacciones.

La Bolsa colombiana será entonces un gran parque industrial de transformación de la piedra, que estará dedicada a valores y productos. No sólo venderá las esmeraldas, piedras en bruto o talladas, sino también engastadas en joyas y podrá negociar certificados de tenencia. En otras palabras, un inversionista que necesite liquidez puede entregar la piedra a la Bolsa que le expedirá un documento que podrá negociar en el mercado secundario mientras se vende su propiedad.

Y aunque el proyecto tiene poca receptividad entre los comerciantes joyeros, Germán Bernal, gerente de Tecminas y cerebro gris del asunto, advierte que "ellos no entienden que esto se dedicará a negociar para la venta masiva exportable. No habrá puntos de venta al menudeo. Nosotros pretendemos competir, por ejemplo, con Italia en cuestión de oro. Allá se negocian en cadenería 40 toneladas año, mientras Colombia que tiene una producción similar no sabe qué hacer con su mineral".

Por ahora la Bolsa pretende recibir a todos los particulares dedicados al negocio. Los comisionistas tradicionales podrán adquirir oficinas en el recinto o solamente inscribirse ante la Oficina Unica de Registro. En cambio los comerciantes de la calle 14 podrán tener acceso siempre y cuando cumplan con el reglamento de la Bolsa y después de cumplir con cierto período de observación. En Israel, por ejemplo, los "informales" se reciben en observación por tres años.

Actualmente se adelantan conversaciones con Asocoemerald, federación que aglutina a los tradicionales vendedores de la 14 para que se integren al nuevo mercado. También se buscan convenios con Zambia, segundo productor mundial, para que comercialice sus esmeraldas a través de la Bolsa colombiana.

La Bolsa dotará a la industria minera como a los comerciantes, exportadores y joyeros, de un mecanismo de transacción que inspirará confianza. También logrará que se abaraten los costos de negociación de piedras preciosas. Por eso el gobierno ya le puso cuidado al asunto y anunció la contratación externa de un estudio para lograr, que la esmeralda se inserte en su política macroeconómica.
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