| 3/30/2017 12:00:00 AM

Compañía de 'monjitas' colombianas es la mano derecha de la inglesa Páramo

Creaciones Miquelina, una compañía que nació por iniciativa de las hermanas Adoratrices en Colombia, logró convertirse en el único proveedor colombiano de la marca inglesa Páramo. Una historia de fe y éxito.

En medio de las condiciones adversas que ha enfrentado el sector confeccionista por factores como revaluación, contrabando e incluso bajo consumo, la compañía Creaciones Miquelina, creada y manejada por las hermanas de la congregación de las Adoratrices, se ha mantenido durante 40 años produciendo prendas de exportación.

El objetivo de adelantar un proyecto social con miras a ayudar a mujeres víctimas de violencia, alcoholismo y prostitución, entre otras problemáticas, llevó hace cuatro décadas a esta congregación a gestar la idea de montar un proyecto productivo que hoy cuenta con 250 mujeres.

La iniciativa, que nació en el barrio La Candelaria, en el centro de Bogotá, muy pronto se trasladó al barrio 20 de Julio, en donde iniciaron con talleres de capacitación laboral que se dictaban en cuatro máquinas.

El proyecto comenzó, pero rápidamente sus gestoras se dieron cuenta de que las mujeres se capacitaban, pero no había empresas de confección interesadas en contratarlas. Fue allí cuando tomaron la decisión de construir una bodega e iniciaron con unas pocas máquinas produciendo jeans y camisas, que surtían puestos de venta en San Victorino.

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De forma paralela, este proyecto productivo, que aún no tenía nombre, buscó oportunidades para producir prendas de dotación empresarial y fue así como en distintos momentos le fabricó a Ecopetrol, Mac Pollo, Pat Primo y Miguel Caballero, entre otras.

La dinámica del negocio motivó la ampliación de la bodega, en donde empezaron a trabajar unas 30 mujeres certificadas por el Sena. Inicialmente cosían solo para el mercado nacional, pero en el año 92 apareció el cliente que le ha permitido mantenerse en una industria que ha vivido momentos complejos. Se trata de Páramo, empresa inglesa que le compra la mayor parte de su producción.

A este reconocido cliente inglés, famoso por la venta de productos especializados para la práctica de deportes de invierno, la empresa empezó produciéndole unas 20 prendas mensuales, inicialmente chaquetas, y aunque en un comienzo no sabían a quién le estaban cosiendo, pues un intermediario en Colombia era el encargado de buscar los proveedores, siempre lo hicieron con la calidad que les ha permitido tener esta alianza estratégica durante 25 años. Hoy le producen chaquetas, pantalones, polainas, balaclavas y camisetas.

Alta tecnología

Como la operación ya era más formal y debían cumplir con una serie de requisitos para realizar sus exportaciones, en 1995 se constituyó Creaciones Miquelina, convirtiéndose en una empresa que fabrica prendas de muy alta categoría en términos de tecnología, según lo explica su directora, la hermana Rosaura Patiño.

En este momento produce alrededor de 6.000 prendas mensuales, de las cuales exporta 85%, mientras el restante 15% se queda en el mercado local con la producción de ropa de trabajo, deportiva y uniformes escolares a través de las marcas Quiz, VIP, Q’Camello y Micaela Bordados.

La empresa le puede producir a Páramo a partir de 20 prendas mensuales y este es precisamente uno de los valores agregados, pues cuenta con una infraestructura flexible que le permite ajustarse a las necesidades del cliente en cuanto a colores, diversidad de estilos y modelos.

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Las prendas que se llevan a Inglaterra, especiales para las épocas de frío y los deportes de alto riesgo, son elaboradas con telas exclusivas desarrolladas por fabricantes colombianos (Lafayette) y tratadas con materiales enviados desde el país europeo, lo que hace que sean totalmente impermeables, repelentes al agua y amigables con el ambiente.

Miquelina realiza acuerdos mínimos de producción al año con Páramo para poder asegurar su trabajo; pues, según su directora, la alta dependencia de su cliente inglés es tal vez una de las mayores preocupaciones y no es para menos, pues es una condición que en cualquier momento puede dar al traste con los objetivos sociales y productivos de la organización, como sucedió en su momento con una de las firmas confeccionistas más tradicionales del país, Confecciones El Cid que, por cuenta de la alta dependencia de un solo cliente y la revaluación registrada durante la primera década de este siglo, se vio obligada a cerrar sus operaciones.

Por esta razón, un par de reconocimientos otorgados a comienzos de este año pueden convertirse en herramientas clave en la búsqueda de nuevas oportunidades comerciales fuera del país y a esto le apuestan sus directivas.

Comercio justo

La empresa, que actualmente cuenta con tres unidades productivas –a la del 20 de Julio se suman una en el barrio San José Rondón de Bogotá y otra en Pereira–, fue galardonada en Alemania con el Premio del Festival Mundología, que reconoce las buenas condiciones laborales y económicas que Confecciones Miquelina ofrece a sus 250 empleadas; y con la Certificación en Comercio Justo, otorgado por la Organización Mundial de Comercio Justo, que valora la metodología y relaciones equilibradas en las condiciones de trabajo, salarios y medio ambiente, además de estar en contra del trabajo infantil, la esclavitud y la explotación indebida de la mujer.

“Para nosotros, el éxito económico no tendría sentido si esto no se reflejara en el bienestar social y laboral de nuestras empleadas, mujeres que han sufrido, por una u otra razón, decepciones, maltratos o situaciones difíciles en su vida”, explica la hermana Rosaura.

En su sede del 20 de Julio, además de capacitar a las mujeres vulnerables en una academia de confecciones, en la que estudian 120 mujeres de forma permanente, las Hermanas Adoratrices brindan apoyo social y psicológico.

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Después de pasar por estos procesos pueden acceder a una plaza de trabajo en Miquelina, luego de haber sido certificadas por el Sena, institución encargada de capacitarlas. Para quienes no pueden vincularse a la empresa, pues la oferta de personal supera la demanda, las propias hermanas se encargan de buscarles empleo en otras empresas.

Con este proyecto queda demostrado que cuando el principal capital de una empresa es el humano, el éxito comercial y el negocio en sí mismo están asegurados.

Con vivienda propia

El deseo de superación llevó a las colaboradoras de Creaciones Miquelina a asociarse y crear una cooperativa multiactiva de ahorro y crédito que ya cuenta con 200 socias y que les ha permitido adquirir su vivienda. "En este momento 130 de ellas han logrado comprar su vivienda y esta ha sido una estrategia no solo de formación sino de autogestión, son autónomas, dueñas de su cooperativa", manifiesta la hermana Rosaura Patiño. Se trata de Coomiquelina, que ha demostrado que es un proyecto compatible con la recuperación de las personas.

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