| 6/1/1994 12:00:00 AM

Coyuntura expansiva

La economía mantiene un crecimiento entre 4% y 5%. Se normalizan los flujos de importaciones. La demanda interna todavía se está incrementando aceleradamente, aunque a menores tasas que durante 1003.

Durante el primer semestre de 1994 la economía no cafetera continuó con el impulso que traía del año pasado, o sea el correspondiente a una tasa de crecimiento cercana al 5% anual (e incluyendo el sector cafetero alrededor del 4%/).

Los mismos sectores que fueron el motor del crecimiento en 1993 han mantenido su dinamismo en este año, a saber: el sector de la construcción privada y los subsectores industriales y comerciales directamente subordinados; el sector automotor incluyendo los componentes metalmecánicos y de plásticos (aunque con un menor crecimiento que durante 1993); el sector de hidrocarburos; los servicios financieros; el transporte en todas sus modalidades, y las telecomunicaciones.

Por el lado de la demanda es claro que el consumo y la inversión privada continuarán registrando altos crecimientos durante 1994. En general, la demanda interna (consumo más inversión), crecerá a la elevada tasa del 6.3%. Pero parte de ese elevado crecimiento se compensará con un aumento de las importaciones del 14.5%, razón por la cual el aumento de la producción interna se estima en solamente 4.4%. Hay que señalar que durante 1993 la demanda interna se incrementó en 11.8% y las importaciones en 47%. Este aumento de la demanda interna era insostenible puesto que conlleva un recalentamiento de la economía que se traduce, más temprano que tarde, en una incontrolable presión inflacionaria.



Las autoridades monetarias, ante el excesivo crecimiento de la demanda interna y una aceleración de la inflación, cuya tendencia a la baja se revirtió desde agosto del año pasado, restringieron el aumento de la cartera de las entidades financieras y el crédito externo de menos de tres años, aumentaron los requerimientos de capital del sistema financiero, y anunciaron una postergación de programas de gasto público. Con todo, los medios de pago (M1) 1 y la oferta monetaria ampliada (M2) han seguido creciendo muy por encima de los corredores establecidos por la junta del Banco de la República, lo que ha conducido, entre otras, al mantenimiento de bajas tasas de interés.

La inflación anualizada del 23% en abril, después de haber estado bordeando el 21% hace unos meses, muestra qué tan lejos está el gobierno del logro de la meta del 19%. Aunque las cosechas de alimentos, las que entran durante el segundo semestre, vienen abundantes, todavía no hay políticas firmes y sostenidas para reducir la expansión monetaria por debajo del 30%. Por eso DINERO ha proyectado una inflación del 21% al finalizar 1994.



De otra parte, en este año se incrementará el déficit en el rector externo de la economía. La balanza comercial (exportaciones (le bienes menos importaciones de bienes) arrojará un saldo en rojo aproximado de US$2.500 millones (4.5% del producto interno bruto) y el saldo en cuenta corriente de la balanza de pagos será negativo en US$3.000 millones (5.5% del PIB). La pregunta de fondo es cómo se financiará este déficit externo.

En décadas anteriores, en la antesala de la crisis de la deuda externa, Colombia financió su déficit externo especialmente con entradas de capital provenientes de créditos externos para financiar al sector público. En esta década la historia ha sido diferente. La financiación del déficit externo ha sido básicamente con inversión extranjera directa (petróleo, privatizaciones de bancos y concesiones de la telefonía celular), con repatriación de capitales (de todo tipo) y con un mayor endeudamiento externo por parte del sector privado.

De hecho, para 1994 se proyectan entradas netas de capitales por US$3.500 millones, con lo cual más que se cubre el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos de US$3.000 millones. Así entonces, el aumento en las reservas internacionales podría llegar a US$500 millones al finalizar el año, alcanzando los US$8.400 millones.



En realidad, hacía muchos años Colombia no tenía unas entradas de capital extenso positivas de la magnitud esperada para 1994-95. Ellas representan más de cinco puntos anuales del producto interno bulto. Son transferencias de ahorro externo hacia la economía colombiana. Con ellas se pueden financiar niveles de inversión que serían inalcanzables dado el insuficiente ahorro interno. Debido a estos ingresos de capital externo la inversión total de la economía pasará de un promedio anual de 16.2% del PIB durante 1990-92, a un promedio estimado de 22.6% del PIB durante 1993-95.

Lo importante para considerar en este tema es (1) que estas transferencias de capital se traduzcan en inversiones verdaderamente productivas y (2) que no se comprometa la capacidad de endeudamiento externo del país. En cuanto al primer punto, hay que destacar que buena parte de la mayor inversión se ha dirigido hacia la edificación de vivienda, el desarrollo del sector petrolero y el equipamiento del país en materia de vehículos automotores, computadores, material de oficinas y electrodomésticos.

En cuanto al segundo punto, el peligro se encuentra por el lado de un excesivo endeudamiento del sector privado antes que del sector público. La deuda externa del sector público ha permanecido prácticamente inalterada durante los cuatro años anteriores e incluso registró una leve disminución durante 1993 cuando el gobierno prepagó créditos relativamente costosos. Pero mientras sea más rentable para los particulares prestar en el ' exterior que internamente, será difícil detener la tendencia hacia un creciente endeudamiento externo del sector privado. Esta tendencia se ha reforzado, además, con las expectativas de una reevaluación del peso (la expectativa de una devaluación muy inferior,¡ la inflación y al crecimiento de los ingresos).



No obstante los reiterados anuncios oficiales en el sentido de que la prioridad es mantener una tasa de cambio competitiva, la verdad es que a partir de 1991 la devaluación ha estado consistentemente muy por debajo de la inflación al consumidor y de los aumentos saláriales. Ello ha implicado una reevaluación del peso de más 1 de l7% durante los últimos tres años. Por el lado negativo, se está presentando un desestímulo a las exportaciones, especialmente las más intensivas en mano de obra. Por el lado positivo, el costo del capital ha bajado (incluyendo el costo de importar maquinaria y equipo) y el poder de compra de los colombianos frente al resto del mundo se ha incrementado (lo cual se refleja en mayores viajes al exterior, por ejemplo).

Para 1994 se espera una reevaluación adicional del peso que de hecho ya se ha presentado durante el primer semestre. La devaluación estimada para el año completo es de apenas 11 %. Sin embargo, ya no existen las presiones

reevaluacionistas originadas en aumentos desmedidos (le las reservas internacionales, tal como fue el caso durante 1991-92. Las mayores presiones hoy en día se originan en un desmedido gasto interno, es decir, en un excesivo aumento de la demanda interna, que se ha traducido en una elevada inflación sobre todo en el caso de los precios de aquellos bienes o servicios que no se pueden importar. De ahí lar preocupación de la Junta Directiva del Banco de la República por frenar, a corno dé lugar, la demanda interna.

Pero este gobierno se encuentra en los últimos meses de su gestión y no está interesado en fenómenos recesivos. Ha preferido sacrificar la meta inflacionaria antes que reducir el crecimiento y el empleo. Si frena la demanda interna es posible que el desempleo aumente nuevamente, particularmente si se tiene en cuenta que las exportaciones no están creciendo a un ritmo suficiente para compensar una eventual desaceleración de la actividad económica interna.

El instrumento que ha utilizado el ministro (le Hacienda para salirse del corredor anti-inflacionario ha sido el gasto público. el cual ha venido creciendo muy por encuna ole la inflación. El aumento en el gasto ha sido ante todo en el renglón ole funcionamiento (sin contar el pago de intereses), el cual pasó de 9.0%, del 111B en 1990 a 13.6'%, del Pill en 1993. Para 1994 se espera que supere 14.0%, del PIB. Mientras tanto la inversión pública se ha estancado relativamente, incluyendo los programas de infraestructura que se anunciaron como componente esencial de la política de apertura.

El gobierno ha sostenido que su política fiscal ha sido responsable por cuanto al mismo tiempo que ha aumentado el gasto ha elevado la tributación. Hay una dosis de verdad en este argumento: el déficit fiscal ha sido prácticamente nulo durante 1990-93 y se espera igual situación durante 1994. Sin embargo, el elevado crecimiento del consumo y la inversión privada tendría que haber estado acompañado de un superávit fiscal, si lo que se buscaba al mismo tiempo era bajar la inflación. En otras palabras, no se puede tener un aumento exhorbitado del gasto privado propiciado por una política monetaria expansionista y por bajas tasas de interés y cumplir con metas de reducción de la inflación y de mantenimiento de una tasa de cambio competitiva, sin tratar de redondear el círculo con una política fiscal activa y no neutral cono ha sido hasta ahora.



Existe incertidumbre acerca de las políticas macroeconómicas que adoptará el próximo gobierno, en especial en el área fiscal. Por ahora, hasta tanto no haya medidas concretas, lo razonable es proyectar que se mantendrán las actuales tendencias, o sea crecimientos económicos entre el 4% y el 5%0. El reciente comportamiento del precio externo del café reforzaría estas tendencias positivas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?