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Dentro de los planes de expansión de la EEB existe la idea de ingresar al mercado energético brasilero y chileno. De hecho, en Chile la empresa ya está participando en una millonaria licitación.

| 2/21/2013 10:00:00 AM

Corto circuito

La llegada de Sandra Fonseca a la presidencia de la Empresa de Energía de Bogotá es un paso más hacia la expansión internacional de la empresa. ¿Irá esto en contravía de las políticas centralistas de Petro?

Hace exactamente un año, cuando aún no terminaba de desempacar maletas en el Palacio Liévano, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, parecía tener una hoja de ruta inquebrantable en relación con el futuro de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB). En varios medios de comunicación aseguró con firmeza que una de sus primeras actuaciones sería replantear la dinámica inversionista de la EEB en el exterior. Su tesis apuntaba entonces a que el Distrito recibiera parte, o la totalidad, de los jugosos dividendos que genera la compañía en otros países de la región: particularmente Guatemala y Perú.

No hicieron falta grandes perspicacias para entender que el propósito del mandatario era acrecentar la fuente de ingresos de la ciudad y así financiar, con mayor holgura, buena parte de su controvertido plan de gobierno. Sin embargo, para echar a andar la estrategia había que superar una ‘talanquera’: la entonces presidente de la Empresa, Mónica de Greiff, quien nunca fue santa de la devoción de Petro y cuyo periodo al frente de la EEB solo terminaría en enero de 2013.

Por eso, desde el pasado 8 de febrero –día en que fue nombrada Sandra Stella Fonseca como nueva presidente de la Empresa– por los corrillos políticos de Bogotá empezaron a rondar dos preguntas más que inquietantes: ¿será Fonseca la ficha clave de Petro para convertir a la EEB en el mayor dispensador financiero de sus políticas? y ¿podrá –ahora sí– la administración distrital politizar la EEB, tal y como lo viene haciendo con la Empresa de Acueducto (EAAB)?

Con el ánimo de despejar ese manojo de dudas, periodistas de Dinero tuvieron una extensa conversación con Fonseca. A juzgar por sus respuestas y por el talante técnico que corre por sus venas, la empresa no solo seguirá transitando por la ruta de la inversión en el exterior que dejó trazada De Greiff, sino que planea expandirse aún más por la región. Es decir, el actual plan estratégico de la EEB contraría los idearios que, desde sus primeros días de Gobierno, puso sobre la mesa Gustavo Petro.

Entonces, ¿habrá perdido el Alcalde de Bogotá la ‘batalla’ para controlar, según sus intereses, la Empresa de Energía? Para responder el interrogante, lo primero a tener en cuenta es que, pese a contar con 76,2% de sus acciones, el Distrito no es el único propietario de la EEB. Dentro de su composición accionarla figuran también Ecopetrol (6,87%), Corficolombiana (3,56%), Administradoras de Fondos de Pensiones (6,39%), ETB (0,05%), EAAB (0,01%) y otros accionistas que suman 6,85%. Ese puñado de cifras lo único que pone en evidencia es que hoy la compañía tiene presencia importante del sector privado. Y, sobre todo, de pesos pesados como Luis Carlos Sarmiento Angulo, propietario de Corficolombiana. Con socios de ese tenor, difícilmente el Alcalde tendrá opción de darle un tinte político a la empresa con miras a fortalecer el músculo financiero de su proyecto gubernamental.

Por lo pronto –mientras Petro sopesa la viabilidad de sus cálculos programáticos– lo cierto de todo esto es que en los primeros renglones de la agenda de la nueva presidente de la EEB figura un colosal plan de inversiones en Perú, Guatemala y Colombia, además de nuevas posibilidades de negocios en Chile y Brasil. ¿De qué se trata la apuesta? y ¿qué puede representar para Petro?

Calidad de exportación

Según palabras de Sandra Fonseca, dentro de los libros contables de la EEB hay una partida presupuestal de US$2.500 millones para invertir –durante el próximo cuatrienio– en el exterior y en el país. Se trata de un plan realmente ambicioso.

En Guatemala, por ejemplo, la compañía tiene las baterías enfiladas en el desarrollo de una red de transmisión de 853 kilómetros para interconectar 24 subestaciones en pleno corazón de ese país. Su costo será de US$375 millones. Pero, además, en esa misma región la EEB acaba de firmar un contrato por US$40 millones para realizar otro proyecto de transmisión con una entidad privada.

Por su parte, en Perú la compañía pretende robustecer el servicio de gas natural que hoy ofrece en Lima y Callao mediante la empresa Cálidda. También trabaja en un proyecto denominado Contugas, que consiste en la construcción de un gasoducto de 280 kilómetros en el departamento de Ica.

En Colombia la idea es poner en marcha los tres proyectos que ganó la EEB en su momento a través de una convocatoria desarrollada por la Unidad de Planeación Minero Energético (Upme) por un valor de US$160 millones. “Es el Plan de Expansión del Sistema de Transporte e Interconexión Nacional en Alférez, Tesalia y Altamira”, señala Fonseca.

Y, por si eso no fuera suficiente, la funcionaria advierte que su equipo evalúa la posibilidad de participar en licitaciones en Chile y Brasil. De hecho señala que ya están presentes en un proceso licitatorio por US$60 millones para construir el sistema de transmisión eléctrica de Chile.

Sin duda, las banderas expansionistas de la EEB –que ha puesto en tela de juicio Petro– seguirán ondeando. Entonces, al Alcalde solo le quedarán dos opciones: tener mayores vínculos con los países en donde tiene presencia la EEB y aprovechar los, para nada despreciables réditos que de todas formas le sigue representando la empresa a Bogotá: $1,35 billones en los últimos cuatro años.

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