| 9/1/2016 12:00:00 AM

Una controversia nada dulce: Impuestos a las bebidas azucaradas

Una agresiva campaña contra el consumo de azúcar en Colombia tiene molestos a los industriales de este sector. Este es el primer round en la discusión de un posible impuesto a las bebidas azucaradas.

“Tomas un jugo embotellado por la mañana, un té helado al medio día, una gaseosa con la comida y un par más en la noche. Parece algo inofensivo, pero todas estas bebidas azucaradas (que en conjunto equivalen a 47 cucharaditas de azúcar) suman mucha azúcar adicional que puede provocarte graves problemas de salud”. Con este texto, acompañado por imágenes de personas enfermas y obesas, por primera vez en el país se hace una campaña contra del consumo de azúcar.

Esta estrategia, que es promovida por un grupo de organizaciones sociales agremiadas en la Alianza por la Salud Alimentaria, lleva mes y medio al aire y pasa en televisión y radio –en horario prime time–, así como en vallas.

La médica Esperanza Cerón, vocera de la Alianza, dice que esta iniciativa es el resultado del trabajo que están haciendo desde la Mesa Nacional de Enfermedades Crónicas No Transmisibles (cáncer, hipertensión, diabetes, enfermedades metabólicas, etc.), las cuales en su mayoría tienen origen en una mala alimentación. “El problema está en el mayor consumo de productos ultraprocesados y de menos comida real. Muchas de las bebidas que mencionamos en el comercial no tienen azúcar sino edulcorantes, tampoco tienen fruta sino saborizantes, que son dañinos para la salud, así como la comida chatarra que viene en paquetes”, sostiene, y dice que el objetivo es concientizar a los consumidores sobre el daño de consumir tantas bebidas azucaradas.

Este ataque llega justo en momentos en que se discute la inclusión de un impuesto para tal tipo de bebidas en la próxima reforma tributaria. La Alianza apoya el impuesto y además sostiene que, si bien no ayuda a disminuir los niveles de obesidad, puede ayudar a reducir el consumo y la incidencia de las enfermedades crónicas mencionadas.

Por supuesto, esta campaña, que fue financiada por la ONG estadounidense Tobacco Free Kids, tiene molesta a la industria de bebidas refrescantes (que incluye gaseosas, tés, jugos, etc.), pues consideran que ni siquiera al tabaco, cuyos efectos dañinos están más que comprobados, le han hecho una propaganda tan agresiva.

Santiago López, director de la Cámara de Bebidas de la Andi, sostiene que la campaña no tiene rigurosidad científica, pues en ella gradúan al azúcar como un ingrediente nocivo para la salud, cuando en realidad es un nutriente necesario y, al igual que muchos otros, como las grasas, solo tiene problemas cuando se consume en exceso.

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“Esta es una campaña inédita, que con premisas falsas llega en medio de un debate tributario y que es supremamente lesiva para una industria que crece por encima del promedio del resto del sector manufacturero, que emplea a 18.000 personas y que es el mayor patrocinador del deporte en el país”, dice López.

La médica Cerón responde que ellos no están en contra de la industria, pues consideran que estos se pueden reacomodar a las circunstancias y vender productos con menos azúcar y que además ellos mismos admiten que sus bebidas generan problemas, pues lanzaron una campaña de autorregulación para no vender gaseosas en los colegios a los menores 12 años.

En efecto, en mayo pasado, las productoras de bebidas hicieron ese compromiso, así como el de mejorar su etiquetado para que sea más claro y que los consumidores puedan saber exactamente cuánta azúcar y cuántas calorías están consumiendo. “Pero esto no se debe a que consideremos nuestro producto como nocivo para la salud, sino al hecho de que no somos indiferentes a los problemas de obesidad del país y lo que queremos es crear consciencia para que se creen estilos de vida menos sedentarios y con consumos de bebidas sin excesos”, explica López y agrega que el compromiso entra en vigencia en 2017, pues en lo que respecta a las etiquetas tienen que acabar con el inventario.

¿Disculpa para recaudar?

Uno de los argumentos de los promotores de los llamados impuestos saludables (que no solo incluyen las bebidas azucaradas, sino también la comida chatarra y los cigarrillos) es que en el país dichos productos tienen un nivel de tributación muy bajo e, incluso, la gaseosa “no paga IVA”.

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La última afirmación es categóricamente desmentida por la Andi. El gremio explica que la gaseosa sí paga IVA, pero no de la misma forma que el resto de bienes, sino bajo una categoría que se denomina como monofásica; es decir, se grava solamente una etapa de la producción o de la comercialización del bien y no al final, cuando lo adquiere el consumidor.

En el caso de la gaseosa, por ejemplo, se grava con IVA en la primera transacción; es decir, al mayorista, pues uno de sus principales puntos de ventas son las tiendas y allí no hay forma de cobrar el IVA al consumidor.

“Que nos aumenten el IVA como a muchos otros productos, porque es el tema que se está discutiendo con la reforma, lo entendemos porque es para cubrir el déficit fiscal, lo que sí no compartimos es un impuesto específico a las bebidas azucaradas como excusa para poder recaudar más para el sector salud y, además, bajo la falsa premisa de que nuestros productos son nocivos”, reitera López.

En la Alianza insisten en la conveniencia del impuesto y dicen que, además, esto daría cumplimiento al Plan Decenal de Salud Pública (2011-2021), el cual recomienda gravar más este tipo de productos, así como el tabaco, pues Colombia tiene el segundo impuesto más bajo de la región.

El tema es que más allá de si aumentan los impuestos a las gaseosas, los tés y los jugos industriales, un estudio de EConcept muestra que los consumidores son indiferentes al precio e igual siguen comprando, pues hay regiones del país donde además influye la baja potabilidad del agua y los sustitutos como jugos naturales son más costosos.

Así mismo, se ha hablado de un posible recaudo de $2 billones por este concepto, lo que luce muy atractivo para el desfinanciado sector de la salud, pero los cálculos de EConcept, basados en el consumo local de estas bebidas y en la experiencia internacional, muestran que con un impuesto de 20%, como se ha hablado, en el mejor de los casos se podría recaudar 0,1% del PIB, lo que equivaldría máximo a $600.000 millones.

El exministro de Salud, Mauricio Santamaría y vocero de EConcept, considera mala idea imponer este impuesto, pues en los países en donde está vigente el consumo de gaseosa no se ha reemplazado por agua, sino por otras bebidas azucaradas que se consumen en la calle. “Lo que más se evidencia en Colombia y en el mundo es que la obesidad está relacionada con la falta de actividad física y con una alta ingesta de calorías. Al país no le va tan mal con las calorías, pero sí se raja en actividad física”, asegura.

Según los azucareros, el mayor uso de este producto está en los hogares, en el azúcar que añaden al cocinar; el segundo uso es el de la industria de alimentos y el tercero la de bebidas.

En el Congreso aún los parlamentarios no han tomado posiciones frente al impuesto, pues están a la espera de que el Gobierno radique la reforma. Sin embargo, todo está dado para que la próxima tributaria tenga un nuevo grupo de lobistas que tratarán de imponer su posición frente al mencionado gravamen. Ojalá se inclinen por el más adecuado para el país.

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