| 7/22/2005 12:00:00 AM

Controversia energética

En dos meses comienza el uso obligatorio del etanol en la gasolina. Pero hay dudas sobre su efecto en los automotores y sobre cómo se controlará su venta para garantizar el buen manejo del combustible.

En septiembre, cuando comience a regir el uso obligatorio de 10% de alcohol carburante (etanol) en cada galón de gasolina, Colombia dará un nuevo paso para prolongar su autosuficiencia petrolera. Sin embargo, a solo dos meses de que entre en efecto esta norma, todavía hay asuntos pendientes que pueden afectar los resultados de esta medida que, según el Ministerio de Minas, permitirá aplazar en un año la fecha en que Colombia tendrá que importar petróleo si no se produce antes un gran hallazgo petrolero (de 2010 a 2011).

El primer asunto por resolver es el efecto que tendrá el etanol en los motores, ya que un estudio reciente de la Universidad Nacional muestra que puede tener un impacto negativo sobre ellos. En segundo lugar, está el control a mayoristas y minoristas en el almacenamiento y distribución del combustible para evitar que el agua lo afecte. Y en tercer lugar, la forma en que se garantizará el abastecimiento del etanol para que se pueda utilizar en las principales ciudades, pero también para que no se perturbe ante cambios en los precios internacionales de azúcar y petróleo.

Aunque había un relativo consenso sobre la inocuidad del uso del alcohol carburante, dos noticias recientes han generado confusión sobre el tema. En marzo pasado, GM Colmotores, en carta dirigida al senador Hugo Serrano, expresó su "creciente preocupación" por los efectos del etanol en carros viejos, que conforman la mayor parte del parque automotor actual, ya que según el ensamblador los nuevos no tendrán problema. Por su parte, el senador Serrano, apoyado por investigaciones de la Universidad Nacional, también identifica problemas de corrosión y recalentamiento, particularmente en carros viejos en Bogotá, además del aumento de consumo de gasolina en carros con inyección electrónica. "No soy enemigo del etanol", dice Serrano, "solo quiero que haya claridad acerca de sus efectos".

Frente a estos cuestionamientos, los partidarios del etanol han enfilado baterías para atajar las críticas. "No tenemos dudas sobre el buen funcionamiento del etanol en todo el país", dice Luis Alfonso Coronado, asesor del Ministerio de Minas y Energía para el tema. Los defensores del etanol arguyen también que todas las casas matrices de los carros que circulan en Colombia respaldan con garantía el uso de etanol. Adicionalmente, señalan, desde hace más de 10 años la gasolina colombiana ha mejorado en calidad, lo que la hace más resistente a cualquier efecto negativo del alcohol. Y desde 1980 -no desde 1998- los motores están mejor condicionados para aguantar distintos combustibles.

En todo caso, dice David Cala Hederich, director de la Corporación para el Desarrollo Industrial de la Biotecnología, Corpodib, centro de desarrollo tecnológico e impulsor del etanol en el país, los carros viejos experimentarán un desgaste ligeramente más rápido del normal, "pero los problemas no son críticos". Ni ignorables. Como dice el Comité Automotor de la Andi, "se va a requerir un mantenimiento más juicioso". El problema de esto es que los conductores no suelen hacerlo. En últimas, "para arreglar los problemas se requiere voluntad", agrega Cala.

Una voluntad que apenas se está construyendo. Por ejemplo, en la Universidad Nacional se está desarrollando una patente para un componente que haría la mezcla de alcohol más tolerante con el motor. Pero donde más trabajo se necesitará es en la cadena de abastecimiento: los mayoristas, encargados de hacer la mezcla de gasolina y alcohol, y los minoristas.



Los distribuidores

Para que la mezcla de alcohol con gasolina funcione, la presencia de agua en el combustible tiene que ser mínima. Y si bien esta ha caído a lo largo de los años y hay normas técnicas para su control, el agua siempre ha sido un problema inherente a toda la cadena de abastecimiento. Por eso, tanto mayoristas como minoristas tendrán que invertir en mantenimiento de tanques, "algunos de los cuales tienen 40 y 50 años y presentan fisuras y corrosión", dice Saúl Santamaría, ex funcionario de Ecopetrol en el área de refinería.

Más aún, los minoristas tendrán que aprender a verificar que la gasolina que reciban sea de las especificaciones adecuadas, porque prácticas como rendir la gasolina con agua o introducirle más alcohol del permitido ponen en riesgo todo el ejercicio.

El gobierno está confiado en que no habrá problemas. Las normas técnicas para el manejo de gasolina mezclada se elaboraron con todos los interesados, dice Coronado, del Ministerio. Adicionalmente, Fendipetróleo, gremio de minoristas, los ensambladores, el Ministerio y otros adelantan campañas conjuntas de capacitación. Por otra parte, el gobierno aumentó el margen de ganancia tanto de minoristas como de mayoristas en aras de que inviertan en las adecuaciones necesarias. "Muchos minoristas nunca han hecho las reinversiones que se requieren", agrega Santamaría.

La pregunta es si estas campañas comenzaron a tiempo, y cómo harán para que tengan el efecto esperado si no se sabe dónde se implementará efectivamente la inclusión de 10% en cada galón de gasolina. "Esto nos preocupa", dice Silvia Escobar, gerente de mayoristas de Terpel.



El abastecimiento

Aunque la medida debe empezar a regir en septiembre en las principales ciudades del país con 10% de etanol por galón, esto no se alcanzará a cumplir. Con inversiones por US$80 millones, los cinco ingenios del Valle del Cauca están encargados de suministrar un millón de litros diarios para cumplir la primera fase del programa en las principales ciudades. Sin embargo, esta meta de producción solo se lograría a principios de 2006. Solo Incauca y Providencia, por ejemplo, empezarán a producir 300.000 y 250.000 litros diarios, respectivamente, en septiembre. Con todo, se cree que la medida podría entrar en vigencia solo en el Valle del Cauca, pues para los ingenios de esta zona la construcción de una planta de destilería para producir alcohol es apenas una manera lógica de diversificar el negocio. Tienen la infraestructura, energía, 100 años de experiencia y la productividad por hectárea más alta del mundo. Más aún, solos, sin sembrar una hectárea más de caña, podrían suplir todo el alcohol del país al menos inicialmente; en parte por esta razón se duda de cuánto empleo en realidad se va a crear, afirma Serrano.

De los otros proyectos que se están promoviendo en otras partes del país con biomasas como yuca, remolacha y caña panelera, el más avanzado es quizás el de la Hoya del Río Suárez, en la frontera entre Boyacá y Santander. Este produciría en un principio 150.000 litros diarios de alcohol de caña panelera, pero solo a partir de 2007, dependiendo de la expedición de la licencia ambiental.

Frente a los complejos del Valle del Cauca, estos proyectos están en clara desventaja y se cuestiona su capacidad de producir competitivamente. En Río Suárez, por ejemplo, las 150.000 hectáreas de caña panelera están en ladera, lo que dificulta su acopio. Además, hay que trabajar para cambiar la cultura de la gente, dice el senador Serrano. "Los santandereanos son muy individualistas y no hay cultura de asociatividad". Sin embargo, la zona también tiene ventajas. La principal, su cercanía a Bogotá. Y, como dice Ricardo Roa, gerente de Alcol, empresa promotora del proyecto, después de cuatro años se ha trabajado con los habitantes de la región para reunirlos alrededor del proyecto y ya hay varias hectáreas negociadas. La idea es que los habitantes se hagan socios de la planta.



Dedos cruzados

Pero las dudas sobre el abastecimiento van más allá de la capacidad de producción. La pregunta de fondo es si los precios internacionales del petróleo y del azúcar podrían incentivar un desabastecimiento de alcohol en el mercado interno. Utilizar etanol tiene sentido económico para el consumidor entre más caro sea el petróleo; el etanol es todavía relativamente caro de producir y solo competitivo por los subsidios, que en el caso colombiano equivalen a casi el 40% del precio final del galón de gasolina. En este sentido, si los precios del petróleo descienden, se podría volver antieconómico para el consumidor comprar gasolina mezclada, cuando la normal le podría salir más barata. Por eso, ¿por qué producir etanol?

Al gobierno y a los interesados no les preocupa esta posibilidad. Por un lado, para los ingenios la rentabilidad está asegurada y por ende su abastecimiento; la medida es obligatoria y el precio del alcohol es fijado por el gobierno y está atado a la inflación y a la tasa de cambio. Por otra parte, dice Coronado, del Ministerio de Minas y Energía, el "precio de indiferencia" es US$33 por barril de petróleo. Es decir, a este precio, da igual comprar gasolina pura o mezclada con alcohol. Sin embargo, con US$60 por barril hoy, ¿cuáles son las posibilidades de volver a esos niveles? "Nunca", afirma con satisfacción.

¿Y si el precio del azúcar sube más, sería un mayor sacrificio para los ingenios dedicar azúcar al alcohol, cuando podrían exportarla? Hoy el precio del azúcar está en US$0,095 por libra y "se acerca al del alcohol", dice Eduardo Moreno, vicepresidente del ingenio Incauca. Sin embargo, si el azúcar sigue al alza, no habría riesgo de desabastecimiento. El mayorista, dice Coronado, solo podrá comprar gasolina de Ecopetrol u otro productor internacional, siempre y cuando tenga un contrato de largo plazo de abastecimiento de alcohol con un productor colombiano. Así, el productor de alcohol también estaría atado a producir alcohol para cumplir el contrato.

Por otra parte, el alcohol colombiano cuesta US$1,57 por galón frente al brasileño que cuesta US$0,79. Pero esto no implica que se vaya a importar. Primero ese etanol tiene arancel. Segundo, dice Roa, de Alcol, incluso sin arancel, los costos de importar son demasiado altos; implican infraestructura en puerto, almacenamiento y transporte porque los mercados importantes están en el centro del país.

En este sentido, si bien tiene ventajas tropicales, a Colombia todavía le falta mucho para convertirse en el "emporio mundial de alcohol" que Cala de Corpodib sueña. Sin embargo, antes que pensar en exportar hay que asegurar su éxito interno. Países como Brasil y Estados Unidos han trabajado con el alcohol por décadas. Colombia apenas comienza.
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