| 3/8/2014 5:20:00 PM

La resurrección

La devaluación y la recuperación del mercado en Estados Unidos tienen otra vez entusiasmados a los confeccionistas. Pero la falta de mano de obra e insumos podrían aguar la fiesta.

Entre 2010 y 2011 la Comercializadora Internacional El Globo, que les fabrica ropa a multinacionales como Náutica, Hollister y Levi’s, perdió sus clientes internacionales. Para salir adelante, se enfocó en el mercado local, redujo su planta de personal –de cerca de 700 a 200 empleados– y produjo solo 100.000 prendas al mes; es decir, la tercera parte de lo acostumbrado.

Pero la suma de todos los males para esta firma –y en general para el sector– se completó con la caída del mercado venezolano, la crisis en Estados Unidos y la revaluación del peso, que llevaron a la industria de confecciones a replantear su estrategia, no sin antes declarar el periodo de 2009 a 2013 como una de las peores épocas en su historia.

La producción llevó la peor parte. En el periodo comprendido entre enero y noviembre del año pasado, este indicador cayó 0,2%, en tanto el empleo generado por esta industria registró una variación negativa de 7,5%, según el Dane. Las exportaciones, por su parte, alcanzaron en 11 meses de 2013 los US$466 millones, frente a US$540 millones del mismo periodo de 2012.

Mientras tanto, las importaciones de confecciones tuvieron sus años de esplendor. En 2011 ascendieron a US$662 millones, en 2012 a US$827 y a noviembre de 2013 llegaban a US$776 millones, atraídas por un mercado en expansión y con un peso revaluado. El buen panorama para los importadores se completó con un aumento en los precios de algunas materias primas que pusieron en jaque la producción colombiana.

Pero, como no hay mal que dure cien años, hoy el panorama ha cambiado. Directivos de C.I. El Globo confirman que han logrado darle un giro a la tendencia negativa: emplea más de 600 trabajadores, confecciona 300.000 unidades mensuales y su capacidad de producción se encuentra al tope.

El año pasado inició la recuperación de sus clientes externos y en este momento, del total de prendas confeccionadas, 60% se dirige al exterior, “donde los compradores han recuperado la confianza en la empresa y su posibilidad de responder al creciente volumen de pedidos”, dice Claudia Uribe, representante de la empresa.

Entre los cambios que se han dado, quizá la devaluación del peso es la que tiene mayor incidencia y abre para los exportadores una ventana de oportunidad. Pero también hay que sumar la recuperación del mercado de Estados Unidos que significaría, con el Tratado de Libre Comercio en marcha, la posibilidad de aumentar ventas hacia ese destino.

La prolongación del Decreto 074 que busca reducir la importación de confecciones a precios excesivamente bajos ha jugado también a favor y fue recibida con entusiasmo por los industriales.

Tras una concertación lograda a finales de 2013 entre comerciantes y empresarios, se definió que los productos cuyo precio sea inferior a US$10 por kilo tendrán un cobro de US$5 por kilo más 10% y los de valor superior a US$10 por kilo, el arancel será de US$3 más 10%. Un primer resultado de ese cambio en la tendencia fue el dato de crecimiento de la producción del sector en el mes de noviembre, que aumentó 21,1%.

Además, existe la posibilidad de acumular origen, es decir, exportar con beneficios del TLC con Estados Unidos prendas que incorporen insumos comprados en mercados que tienen acuerdos comerciales con ese país –como los miembros del Cafta, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, Guatemala, Honduras y Nicaragua y de los de la Alianza del Pacífico, como Perú, Chile y México–.

La iniciativa beneficiará también a textileros e hilanderos colombianos, que podrán venderles sus materias primas a los confeccionistas de esos países, un tema en el que, según el director ejecutivo de Inexmoda, Carlos Eduardo Botero, hay un compromiso del Gobierno y el sector privado para ponerlo a andar y lograr su aprobación en el Congreso.

Los lunares

Aunque las perspectivas son optimistas, no todo es color de rosa y se evidencian lunares que podrían interponerse a la reactivación. El primero es la falta de mano de obra calificada, justo cuando el sector requiere de un mayor número de operarios para atender el volumen de pedidos.

Según Alfonso Castillo, presidente y fundador de Crisalltex –dueña de la marca Gino Pascalli–, en Pereira no se consigue un operario calificado en momentos en que las compañías están comprando máquinas para producir en Colombia y reducir las importaciones de producto terminado.

Frente a este tema, la directora de la Cámara Colombiana de la Confección, Carolina Blackburn, señala que una de las alternativas evaluadas con el Gobierno es que los mismos empresarios capaciten a personas interesadas en ingresar al sector.

A finales de 2012 el sector generaba alrededor de 475.000 puestos directos de trabajo; sin embargo, en noviembre de 2013 este indicador cayó 0,4% frente a igual mes de 2012.

A esto se suma, según Uribe, que las textileras nacionales no tienen la oferta suficiente de producto para suplir la demanda de los confeccionistas. En el caso de su empresa C.I. El Globo, que produce 10.000 prendas diarias, no cuenta con suficiente oferta de driles e índigos, lo que la obliga a importar de China, Ecuador y Perú.

Otra preocupación de los confeccionistas es una solicitud de salvaguardia hecha por hilanderos y textileros pidiendo un alza de aranceles a 15% y 20%, respectivamente. Actualmente están en 10%.

Juliana Calad, directora de la Cámara de la Cadena Algodón, Fibras, Textil y Confecciones de la Andi, señala que los hilanderos y textileros no quieren un arancel mayor al de confección y no estarían pidiendo esta salvaguardia si no supieran que todas las partidas de confección ya están cubiertas con un arancel casi de 35%, pero considera inequitativo que haya eslabones de la cadena sin protección.

Los confeccionistas señalan que, en caso de ser aprobada, se encarecerá la producción del sector y podría frenar la dinámica positiva.

Así las cosas, habrá que esperar para ver cómo se teje esta red en la que ningún eslabón de la cadena quiere quedarse atrás y, por el contrario, cada uno busca capitalizar las posibilidades de recuperarse luego de un lustro de dificultades.

Importaciones asiáticas
Los hilanderos enfrentan graves problemas por el creciente ingreso de materias primas importadas.

Para Felipe Lozano, gerente general de Hilanderías Fontibón, las importaciones de hilazas, provenientes principalmente de India y China, tienen en serios problemas a las compañías de su sector. Dice que por cada kilo nacional de hilos se usan entre dos y tres kilos importados. Su empresa, que ocupa a 400 personas, adelanta un proceso de revisión de su esquema productivo con el fin de encontrar fórmulas que le permitan mantenerse en el mercado.
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