Confección, el protagonista

| 9/6/2002 12:00:00 AM

Confección, el protagonista

Los grandes beneficiarios del nuevo Atpa serán las confecciones, así como hace 10 años lo fueron las flores. Pero se necesitarán inversión e imaginación en cantidades para hacer realidad el potencial.

Martin Trust, gerente de la firma Mast , dueña de marcas como Victoria's Secret o The Limited, vino a Medellín a la feria Colombiamoda a hacer negocios. Tan solo 10 días después del final de la feria, Trust estaba de vuelta en el país, con una misión específica: traer a Colombia la fabricación del 15% de la producción de la marca de ropa interior Victoria's Secret. Para nuestra industria de la confección, este sería un salto cualitativo pues representaría ventas por US$450 millones al año, equivalentes a 1,5 veces las exportaciones actuales de confecciones hacia Estados Unidos.



No es el único caso, pues compradores del tamaño de JCPenney y Eddie Bauer concretaron también negocios importantes en Colombiamoda. Según Proexport, en la feria se cerraron operaciones por US$150 millones para el próximo año, de los cuales US$100 millones corresponden al mercado de Estados Unidos, donde la oficina de Proexport en Miami viene jugando un papel fundamental. La dinámica de los negocios en el sector avanza a tal punto que, por ejemplo, la oficina de Cotton USA en la región andina transformó el foco de su actividad. De prestar servicios posventa, ahora complementa su labor como enlace y coordinadora logística para identificar en el área andina posibles proveedores para ese mercado.



Estos son resultados directos de la aprobación, renovación y ampliación del Atpa, que ha despertado una euforia sin antecedentes en la industria. La suma de la ventaja arancelaria, el bajo costo relativo de la mano de obra y la alta calidad crean una ventaja sustancial para las confecciones colombianas en Estados Unidos. "Si en el pasado éramos competitivos con aranceles del 18% e incluso de más del 30%, ahora las posibilidades crecen ampliamente, al entrar con cero arancel", explica Eduardo Herrera, presidente de Supertex.



Los beneficios cobijan a las confecciones producidas en Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia con telas de esta región o de Estados Unidos. Según los cálculos del Ministerio de Comercio, Inexmoda y la Andi, Colombia podría alcanzar US$1.000 millones de exportaciones en el año 2006 y por cada US$100 millones se generarían 22.000 empleos directos. El espacio para crecer es aún mayor, pues la ley permitiría a la región vender cerca de US$3.000 millones de los cuales, nuestro país podría quedarse con más de la mitad.



Nada de esto va a ocurrir en forma automática. La ventaja obtenida no es una lotería, sino apenas "un pie en la puerta del cliente". Se trata de una ventana de oportunidad cuyo valor comienza a reducirse a partir del momento mismo en que es entregada, pues las preferencias tienen un plazo (finalizan en el año 2006) y, además, el bajo costo de la mano de obra colombiana, factor esencial en la ventaja, puede desaparecer rápidamente ante la presión de demanda por trabajadores que ocurrirá con el aumento de la producción que viene. El Atpa plantea la extraordinaria posibilidad de adquirir una posición sólida en el mercado de confecciones en Estados Unidos, antes de que llegue la competencia dura con el acuerdo de libre comercio entre Centroamérica y ese país, y antes de que se materialice el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca). Es apenas una cabeza de playa para avanzar en el mercado.



Para lograr una ventaja competitiva sostenible, Colombia tiene que hacer un replanteamiento estratégico de fondo en su cadena textil-confección. La única fuente de ventaja sostenible en los mercados modernos es el incremento permanente de la productividad y la innovación. Y la única manera de tener un sector que avance permanentemente hacia la productividad y la innovación es trabajar a lo largo de la cadena productiva. De acuerdo con Luis Fernando Beltrán, presidente de Hilacol, las inversiones que requiere la cadena para aprovechar los beneficios del Atpa son del orden de US$400 millones. Hay que trabajar en todos los eslabones para lograr una verdadera industria capaz de resistir las presiones competitivas que vendrán.



Confección, a punto



Sin duda, las confecciones son el eslabón más dinámico de la cadena. El total de sus exportaciones, US$626 millones, representan el 73% de la cadena. Marcas como Ralph Lauren, Levi's, Polo y Liz Clairbone se confeccionan en el país. Hay una industria maquiladora importante, pero también se ha avanzado hacia el llamado "paquete completo", en el cual el fabricante colombiano se convierte en un coordinador logístico y de producción con telas, insumos y accesorios colombianos. Grandes empresas de la confección, como Leonisa, Crystal, CI Jeans, CI Expofaro, Industrias El Cid, Confecciones Colombia y CI Nicole, están recogiendo hoy lo que sembraron en el pasado, con nuevas tecnologías, procesos más modernos y una permanente vinculación a los mercados externos.



Nuestra mano de obra es hoy una ventaja, pues es considerada como calificada y barata. En este sentido, cuesta la mitad de lo que vale en el mercado mexicano o de algunos países centroamericanos. Pero su limitada oferta y las dificultades para generar inversión les ponen un techo a las oportunidades. Ante la nueva demanda, la mano de obra podría aumentar de precio y se perdería la ventaja que se ganó con el menor arancel. Esto ha ocurrido en México que fue conocido por el bajo precio de su mano de obra, pero la capacidad de los operarios se copó y las empresas tuvieron que reclutar con base en mayores salarios. En Colombia se ha visto en los últimos años la deserción de trabajadores capacitados, que han sido atraídos por países como España. En los últimos tres años, por ejemplo, la planta de Supertex en Cali perdió cerca de 200 operarios por esta razón.



La calificación de los trabajadores es esencial. "Si bien el costo de la mano de obra puede ser una ventaja para el maquilador, esto depende muchísimo del nivel de productividad que tenga una planta en el ensamble de prendas. Si no se maneja un estándar de tiempo entre 4,5 ó 5 minutos en el proceso de confección para una camisa tipo Polo, o de 14 ó 15 minutos para un pantalón tipo jean, la ventaja del costo desaparece por ineficiencia", asegura Marcos Jara, director del Centro de Investigación de la cadena Textil-Confección, Cidetexco.



El primer reto es iniciar un rápido trabajo de capacitación. Esto no es sencillo, pues el entrenamiento para procesos de confección puede durar entre tres meses, si el operario tiene algún conocimiento, y un año, si arranca de cero. Una salida que plantea Guillermo Valencia, presidente del consejo directivo de Inexmoda y de Industrias El Cid, podría ser que las empresas capaciten a la gente en sus plantas para la producción que demande el Atpa y que el gobierno les permita canalizar hacia ese objetivo los recursos de la contribución parafiscal destinada a educación que hoy pagan las empresas al Sena.



Otro reto es la capacidad de ensanchar las plantas para duplicar o triplicar la producción. Aquí hay que explorar todas las posibilidades. Por un lado, las alianzas con gigantes estadounidenses traerán recursos para inversión. Esa es una ruta esencial, pero hay que explorar más. Una posibilidad que plantea Eduardo Herrera, de Supertex, es atraer a las plantas estadounidenses que están saliendo de México a raíz del aumento en sus costos de producción, como Jenzen, por ejemplo. La oportunidad estaría en lograr que una empresa como esta traslade sus plantas a Colombia, prácticamente llave en mano, con sus máquinas de coser pero también con todos sus equipos y enseres, desde aires acondicionados hasta escritorios. Para los inversionistas extranjeros se reduciría el costo de abrir una nueva planta. Pero las modalidades establecidas de importación en Colombia no dan facilidades para este tipo de iniciativa, pues se trata de bienes de capital de segunda mano que vienen acompañados de equipos complementarios, como iluminación o canales eléctricos.



Por otra parte, la oportunidad del Atpa no podrá ser aprovechada por completo si las pyme no se incorporan de lleno en este esfuerzo. Se debe fortalecer su papel como exportadores indirectos, pues les resultará muy difícil atender directamente el mercado de Estados Unidos, con sus exigencias de altos volúmenes, calidad y capacidad de respuesta rápida. Los grandes confeccionistas, que tienen el manejo de los clientes, deben fortalecer detrás de ellos ese ejército de pequeñas empresas. "Las pyme se deben organizar bajo la sombrilla de una gran exportadora, que homologaría el producto de la pequeña empresa. Además, como exportadores indirectos, la pyme sería sujeto de crédito", dice Valencia.



La cadena rezagada



La integración de la cadena hacia atrás presenta problemas. El dinamismo exportador de las confecciones no se aprecia en los eslabones que las preceden. En el 2001, las importaciones de materia prima --telas, hilos y fibras-- ascendieron a US$641 millones, el 87% del total de las importaciones de la cadena.



Grandes jugadores textileros pasan por problemas financieros e importantes empresas han acudido a las figuras del concordato (Hilacol), o la Ley 550 (Fabricato-Tejicóndor, Coltejer, Fibratolima, aparte de Enka en el negocio de fibras), y no son sujetos de crédito.



Una salida para obtener recursos de crédito para estas empresas es trabajar con patrimonios autónomos, manejados por fiducias, que reciben los ingresos que genera un proyecto exportador. Miguel Gómez, presidente de Bancoldex, explica que al patrimonio "se le presta el dinero y con los ingresos, este paga la intermediación financiera, los insumos y la mano de obra. Lo que quede, va para al empresa". El mecanismo ha funcionado y Bancoldex planea darle mayor alcance en los próximos meses.



Por otra parte, las textileras aún tienen problemas en el mercado con la calidad de sus productos. Hoy, Coltejer y Fabricato-Tejicóndor, entre otras, avanzan en un proceso de homologación de producto ante las marcas internacionales que compran la confección colombiana. Si logran este objetivo, se abriría para ellas una nueva fuente de negocios, pues podrían convertirse en proveedores para confeccionistas de otros países de la región andina que también están cubiertos por el Atpa, estrategia a la que se sumarían otras como Protela o Lafayette en el centro del país.



Por primera vez en mucho tiempo se le plantea a un sector productivo la exigencia de modernizarse a partir de una oportunidad y no de un problema. Es el momento de unir esfuerzos entre los miembros de la cadena, el gobierno y el sector financiero, para articular soluciones imaginativas y novedosas a los problemas que nos han frenado durante décadas. Para el año 2006, cuando venzan las preferencias, la marquilla Made in Colombia debería tener una presencia y un posicionamiento de primer orden en Estados Unidos. Esta es la prueba de fuego para los confeccionistas colombianos.



Las posibilidades

Con el Atpa las empresas de confecciones triplicarían sus ventas a Estados Unidos. Eso les permitiría compensar la caída de mercados como el venezolano.

Si esto ocurre, se daría un crecimiento de la cadena que puede representar el 1% del PIB.

Las pyme se pueden 'pegar' de las grandes exportadoras para complementar la oferta. Así, las exigencias de las firmas estadounidenses impulsarían la formalización de muchas de estas empresas.

La industria textil se convertiría en proveedor de materia prima para la región andina.
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