| 9/5/2014 11:10:00 AM

Debate gaseoso

Hace dos meses la EEB compró 32% de la transportadora de gas TGI por US$880 millones; tres años atrás había vendido ese mismo activo en US$400 millones. ¿Fue un buen negocio?

En medio de un clima de buenos resultados financieros, la Empresa de Energía de Bogotá (EEB) anunció –el pasado 2 de julio– la adquisición de 31,92% de la Transportadora de Gas Internacional (TGI) por US$880 millones. Una jugosa transacción que, tan pronto fue cerrada, le significó a la EEB pasar de 68,05% a tener 99,97% de las acciones de la principal transportadora de gas de Colombia.

Al cabo de dos meses de que el país conociera aquella movida estratégica, diversos sectores –provenientes fundamentalmente del Concejo de Bogotá– han hecho sentir hoy su voz de preocupación por las dificultades financieras que, a su juicio, puede acarrear la compra de TGI por parte de la EEB. Su intranquilidad se explica con un ejercicio que combina historia con aritmética: en 2011 la EEB vendió por US$400 millones la misma participación accionaria de TGI que hace dos meses compró en US$880 millones.

En palabras más simples, eso quiere decir que en un lapso de tres años la Empresa de Energía pagó más del doble por las mismas acciones de TGI que había vendido en 2011. Así las cosas, de boca de Antonio Sanguino, concejal de la Alianza Verde y principal crítico de esta operación financiera, surge una pregunta: “¿Habrá significado esta recompra un detrimento patrimonial para Bogotá?”.

Con el ánimo de responder el interrogante, Dinero habló con Sandra Stella Fonseca, presidente de la EEB, y con Carlos Andrés Terrassa, socio de la banca de inversión Sumatoria –encomendada por la EEB para hacer una valoración de TGI–. Según ellos, la clave del debate está en entender cómo se hizo la negociación y cuáles han sido sus repercusiones.

Todo comenzó –tal y como relata Fonseca– en marzo de 2011. Por esos días, la junta directiva de la EEB aprobó una capitalización de TGI, la cual en efecto se dio cuando el Citi Venture Capital International (CVCI) desembolsó US$400 millones para hacerse a 31,92% de las acciones de la transportadora de gas.

Puntualmente, el proceso de capitalización de TGI buscaba entonces obtener recursos para apalancar el plan de inversiones que debía afrontar la compañía. Plan que, a juicio de Fonseca, se cumplió al pie de la letra.

“Durante los últimos tres años TGI hizo inversiones en expansión por más de US$750 millones, que fueron parte de la motivación para capitalizar la empresa. Entre ellas, la expansión del gasoducto Ballena-Cusiana y la puesta en marcha de varias obras de compresión que sirvieron para dejar el sistema de transporte con la mayor capacidad de gas en la historia del país”, explica la ejecutiva.

Mientras la expansión de TGI daba pasos de gigante, The Rohatyn Group, un fondo de capital privado enfocado en inversiones de mercados emergentes, adquirió a finales de 2013 el fondo CVCI que por aquel momento tenía entre sus manos 31,92% de TGI.

Bajo ese panorama, ¿por qué a la EEB le surge entonces la idea de recomprar el porcentaje de TGI que años atrás había vendido? Básicamente, porque en el último trimestre de 2013 se inició un proceso competitivo liderado por Goldman Sachs –asesor contratado por CVCI– por medio del cual CVCI buscaba vender las acciones de TGI. Como resultado de dicho proceso, en diciembre del mismo año CVCI recibió ofertas no vinculantes por parte de inversionistas estratégicos, fondos de pensiones, fondos de gobierno y, por supuesto, de la EEB.

Y era precisamente la EEB una de las candidatas con mayores opciones para hacerse al porcentaje accionario de TGI. La razón es simple: en el acuerdo de accionistas, vigente entre la EEB y CVCI, se estableció que en un periodo de tres años la EEB tendría una opción de recompra y CVCI una opción de salida.

Con ese horizonte en frente, en diciembre del año pasado la junta de la EEB autorizó hacer una valoración de TGI y elaborar una oferta para ejercer el derecho que tenía la Empresa de recuperar 31,92% de TGI.

“Cuando empezamos a hacer los análisis de la compra, lo primero que vimos fue que el adquirir TGI –a la valoración que nos estaba dando la banca de inversión– representaba un incremento patrimonial para todo el grupo EEB de más de US$250 millones”, explica Fonseca.

El concejal Sanguino, no obstante, sostiene una tesis muy diferente a la de Fonseca. “En la Asamblea de Accionistas de TGI del pasado 2 de julio de 2014, de conformidad con los resultados de la valoración de la compañía TGI (realizados por una banca de inversión) se estableció que las acciones de TGI valen US$663 millones. Eso quiere decir que la EEB pagó US$217 millones de más por TGI si se tiene en cuenta la diferencia entre los US$880 millones que desembolsó a los privados y los US$663 millones que cuestan en realidad esas acciones hoy en día”, anota el cabildante.

Para salirles al paso a las críticas, Fonseca no vacila en asegurar que tras la compra de TGI el Ebitda de la compañía ha crecido a una tasa compuesta anual de 17,5% en los últimos tres años. “El Ebitda de 2013 equivale a 163% del Ebitda de 2010. Esto lo que nos muestra es que la empresa ha crecido significativamente en los últimos años, lo cual explica en parte la diferencia entre la valoración en términos absolutos de 2011 y la actual”, concluye la presidente.

La defensa de Fonseca a la compra de TGI no se detiene allí. A su juicio, con esa operación se ganó mucho porque en el acuerdo de accionistas, quienes tenían 31% de TGI no dejaban repartir 50% de las utilidades de la empresa. “Pero ahora que retomamos el control del 100% ya tenemos la disponibilidad de 100% de la utilidad. Eso representa un gran valor, porque de otra manera se quedarían atrapados en la caja de la empresa dividendos por un 50% que era lo que el inversionista no permitía repartir”, sentencia Fonseca.

Y, para rematar, la presidente plantea que dentro de los US$880 millones que se ofertaron por la participación de CVCI, hay US$93 millones representados en caja. Es decir: 11% del precio ofertado está representado en caja retenida y disponible en la compañía. Así pues, a la luz de Fonseca, si se tuviera en cuenta únicamente el valor presente de los flujos y el valor terminal, se estaría hablando de un precio equivalente a US$787 millones.

Pese a todo esto, Antonio Sanguino insiste en que a esta multimillonaria operación hay que ponerle la lupa. De hecho, para las próximas semanas ya citó a un debate de control político en el cabildo capitalino tras un único propósito: establecer si la compra de TGI por US$880 millones fue benéfica para las finanzas de la ciudad o, tal y como lo sugiere, podría esconder un enorme error financiero.
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