| 4/25/2008 12:00:00 AM

Compartiendo el volante

Por la congestión y los costos, los ciudadanos de las urbes del mundo prefieren compartir sus vehículos y hasta sus bicicletas. Un gran modelo de negocios con un efecto social enorme.

En las grandes ciudades del mundo, la congestión vehicular tiene hartos a los ciudadanos. A esto se le suma el alto costo de comprar un vehículo propio y los gastos de mantenimiento como gasolina y seguros. Cuando el transporte público funciona realmente, no es necesario el uso de un vehículo todos los días, por lo que muchos han decidido vender sus automóviles y otros simplemente ni siquiera han considerado comprar uno. Pero el transporte público no llena todos los vacíos de desplazamiento. Para recorridos cortos, como ir de la estación de metro al lugar de trabajo sería deseable tener una bicicleta. Y para recorridos largos como viajes fuera de la ciudad, sería bueno poder contar con un carro de vez en cuando. Entonces, ¿por qué no compartir los medios de transporte privados y así tener acceso a desplazarse cuando uno quiera sin incurrir en ninguna compra ni responsabilidad?

A finales de los años 80 surgió en Suiza el concepto del carsharing o vehículos compartidos. Esta idea comenzó rápidamente a expandirse con éxito por todo Europa y luego en otros países. La idea era muy simple. En lugar de que cada persona comprara su propio carro y lo usara menos de una hora diaria en promedio, una gran cantidad de personas compartiera un número pequeño de vehículos que estuvieran reservados para ellos y usados individualmente cuando fueran requeridos. Según un estudio realizado por la Universidad de Berkeley en Estados Unidos, hoy en día, 600 ciudades del mundo y 350.000 individuos comparten 12.000 vehículos. Esto quiere decir que cada carro es compartido por cerca de 30 personas. Estos vehículos están distribuidos en espacios reservados por todas las ciudades y se encuentran al alcance de la casa o la oficina, y al de cualquier bolsillo.

Por su parte, la necesidad de recuperar el espacio público y de resolver los problemas de movilidad hizo que la empresa francesa JCDecaux lanzara en 2003 su proyecto Cyclocity, el cual está inspirado en un concepto de bicicletas compartidas que nació en Copenhague, Dinamarca, en los años 70. Además de Viena, otras ciudades europeas han adoptado este sistema, que cuenta con cientos de estaciones por toda la ciudad.

Estos sistemas compartidos están revolucionando el mundo del transporte y, gracias a su buen funcionamiento, han desplazado la opción de compra de transporte privado, ayudando esto a una menor congestión y a menores emisiones de CO2.

¿Cómo funcionan?

Es muy simple. El usuario del carsharing paga una membresía anual entre US$50 y US$100 y cuando necesita un vehículo solo tiene que reservar por teléfono o internet con una anticipación de hasta 30 minutos y, luego, pagar por hora, día o mes utilizado. El sistema ubica dónde se encuentra el vehículo más cercano y para acceder a este, el usuario debe deslizar su tarjeta de membresía en la puerta del carro. Las llaves y tarjetas de crédito para gasolina, servicios técnicos y parqueaderos están en la guantera y el compromiso del usuario es devolver el carro a la hora pactada y en el mismo lugar donde lo abordó.

Cada hora de uso de Streetcar, la compañía de carsharing más grande del Reino Unido, vale entre US$8 y US$18 dependiendo del vehículo, lo cual es muy económico si se compara con los US$200 que cobra un taxi en Londres por el mismo tiempo. Por su parte, una hora de Zipcar, compañía estadounidense y líder mundial en carsharing, cuesta entre US$7,65 y US$9, que al comparar con el alquiler mínimo de US$50 de un día en Hertz pagando gasolina y parqueaderos y teniendo que ir hasta el lugar del alquiler.

Por otro lado, según Streetcar, para una persona que hace dos recorridos a la semana, mientras tener un carro le cuesta al año cerca de US$5.500, usar Streetcar vale US$1.400. Por su parte, testimonios de los usuarios de Zipcar, dicen que en promedio se ahorran US$5.220 al año al usar el sistema. Es por esta razón que estudios de Zipcar revelan que más de 40% de sus usuarios han vendido sus carros o han suspendido la decisión de comprar uno. Es así como, por cada carro compartido, más de 20 privados salen de circulación. Menos optimista, Streetcar dice que por cada carro compartido, salen seis de las calles.

En el caso de bicicletas compartidas, el usuario lo único que debe hacer es presentar su documento de identificación y tener una tarjeta de suscripción que cuesta US$16, si es anual y US$2,4, si es semanal. Según la ciudad, los primeros 30 minutos son gratis o cuestan US$0,8 y cada hora extra cuesta otros US$0,8 si se tiene la membresía anual o US$1,6 si se tiene la semanal. París es la ciudad en donde más recientemente se implementó el sistema y ya son más de 20.000 bicicletas y 1.450 las estaciones. Según el Washington Post, un estudio realizado por la alcaldía de París concluyó que al comparar con carros, bicicletas, buses, metro, taxis y caminar, las bicicletas fueron la opción más rápida, y la más económica, fuera de la de caminar.

Hacia la integración

La idea de transporte compartido es una solución para los problemas de movilidad urbana que enfrenta el siglo XXI. Muchos de los ciudadanos no manejan lo suficiente para justificar el gasto de incurrir en un carro y el concepto de compartir da la flexibilidad de manejar cuando realmente se requiera. Además de los beneficios ambientales y de movilidad, esta modalidad ha hecho que los usuarios hagan un mayor uso del transporte público y de otras formas de transporte ecológicas como caminar y montar en bicicleta. Aunque en Suiza la modalidad de vehículos compartidos se ha expandido a ofrecer paquetes que incluyen trenes, la meta completa para solucionar los problemas ambientales y de movilidad en los países será la integración de todas las formas posibles de transporte bajo un solo techo.
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