| 2/1/1994 12:00:00 AM

Colombianos en la meca del arte

Todos los artistas quieren llegar a las subastas de Nueva York. Sólo unos pocos lo logran. ¿Cómo le ha ido a los pintores colombianos en las últimas subastas?

Nueva York, la gran manzana, la ciudad de la diversidad y de los grandes contrastes, no es sólo el epicentro del mundo financiero internacional. Es el centro mundial del comercio del arte. Cuenta, entre otras, con más de 500 galerías que, en forma permanente, representan los más diversos artistas de, todo el mundo y comercian con lo mejor que haya disponible en el mercado. Aun para el más conocedor, dinámico y eficiente visitante, es prácticamente imposible pretender dar una vuelta completa por las galerías, pues además del alto número, cambian la muestra mensualmente.

Pero lo más importante es la presencia en esta ciudad de las dos casas de subastas, Christie's y Sotheby's. Si el liderazgo de estas dos casas puede ser compartido con Londres en algunas categorías, para arte latinoamericano Nueva York es el centro indiscutido, por no decir el único.

Durante el año, estas dos prestigiosas y centenarias casas realizan subastas en las más variadas categorías: desde "Old Masters", "Impressionist and Modem Paintings", "Contemporary Art" (Botero preferiría participar en esta subasta en lugar de seguir siendo catalogado como representante del arte latinoamericano), hasta " Important Watches", "Tribal Art" o "Printed Americana". Son tan variadas que en una de las subastas más concurridas de este semestre -físicamente no cabía la gente en el recinto fue la de elementos y curiosidades rusas de la era espacial en Sotheby's, donde se remataron desde las medías de Yuri Gagarin (con remanentes de polvos del Doctor Scholl para pie de atleta) y una cápsula espacial de esas que los rusos utilizaban para mostrar la superioridad del sistema comunista sobre el capitalista.

Sólo en Nueva York se encuentra gente que lloró por no haber podido subastar un juego de ajedrez, ya paseado por el espacio, diseñado para jugar en ausencia de gravedad. El gracioso jueguito, que tenía un estimativo de US$1.500, acabó subastado en US$35.000. Nadie aclaró, sin embargo, cómo un juego de la gravedad del ajedrez se puede jugar sin gravedad.

Entre todas estas subastas hay dos bajo el título de "Latín American Paintings, Drawings and Sculpture" orientadas a satisfacer un público que se ha convertido en lo que los tratadistas de mercadeo denominan un mercado étnico: un producto latinoamericano para consumidores latinoamericanos. No es nuevo que el proceso de comercialización de los productos del Tercer Mundo (¿que tal el café?) esté en manos de las grandes multinacionales; pero lo qué es inusual es que los latinoamericanos viajen a Nueva York a comprar arte latinoamericano, dejando, obviamente, una no despreciable tajadita en comisiones.

A estas dos subastas concurren lo más selecto de los coleccionistas, galeristas -término muy reciente y bastante "in" dentro de nuestro cambiante vocabulario- e inversionistas del sur del Río Grande, acompañados, claro está, de los curiosos y de los miembros del jet set de cada país, quienes aprovechan la ocasión para venir a Nueva York en busca de actividad social y de tema de conversación para los cocteles del próximo semestre. Al menos hay este tema, pues está demostrado que la conversación del jet set se agota 10 minutos después de abordar el jet.

Las dos casas utilizan todo su prestigio y sofisticada tecnología de mercadeo, que incluye la publicación de lujosos catálogos, para vender más de trescientas obras en cada subasta provenientes en su mayoría de galerías locales (mexicanas, argentinas, colombianas, panameñas, etc.), de coleccionistas, y de los agentes o apoderados de los artistas, que utilizan estas subastas para valorizar a su representado, e influir sobre el precio del grueso de la obra que estará disponible posteriormente a través de las galerías.

Sin duda Fernando Botero ya ocupa un lugar destacado dentro de los artistas latinoamericanos. Lo que sí es claro de Botero es que su capacidad empresarial y de mercadeo va paralela a su gran creatividad y aceptación artística. La presencia de sus monumentales bronces en los Campos Elíseos y en Park Avenue no tienen precedente alguno; y menos para un latinoamericano. Algún seguidor suyo calculaba que si logra mantener su admirable capacidad de producción, y su obra sigue cotizándose al ritmo que ha venido vendiéndose -lo que muy poca gente duda- llegará el día en que su fortuna compita con los dos o tres más ricos de Colombia (por fortuna, puesto que no aguantamos más tener sólo dos o tres grandes ricos).

Y efectivamente, Botero fue el artista más cotizado en la subasta de Christie's: la obra qué consiguió el precio más alto de la subasta fue su cuadro "Frutas" (156x192 cm) que se vendió en US$552.000. Además se subastaron "La Madre Superiora" (US$244.000) y "La virgen de Cajicá (US$354.000), así como dos bronces: "Mujer Reclinada Fumando" (US$266.000), "Perro" (US$178.000), y tres dibujos de menor factura y precio.

Dentro de los colombianos la otra nota sobresaliente se la llevó "Estudio en Rojo" (160x129 cm) de Alejandro Obregón. El valor estimado era US$45.000-55.000 y se subastó por US$145.000. Además de otro Obregón más pequeño que se vendió por US$48.000, la presencia colombiana también estuvo representada por tres óleos de Ana Mercedes Hoyos: el más grande y costoso, "Palenquera" (200x1.000 cm) se subastó por US$55.000, "Patilla" (100x100 cm) por US$23.000 (sin duda la patilla más cara del mundo) y "Melón" por US$14.950.

Los otros colombianos que se subastaron fueron Juan Cárdenas con "Autorretrato de Pie con Cráneo" (71x56 cm) por US$16.100 y Darío Morales con un cuadro y dos bronces: "Mujer Desnuda" (cuadro de 195x130 cm) por US$51.750, "La Cama" (43x92x74 cm) por US$43.700 y "Mujer en un Colchón" (17x67x62 cm) por US$32.200.

El resultado de la subasta fue satisfactorio, sin catalogarlo de excepcional. La carta de Christie's a sus compradores así lo expresa. Empezó con la venta de 14 cuadros de la colección de la revista Forbes del chileno hiperrealista Claudio Bravo quien, como a Botero, lo representa la galería Marlborough de Nueva York. Su "Paquete Rojo" (100x81 cm) se subastó en US$178.000, o sea más de tres veces lo esperado.

Después de Botero, los otros pintores que tuvieron los precios más altos fueron tres de los más connotados pioneros del modernismo latinoamericano: Rufino Tamayo (México, 1899-1991) -su "Cataclismo" (61x50 cm) se subastó en US$442.000- Wilfredo Lam (Cuba, 1902-1982), y Matta (Chile, 1911).

La subasta de Sotheby's no tuvo precios tan altos y fue claramente inferior desde la perspectiva de los artistas colombianos que, en compañía del bronce "Mujer Desvistiéndose" de Darío Morales, estuvieron representados por seis obras de Fernando Botero. Sin embargo, el propio Botero tampoco salió bien librado, pues sus tres óleos importantes pasaron sin colocarse. Tal vez lo más destacado en esta subasta fue un lindísimo óleo, "Naturaleza Muerta con Flores", de Diego Rivera (México, 1886-1957) que se vendió por US$396.000, las "Danzantes" de Rufino Tamayo por US$495.000 dólares y varios óleos del otro pionero del modernismo latinoamericano Joaquín Torres-García (Montevideo, 1874-1949).

El arte virreinal lo que en Colombia se denomina arte colonial, y en los libros de arte recientes barroco latinoamericano-estuvo pobremente representado en las dos subastas. Según un artículo del profesor Martin Deputyking este arte hoy en día se está quedando en los anticuarios de Bogotá donde los precios son insuperables.

Es interesante preguntarse la razón de la ausencia de otros artistas colombianos de reconocida trayectoria, tales como los maestros Enrique Grau y Omar Rayo (ambos residentes en Nueva York) o como Gonzalo Ariza, Manuel Hernández o Edgar Negret, para mencionar sólo algunos. ¿Será que su propuesta artística no trasciende del ámbito colombiano? ¿o será porque carecen de un agente idóneo que los ponga a jugar en el sofisticado y complejo mercado de las subastas de Nueva York
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