| 1/24/2014 2:45:00 PM

Juegos de guerra

Tras vencer a países miembros de la OEA en un simulacro de ataque ciberespacial, Colombia demostró que es potencia a la hora de mantener el control de las fronteras informáticas. ¿De qué se trata el negocio?

En una de las frases sabias que con frecuencia solía lanzar, Albert Einstein sentenció un día, al referirse a la evolución tecnología del armamento militar, “No sé con qué armas se librará la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta usarán palos y piedras”.

Si hoy viviera el científico alemán, sabría de sobra que el nuevo escenario de la guerra está en el ciberespacio, donde los gobiernos del mundo entero, así como los sectores privados, almacenan con celo su información más valiosa, sensible y crítica.

Los estados son cada vez más conscientes de la importancia que ha cobrado la salvaguardia de esos ‘linderos’ ciberespaciales, al punto de prestarles hoy la misma atención que dedican a sus límites geográficos.

Colombia no ha sido la excepción en esta tendencia. Tanto así que el pasado 30 de octubre, bajo un prudente hermetismo, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Ministerio de Defensa Nacional organizaron en Bogotá un evento denominado Juegos de guerra cibernética para la defensa de infraestructura crítica en el hemisferio.

El encuentro, inédito en la región y en el país, estuvo enmarcado en unas reglas de juego tan particulares como innovadoras. El primer paso fue reunir a los equipos de seguridad cibernética de los países miembros de la OEA –desde Estados Unidos hasta Argentina–. Una vez congregados, todos se enfrentaron a una prueba que, pese a tratarse de una simulación cibernética, era de fuego: recuperar el control de una planta de tratamiento de agua que quedó a la deriva –en un lugar remoto– y perdió el dominio de sus servidores tras sufrir un ciberataque.

Al cabo de la ‘batalla’, los nueve países que mejor se desempeñaron –Argentina, México, Guatemala, Uruguay, Paraguay, Estados Unidos, Bolivia, Ecuador y Colombia– entraron en la fase eliminatoria. Y, por último, los finalistas se dieron cita en el hotel Royal Park de Bogotá, para definir allí –frente a un polígono virtual– cuál sería la nación con supremacía al momento de sortear una crisis ciberespacial.

Para sorpresa de muchos, la escuadra ganadora resultó ser la colombiana. Un robusto equipo conformado por tres expertos: un representante de Empresas Públicas de Medellín (EPM); otro a nombre del Centro Cibernético Policial de la Policía Nacional (CCP) y un tercero vinculado al equipo del Ministerio de Defensa conocido como Colcert.

El triunfo de Colombia en el evento no solo puso de manifiesto el potencial que tiene el país en materia de defensa ciberespacial, sino que abrió de par en par las compuertas para que tanto el Estado como los privados entren a este negocio que según cálculos de los expertos moverá solo en América Latina US$30.000 millones durante los próximos cinco años.

Los ‘cibermillones’

Así como las guerras tradicionales que se libran en los campos de batalla demandan multimillonarias inversiones, ejércitos altamente entrenados y focalizadas estrategias militares, en la defensa de la información que se mueve en el ciberespacio ocurre algo similar.

La diferencia en este escenario es que en vez de reclutar hombres armados hasta los dientes, allí el talento humano proviene de esos ‘cerebros’ que manejan como pocos el mundo informático y que desde un computador pueden proteger, controlar o aminorar las vulnerabilidades cibernéticas de un Estado o de una empresa privada.

Con esa mirada, el Estado colombiano, mediante un documento Conpes firmado en 2011, creó tres organismos para resguardar el ciberespacio nacional. Se trata del Grupo de Respuesta a Emergencias Cibernéticas de Colombia del Ministerio de Defensa, (Colcert); el Comando Conjunto de Operaciones Cibernéticas de las Fuerzas Militares y el Centro Cibernético Policial (CCP) de la Policía Nacional.

Cada una de esas entidades no solo desarrolla políticas en materia de ciberdefensa sino que, tal y como lo hace el Centro Cibernético Policial (CCP), persiguen a los delincuentes informáticos y reducen su margen de maniobra.

Para llevar a cabo estas tareas, el Estado requiere de tecnologías cada vez más avanzadas, capacitación especializada y, por supuesto, de enormes inversiones. Y es precisamente allí donde el sector privado entra a desempeñar un papel trascendental, mediante compañías dedicadas a atender y proveer servicios de defensa cibernética.

Una de esas organizaciones es Intek de Colombia S.A., que ha estado a la vanguardia en estos asuntos dentro del país. “Cuando el Gobierno arrancó con este tema, empezamos a buscar qué había en el mercado internacional para traer una oferta de valor. En ese proceso nos encontramos con compañías estadounidenses como Saic o su filial Leidos, dos de las más grandes del mundo en el sector defensa, cuyo capital supera los US$4.000 millones y proveen insumos tecnológicos al Departamento de Estado de Estados Unidos. Hoy somos sus representantes para el país y la región”, le dijo a Dinero Alberto Roncallo, presidente de Intek de Colombia S.A.

Luego de sellar dicha alianza con Saic y su filial, Leidos, –hace poco más de un año– Intek ha venido acompañando al Estado en el desarrollo de nuevas tecnologías de defensa ciberespacial. El negocio, tan solo en 2012, le significó ingresos por $14.000 millones.

“Esa facturación, para ser honestos, también provino de nuestros otros clientes, a los cuales prestamos el servicio de protección de datos críticos. Entre ellos Ecopetrol, Telecom, EPM, UNE, BBVA, Banco Santander, Banco de Bogotá, ETB, Banco Agrario, Aeronáutica Civil, Superintendencia de Notariado y Registro y el Congreso de la República”, remata Roncallo.

Los casos de Intek y del equipo de colombianos que triunfó en los juegos de guerra de la OEA, evidencian que en materia de ciberdefensa el país avanza por buen camino.

Por eso, es de esperarse que tras la eventual firma del acuerdo de paz con las Farc en La Habana, buena parte de los recursos que tradicionalmente se destinan a la guerra física habrán de dirigirse a enfrentar nuevos riesgos y fortalecer la defensa cibernética. Sin temor a equivocaciones, la nueva amenaza que se cierne sobre la seguridad global.

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