| 12/14/1998 12:00:00 AM

Colombia, en la mira de los bananeros

Con la compra de Proban, Dole se convierte en el segundo exportador de banano colombiano. Al parecer, DelMonte quiere seguirle los pasos y adquirir Banacol.

Colombia vuelve a cobrar importancia para las grandes multinacionales de banano, que no sólo están tratando de consolidar su posición en el país, sino que están cambiando sus sistemas tradicionales de asociación al aceptar socios locales. Después de un lustro de crisis, el regreso de la seguridad a Urabá y el aumento de la productividad en finca ha hecho que algunas de las comercializadoras colombianas se vuelvan muy atractivas para los extranjeros.



La primera señal de lo que será el nuevo esquema en el mercado bananero se acaba de dar con la compra de Proban, tercera exportadora colombiana de banano, por parte de Dole, una de las más grandes productoras y comercializadoras de frutas frescas y vegetales del mundo.



La negociación quedó sellada a mediados de diciembre, cuando Técnicas Baltime (Tecbaco) adquirió el 60% de Proban. La operación de compra se realizó en dos partes. Adquisición de acciones por US$10 millones, y cesión e intercambio de activos por una suma que podría llegar a US$30 millones.



Tecbaco, propiedad de Dole, aporta el 12% de las exportaciones de banano, gracias a su operación en el Magdalena. Pero con la compra de Proban, la multinacional estadounidense se convertirá en el segundo exportador más grande de la fruta colombiana ­después de Uniban­, al comercializar cerca del 20% del banano nacional.



Las negociaciones, que duraron casi un año, fueron lideradas por Santiago Uribe, presidente de Proban, y Andrés Restrepo, miembro de la junta directiva de la bananera. Con este negocio, Dole no sólo aumenta su presencia en el sector bananero, sino que fortalece su papel en el mercado de perecederos en Colombia. En junio pasado, la multinacional adquirió Floramérica, la productora de flores más grande del país, por una suma cercana a los US$150 millones. Está consolidando un modelo en el que un gran productor actúa en cada una de las etapas de la cadena del negocio, desde el cultivo en el trópico hasta la venta en supermercado en Estados Unidos.



Lo que diferencia las dos operaciones es que mientras en flores Dole compró la tierra, en banano no sólo trabaja con productores asociados, sino que es la primera vez que mantiene socios nacionales.



DelMonte también



Dole no es la única multinacional interesada en ampliar su operación en Colombia. En enero pasado, DelMonte entró al país por intermedio de su subsidiaria Conserba, que ha estado comprando banano directamente a productores independientes.



La estructura del mercado colombiano hace que la producción y comercialización de la fruta estén muy unidas, de tal manera que las compañías cumplen las dos funciones. Tienen producción en plantas propias, de sus asociados y compran a independientes. DelMonte compraba a las comercializadoras, pero decidió entrar al país y competir en la compra de fruta.



Y, al parecer, su interés va más allá de este negocio. En el mercado hay fuertes rumores de que está negociando la compra de Banacol, una bananera de Urabá que hace cuatro años se encontraba en una grave crisis que la llevó al concordato y a registrar pérdidas por US$28 millones en 1995, pero que ha logrado sobreponerse al punto que al cierre de este año espera ganar entre US$3 millones y US$5 millones.



La recuperación de la compañía se logró gracias a un trabajo combinado en la rehabilitación de fincas y el mejoramiento de los sistemas de comercialización, que lideró Edgar Gutiérrez, el presidente de la compañía hasta hace unas semanas.



La primera labor permitió optimizar el trabajo en las fincas, de tal manera que se pasó de producir 1.500 cajas por hectárea a 2.600, lo que convierte a Banacol en una de las bananeras con mayor productividad del país.



La segunda se enfocó a fortalecer los mecanismos de comercialización, haciendo alianzas con la firma holandesa Van Dijk para la venta de la fruta en Europa, y con CH Robinson de Minneapolis para cubrir el mercado de Estados Unidos.



Esta estrategia permitió volver a negro los balances de Banacol, lo que unido a ser la única compañía colombiana dueña de una licencia de importación en Europa, la ha hecho muy atractiva para los inversionistas.



Los movimientos de las últimas semanas, que le dieron el 42% de la compañía a Víctor Enríquez, uno de sus accionistas, y el retiro de su presidente, Edgar Gutiérrez, le han dado fuerza a la idea de que se estaría cocinando una negociación con DelMonte, aunque hay otras multinacionales que han mostrado interés en Banacol, como la irlandesa Fiffes y la estadounidense Chiquita.



Alivio para la crisis



¿Por qué de un momento a otro Colombia y, en particular, Urabá se volvieron importantes para las multinacionales? Hay razones antiguas y nuevas. La posición geográfica estratégica del país y que los costos de operación son inferiores a los de Costa Rica (el segundo exportador mundial de la fruta), se unieron a la excelente calidad del banano de Urabá y al mejoramiento de la situación de orden público de la zona, lo que dio como resultado que las grandes compañías del mundo quisieran mejorar su posición en el país.



Este renovado interés coincidió con la crisis del sector que empezó en 1991 y todavía no se ha terminado. De acuerdo con Fernando Devis, presidente de la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura), la sobreoferta mundial de banano, los bajos precios internacionales, la situación de orden público y la revaluación del peso que en los últimos ocho años ocasionó una disminución de unos US$450 millones en los ingresos reales del sector, son factores que han tenido un impacto muy fuerte sobre el negocio.



Esta situación ha hecho que la productividad de las fincas descienda y que la falta de ingresos impida a los productores responder adecuadamente por todas las obligaciones salariales, parafiscales y financieras.



Por esta razón, la llegada de capital fresco se ha visto como una fórmula para fortalecer a las empresas y, en el caso específico de Proban, la política de establecer un precio mínimo garantizado, le dará seguridad en el ingreso a los productores de la fruta.



Por otro lado, la inversión extranjera permitirá asegurar la prsencia del banano colombiano en los mercados internacionales, ya que Dole se hará cargo de la comercialización. Y para Proban y Tecbaco significa una óptima utilización de las economías de escala en las industrias conexas (polietileno, sellos, astilleros, fumigación...), lo que seguramente mejorará la eficiencia de las dos bananeras.



La gran incógnita es qué va a pasar con Uniban, la comercializadora más grande del país. Esta empresa, de capital colombiano, no sólo es atractiva por tener el 32% del mercado de exportación, sino porque tiene su propia comercializadora en Estados Unidos: Turbana Corporation, con sede en Coral Gables y atiende principalmente el nordeste de Estados Unidos y el sur de Canadá.



En Europa no opera directamente, pero tiene un contrato para la comercialización de la fruta con la holandesa Velleman and Tas, que acaba de ser adquirida por la irlandesa Fiffes.



Además, Uniban ha desarrollado una gran habilidad para entrar a mercados internacionales. Este año le vendió a Rusia 3,5 millones de cajas de banano y a China, 600.000, aprovechando el convenio fitosanitario que se firmó entre los dos países y que dio vía libre a las exportaciones colombianas a ese país.



De acuerdo con Alberto León Mejía, presidente de Uniban, la empresa tiene vínculos estrechos con Chiquita y Velleman and Tas (ahora Fiffes), pero éstos no pasan de ser simples relaciones comerciales.



Lo cierto es que los ojos del sector están puestos en Uniban, ya que la independencia que le da a la empresa el no tener socios multinacionales -¿por el momento?- la convierte en un regulador del mercado y en un jugador importante que puede mantener el equilibrio de fuerzas en la industria.



Lo que está sucediendo en el sector bananero es una muestra de que las condiciones del comercio están cambiando sustancialmente y de que aun los sectores más "conservadores" se están adaptando a las nuevas reglas de juego.
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