| 8/1/1997 12:00:00 AM

Ciclón a la vista

Si usted sabe lo que la banca de inversión ha logrado hacer en el mundo, ya sospechará lo que le espera a Colombia.

Para entender lo que viene, justo es mirar lo que ya fue. En 1450, casi medio siglo antes del descubrimiento de América, uno de los Medici -conocidos como los príncipes mercaderes- revolucionó los hábitos de sus contemporáneos al establecer el primer banco moderno en Italia. Su idea tenía tanto de genial como de sencilla: captar dinero del público y prestarlo a una tasa mayor. Este negocio de intermediación contribuyó a hacer de la noble familia florentina la más influyente de la época. Y sigue siendo la fórmula mágica para las instituciones crediticias de los cinco continentes.



Otros prestamistas surgieron en Europa, provenientes, como los Medici, del intercambio de bienes y materias primas. Eran los Barings, de Bremen, y los Rothschild, de Frankfurt, radicados posteriormente en Londres. Aunque evolucionaron hacia el concepto de comerciar con crédito en lugar de mercancías, su éxito se sustentó en otras fortalezas: astucia, instinto y buen juicio, amén de un basto conocimiento del mundo y sus secretos.



Rápidamente se hicieron aliados de reyes, déspotas y gobernantes, y desafiaron guerras y revoluciones; bloqueos y embargos; quiebras y malversaciones. Los Barings y los Rothschild, entre otros, elaboraron la estructura de la corona británica, y, de paso, organizaron una red de inteligencia e información que les permitió ganar todas sus batallas. Sin recato, se lucraron tanto de la paz como de la guerra.



A principios de este siglo, dejaron de ser prestamistas para transformarse en financistas evolucionados, sirviendo de puente entre quienes necesitaban dinero y quienes lo prestaban. Se convirtieron, así, en los creadores del concepto inglés del Merchant Bank o del Investment Bank norteamericano.



En Estados Unidos, los mismos Baring, Rothschild y Morgan participaron en la moderna conquista del oeste, obteniendo créditos sindicados para la construcción de los ferrocarriles.



J. P. Morgan, fundador del célebre banco de inversión neoyorquino, llegó a salvar, en dos ocasiones, la economía estadounidense, al respaldar el dólar con sus propias reservas de oro. Incluso, los Baring asesoraron a Tomás Jefferson (1801-1809) en la compra -por US$15 millones- de una enorme masa terrestre al lado del río Mississippi, que terminó por doblar la extensión territorial estadounidense. No en vano se hizo popular el adagio de que "un banquero de inversión logra lo que quiere".



Como la nueva tierra prometida, América Latina se ha convertido en agitado campo de acción para la banca de inversión internacional. Un informe aparecido hace pocas semanas en The Wall Street Journal describió a la región como "un negocio competitivo y altamente lucrativo" para firmas de banca de inversión de Estados Unidos y Europa.



Codo a codo, las firmas más importantes del mundo han decidido poner pie en el nuevo territorio. Y ahí están J. P. Morgan, Salomon Brothers, Morgan Grenfell, Morgan Stanley, Dean Witter, I. N. G. Barings, Merril Lynch, Rothschild, Santander Investment, Credit Suisse First Boston Bank y otras. Solamente J. P. Morgan realizó, en 1996, un total de 28 grandes negocios en la región, por un valor de US$5 billones. Salomon Brothers ocupó el segundo lugar, con 16 negocios y un volumen de US$3.7 billones.



Las razones son variadas, pero entre las principales figuran la privatización de bienes estatales, el desmonte de trabas y regulaciones, la reducción de la espiral inflacionaria y una tasa de cambio más estable. Además, en un entorno de reajuste económico y feroz competitividad, se ha generado una ola de fusiones y adquisiciones sin precedentes, que ha quedado en manos de los bancos de inversión.

El año pasado, el total generado por las F&A (fusiones y adquisiciones o M&A, en sus siglas en inglés) se triplicó, alcanzando los US$31.3 billones contra US$10.4 billones el año anterior. Y este año, pese a los problemas económicos de algunos países, entre ellos Colombia, el volumen será mayor que en 1996. "Es de prever, entonces, que decenas de bancos internacionales quieran tener una tajada de la torta latinoamericana", subrayó el informe de The Wall Street Journal.



En su definición más simple, la banca de inversión es una intermediación financiera entre proveedores y usuarios de capital, a través de un amplio portafolio de productos. Frente a la banca comercial o tradicional, la de inversión no contempla captación de dinero. Otra cosa es que entidades captadoras también se dediquen a la banca de inversión. En realidad, esta última es una especie de desintermediación del sistema bancario tradicional, porque, por sus servicios, no cobra tasas fijas, sino variables, de acuerdo con cada negocio. Son comisiones que oscilan entre el 0,5% para una operación de más de $100.000 millones o hasta el 5%, para operaciones de menos de $10.000 millones.



"En el fondo, lo que un banquero de inversión hace es estructurar un negocio, buscar quién lo venda o quién lo compre, y cobrar una comisión de éxito entre las dos partes", explica Jorge Arango, gerente de banca de inversión de Suvalor, empresa del Grupo Suramericana.

Si la banca tradicional es la tienda donde sólo hay camisetas de manga corta para quien desee vestirse, la banca de inversión es el confeccionista que la elabora según la medida y necesidades específicas del cliente, costándole menos.



En Colombia, debido a la estructura actual del sector financiero, no hay una sola institución que pueda ofrecer todos los productos de la banca de inversión. Las entidades de origen internacional desempeñan unas funciones y se apoyan en otras -nacionales o extranjeras- para complementar sus servicios. Y en términos colombianos, las corporaciones financieras realizan unas labores y las firmas comisionistas de bolsa desempeñan otras.



Dos casos representan con claridad la diferenciación entre las principales actividades de la banca de inversión. Por ejemplo, las divisiones de banca de inversión de Corfinsura y Corfivalle se entienden de proyectos financieros, privatizaciones y finanzas corporativas, mientras que Suvalor y Casa de Bolsa, empresas complementarias de las dos anteriores, se ocupan del mercado de valores.



En su mayoría, los bancos de inversión nacionales e internacionales- concentran su atención en privatizaciones, adquisiciones, ventas, fusiones, escisiones, project finance, optimización financiera, sindicaciones, coberturas, underwriting y valoración de empresas. Los comisionistas de bolsa refuerzan el trabajo con emisión de bonos, papeles comerciales, ADRs (American Depositary Receipts), acciones, titularización e IPOs (Inital Public Offer).



La gama puede llegar a ser más extensa si se agregan otros productos, aún desconocidos en el país, como mercado de futuros (tanto financieros como de materias primas y metales) y de swaps (contratos o transacciones monetarias también en el tiempo).



El atraso local deja entrever una rápida evolución hacia los estándares internacionales. "En verdad, los productos de la banca de inversión simplemente están por hacerse o proponerse", dice Carlos Botero, profesor de ingeniería financiera de la Universidad de Medellín. "Lo que pasa es que los banqueros actuales -y la gran mayoría de los usuarios- no confían mucho en este tipo de producto y prefieren seguir trabajando con garantías reales y elevadas tasas de interés".



Para los defensores acérrimos de la banca de inversión, es absurdo darse cuenta que el empresariado nacional no percibe el potencial de financiación que representan la banca de inversión y el mercado de valores. "Aquí las compañías se tienen que dar cuenta, por lo menos en la parte de deuda, que los papeles comerciales y los bonos son más baratos que los préstamos bancarios", dice Arango.



Actualmente, de cada $100 que se prestan en Colombia, solamente treinta centavos se colocan a través de la banca de inversión. "Yo diría que en los próximos diez años, ese nivel tiene que llegar a $30", agrega. En Estados Unidos, en cambio, la banca de inversión es una competencia directa de la banca comercial, pues más del 51% de los recursos financieros de nutren de ella; en España, la cifra es de 40%; en Argentina, de 20%; en Colombia, apenas del 0,3%.



Teniendo en cuenta todos los costos implícitos en una emisión de bonos, la diferencia frente a la banca comercial puede llegar a ser de dos puntos porcentuales por año. Si se habla de una emisión de bonos o de papeles comerciales por $10.000 millones, a cinco años, se puede conseguir un ahorro de $1.000 millones en ese período, en valores de hoy.



Aunque resulte curioso para estándares colombianos, muchos "cacaos" de la industria y el sector privado colombiano son mejor riesgo que los bancos. Los analistas citan los casos de Cementos Rioclaro, Exito, El Tiempo, Suramericana de Seguros y Sofasa. Cuando recurren a préstamos bancarios, es como si los ricos salieran a pedirles plata a los pobres. Estas empresas pueden captar dinero del público -a través de productos de la banca de inversión-, por niveles inferiores a los del mercado bancario tradicional.



En Estados Unidos, Coca Cola mantiene un cupo rotativo de papeles comerciales (term notes) y de bonos en el mercado público, y sólo tiene que publicar un aviso en la prensa para ofrecer el producto y captar el dinero, por debajo de la tasa que aplican las entidades de crédito. Coca-Cola sólo va al banco a consignar. Igual hacen miles de compañías.



En Colombia, las primeras grandes protagonistas de la banca de inversión fueron las corporaciones financieras, creadas hace más de 30 años para estimular el desarrollo tanto empresarial como de infraestructura. Gracias a su apoyo, ha sido posible asegurar el financiamiento en áreas como telecomunicaciones, aguas, saneamiento ambiental, electricidad, gas, vías y aeropuertos.



Tras la reforma financiera de 1990, los bancos de inversión internacionales comenzaron a hacer su ingreso y a ampliar sus áreas de trabajo en Colombia. "Hemos venido aquí para quedarnos", dice Jaime Ardila, presidente de Rothschild, con sede en Bogotá. "Pese a la situación económica y política, Colombia sigue en nuestra la lista de clientes", añade.



Rothschild ha participado, entre varios negocios, en la reestructuración de la deuda de Distral, la fusión de Seguros Fénix con Sun Alliance, la reconfiguración del sector azucarero, la privatización de Entelsa, en Manizales, y el proceso de capitalización de la Empresa de Teléfonos de Bogotá.



Otras operaciones exitosas de la banca de inversión incluyen la compra apalancada del Banco de Colombia (Deutsch Morgan Grenfell); la fusión de las corporaciones Financiera Nacional y Financiera Suramericana (Merril Lynch); la reestructuración del portafolio de US$120 millones del Banco de Colombia, tras su privatización (Colcorp); la venta del 51% de Cementos Diamante a Cemex (Violy, Byorum & Partners, junto con Invercor); la privatización de Gas Natural S.A. y de la Empresa de Energía del Pacífico (Corfinsura); la venta de las hidroeléctricas de Betania y Chivor, a Endesa y Chilgener, de Chile (J. P. Morgan); la emisión de bonos ADR del Banco Ganadero, lo mismo que la construcción de la Malla Vial del Valle, el túnel de Occidente y la infraestructura del puerto de Buenaventura (Corfivalle).



Aunque en general las empresas extranjeras reciben los grandes negocios, las locales, como Corfivalle, tienen el convencimiento de que parte de la evolución del mercado se ha debido a ellas. "Es un campo en el que nos sentimos pioneros", dice Carlos Graham, gerente administrativo de la división de banca de inversión de Corfivalle, en Bogotá.



La idea de participar en las grandes ligas tampoco ha sido tema vedado para Suvalor, que acaba de ganar una licitación de Ecopetrol, para realizar la emisión de bonos más grande del mercado colombiano: $300.000 millones. Suvalor ha liderado, también, otras operaciones de emisión de bonos como la de Noel, por $20.000 millones, que presenta la novedad de haber sido ligada al Indice de Precios al Consumidor y no a la corrección monetaria, lo que los hace más atractivos para las partes.



Según Sergio Restrepo, vicepresidente de banca de inversión de Corfinsura, los colombianos han generado fórmulas propias y, de paso, eliminado el complejo de competir de igual a igual con los bancos extranjeros. "Perdimos el miedo a tocar puertas, a llegar al inversionista, a hablar el lenguaje del sector y a proponer ideas novedosas y serias, amparadas en una fuerte solidez financiera".



Lo difícil para los banqueros de inversión en Colombia, sin embargo, es levantar la llamada "muralla china" alrededor de sus negocios y operaciones, pues la discreción y la confidencialidad son elementos vitales en los procesos de valoración de empresas y búsqueda de fórmulas de financiación.



Para remediar las posibles fugas, Suvalor, Corfinsura y Corfivalle han establecido oficinas separadas para sus divisiones de banca de inversión, y no comparten con nadie la información privilegiada.



Además de las grandes firmas nacionales, han surgido pequeñas y medianas empresas de banca de inversión, para atender requerimientos de menor envergadura. Es el caso de Inversionistas de Colombia, con sede en Medellín, que, a nombre de Generar S.A., diseñó el financiamiento, mediante una emisión de acciones por $14.000 millones, del proyecto hidroeléctrico Riopiedras, en Jericó, Antioquia.



"Aunque atenderá solamente un 0,28% de la demanda nacional, el estudio de este negocio resistió todos los exámenes", dicen Sofía Lalinde y Rodrigo Botero, de Inversionistas de Colombia. Según Lalinde y Botero, el mayor entusiasmo de inversión en este caso provino de los fondos de pensiones colombianos, que del 0,28% de sus recursos han pasado a invertir en el mercado de capitales el 11%. "En el fondo, hay que enseñarle a la gente a participar en un juego de riesgo, que, gracias a los estudios y valoraciones, no resulta siendo una aventura".



Y como señala Emilio Echavarría, presidente de Suvalor, tarde o temprano la cultura del riesgo calculado terminará por imponerse, especialmente ahora que la globalización desatará una tempestad de fusiones, adquisiciones, reestructuraciones, modernizaciones y operaciones de consolidación.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?