Carros voladores

| 5/3/2002 12:00:00 AM

Carros voladores

La industria automotriz está teniendo importantes incrementos de ventas en un momento en el que la economía crece lentamente. ¿Qué está haciendo bien?

Mientras casi todas las industrias tienen serias dificultades para reactivar la demanda, el sector automotor muestra signos de crecimiento. Durante el primer trimestre de este año, las ventas de automotores crecieron 30,7% con respecto al mismo período del año anterior, al colocar 18.817 vehículos en el mercado nacional.



Es difícil atribuir este repunte a un motivo específico y, aunque las opiniones sobre cuál de los argumentos pesa más difieren, hay consenso en cuáles son las principales causas. Primero, las ventas del sector están muy por debajo del nivel en que deberían estar. Durante los últimos 3 años, la demanda se represó porque los colombianos prefirieron guardar su dinero ante una eventual contingencia, dado el alto grado de incertidumbre de la economía. A esto se suma que el mejor año en la historia del sector fue 1997, cuando se vendieron 138.899 unidades, y, como esos vehículos ya tienen 5 años, muchos de sus dueños están pensando en cambiarlos. Como explica Luis Fernando Peláez, presidente de Sofasa, "entre 1993 y 1998, se vendieron en Colombia 460.000 vehículos y entre 1999 y 2001 se comercializaron 180.000, lo que quiere decir que hay un parque automotor de 280.000 autos con expectativa de una reposición, que se está dando, de manera parcial, en la actualidad".



Otro elemento que influye positivamente es la coyuntura económica: la baja inflación les ha ayudado a las personas que tienen un ingreso fijo a mantener su capacidad de consumo e, incluso, a mejorarla; y el dólar con tendencia revaluacionista les ha permitido a los importadores, en especial, mantener precios atractivos y estables. Finalmente, las tasas de interés son las más bajas que ha visto esta generación, lo que no solamente hace atractivo suscribir un crédito, sino que desestimula la inversión. "La gente se aburrió de esperar a ver qué va a pasar con el país y de tener la plata guardada. Ya no hay opciones atractivas de inversión, entonces, la gente prefiere darse el gusto de cambiar el carro", afirma Ricardo Pinilla, vicepresidente comercial de la Compañía Colombiana Automotriz, CCA.



Pero no todo es color de rosa. Aunque el número de unidades vendidas ha crecido fuertemente, no se prevé volver a los niveles de hace 5 años en el futuro cercano. "Yo creo que la industria va a vender unos 72.000 vehículos este año. Apenas estamos llegando a la mitad de lo que ha absorbido el mercado en años anteriores", explica un alto ejecutivo de Colmotores.



También hay que tener en cuenta que los consumidores han presentado una tendencia a bajar de segmento. Augusto Zuluaga, vicepresidente del sector automotor de Fenalco, le atribuye esta migración a que la gente quiere bajar de perfil por motivos de seguridad. "Es tal el fenómeno que cerca del 50% del mercado total está compuesto por carros de 1.400 cc o menos", asegura Zuluaga.



El efecto del aumento de la percepción del peligro de viajar por carretera ha hecho que la gente salga menos; por esto, los carros están acumulando kilómetros más lentamente y, por consiguiente, será necesario cambiarlos con menor frecuencia. Por eso, una estrategia para dinamizar el mercado ha sido lanzar nuevos modelos en intervalos más cortos, con lo cual se busca generar la necesidad de cambiar de carro más frecuentemente al hacer que los modelos pasen de moda rápidamente.



Cercanía del cliente



Si bien es cierto que el momento es favorable para la industria, hay que destacar el esfuerzo que se ha hecho en términos de mercadeo. Hoy el mercado ofrece una mayor segmentación, es posible que cada perfil de consumidor encuentre un producto que satisfaga su gusto y necesidades a un precio que es, en términos reales, más asequible. Como siempre, la competencia ha beneficiado al usuario final: más oferta, precios más competitivos, mejor servicio de posventa.



Dentro de la repartición del ponqué, hay una noticia particularmente buena: un aumento importante en el consumo de vehículos de transporte de carga y de pasajeros. Para Guillermo Acevedo, presidente de Daewoo, "la gente está buscando soluciones al desempleo y un taxi es una salida al alcance de muchas personas".



Otra tendencia observable es el dinamismo del mercado de segunda. "La baja demanda de carros nuevos hace que los vehículos usados conserven mejor su valor", explica Arturo Mantilla, vicepresidente de Fanalca.



Los tres ensambladores nacionales siguen siendo los dueños del mercado: Colmotores, Sofasa y CCA tienen en conjunto el 63,8% de la torta. Sin embargo, los vehículos importados les mordieron casi dos puntos de participación en lo corrido del año, al llegar a 36,2%.



Otro factor que ha ayudado a la industria nacional es el de las exportaciones a Venezuela y Ecuador. Colmotores, por ejemplo, vendió 10.500 unidades por un valor de US$118 millones en el año 2001 y, aunque esperan una caída a 9.000 unidades durante este año debido a la crisis venezolana, ya están gestionando la comercialización de sus vehículos en los 8 países de Centroamérica, a donde prevén comenzar a exportar en septiembre de este año.



El sector, por fin, se está moviendo. Es el momento de montarse en la ola para no perder participación. Quien no aproveche al máximo esta época tendrá serios problemas en el mediano plazo. La guerra por incrementar el valor percibido se está dando en todos los frentes, y en Colombia hay espacio para crecer. Mientras aquí hay 17 personas por cada vehículo que circula por el asfalto nacional, en algunos países desarrollados la relación es de un carro por persona, por lo cual las posibilidades de crecimiento del mercado nacional a largo plazo son muy alentadoras, sobre todo si la economía despega, ya que, de acuerdo con investigaciones de Sofasa, por cada punto porcentual de crecimiento del PIB se venderían 1,5 carros adicionales.







¿Más o menos carros?

Hay un debate sobre si se debe o no estimular la industria automotriz. Por un lado, algunos sostienen que el automóvil mejora la productividad de la economía y, además de generar riqueza y muchos empleos directos, jalona otras 17 industrias que de una u otra manera viven del automóvil: talleres, estaciones de gasolina, parqueaderos, lavaderos, fabricantes de accesorios, etc. se benefician directamente de una política de "sí carro". Otros advierten sobre el deterioro del tráfico que ocasiona, así como la contaminación auditiva y atmosférica.



Como el daño al ambiente es demasiado grande para ignorarlo, los fabricantes de vehículos han tomado conciencia del problema y están evolucionando tecnológicamente para reducir el efecto ambiental, tanto que, según Arturo Mantilla, vicepresidente de Fanalca, que representa a Honda en Colombia, "en algunos vehículos que ya están circulando en nuestras calles es menos dañino respirar directamente de los escapes que tomar una bocanada de aire en el centro de Ciudad de México".



El problema del tránsito se puede mejorar con medidas como el pico y placa, pero en el largo plazo solo hay dos caminos: más vías o menos carros. La primera no parece una salida probable por ahora. Y cualquiera que sea la política que se tome en esta materia, la industria va a tener que seguir evolucionando tanto o más rápidamente de lo que hemos visto en años recientes.
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