| 8/24/2010 2:45:00 PM

Camino a la bibliodiversidad

Al seguir más una corazonada que una investigación de mercado, las editoriales independientes le han abierto una puerta a la heterogeneidad de contenidos y formatos. Con esto, el lector cuenta con más alternativas.

Una caja de cartón de comida china, en la que el lector, con unos palillos de madera -cual si estuviera comiendo noodles-, saca uno a uno distintos poemas sobre lo que significa China Town para los ciudadanos, es el reciente trabajo editorial de la poeta Andrea Cote y los artistas Adalberto Camperos y Davián Martínez. Este libro, titulado ChinaTown a toda hora, rompe con la concepción tradicional del libro al brindar una experiencia que trasciende la lectura y ejemplifica a la perfección cómo el libro se está transformando para aproximarse de una manera diferente al lector. A su vez, da muestra de cómo artistas y escritores pueden trabajar en colectivo cambiando no solo la noción de libro sino también de autor.

"Los independientes", como se autodenominan aquellas editoriales y autores que abren un espacio para aquello que no cabe en la noción comercial de los grandes conglomerados de la industria editorial, son los abanderados de esta transformación. Es una tendencia reciente que viene creciendo en respuesta a las pocas oportunidades que en ocasiones encuentran los nuevos autores y a la necesidad de hacer lo que nadie hace por miedo a una respuesta negativa del mercado.

El modelo de negocio de quienes se atreven a producir lo impensable no está centrado en el dinero, sino en llegar al lector con la libertad de brindarle contenidos alternativos. "No nos movemos por lo económico, sino por lo pasional. La independencia significa que hacemos los libros sin explorar tanto dentro de las leyes del mercado, sino más bien pensando en lo que es el libro en su doble condición de mercancía y vehículo", explica Luis Rocca, director de la editorial Taller de Edición - Rocca.

Esto no quiere decir que no se busque la autosostenibilidad, ni que la producción sea necesariamente pequeña, ya que incluso hay algunos que tienen hasta 200 títulos propios, como Lectorum, editorial colombiana especializada en libros para niños latinos en Estados Unidos. Tampoco significa que no hayan tenido éxitos comerciales. Por ejemplo, la editorial Pluma de Mompox, de Cartagena, exporta a Francia y España 100 copias mensuales del libro Sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes de Nicolás Román, César Cortez y Juan Niño.

No estar dentro de los grandes circuitos tampoco les impide hacer buenas estrategias de promoción y lanzamientos masivos. Un caso exitoso que deja lecciones interesantes a este respecto es el libro de la editorial La Silueta Decoración de exteriores, del colectivo Excusado Printsystem, una publicación sobre arte callejero que contó no solo con una manera diferente de aproximarse al libro, sino con un plan de distribución y lanzamiento muy particular. El único texto es una transcripción de una conversación previa que tuvieron antes de producir el libro, el resto son grafitis y esténciles que para ser apreciados mejor deben ser expuestos ante una luz morada. La promoción se hizo con afiches y arte callejero por todo Bogotá y el lanzamiento fue una fiesta con un DJ. "Nos lanzamos a hacer algo con una visión subjetiva, no consultamos a ningún experto. La noche del lanzamiento vendimos 300 libros", indican Andrés Fresneda y Juan Pablo Fajardo, fundadores de La Silueta.

El negocio editorial independiente es en esencia romántico y todavía tiene muchos obstáculos por sobrepasar. La gran mayoría de editores y autores afirma que deben apoyarse en otras líneas de negocio, y que su gran cuello de botella es la distribución y promoción de sus títulos. Por ejemplo, Luis Rocca dice que si bien ha tenido éxitos comerciales importantes con autores como Miguel Ángel Manrique y Juan Manuel Roca, el negocio no está en la editorial sino en el trabajo comercial a partir de los libros que hacen para terceros. Lo mismo ocurre con La Silueta, cuyos fundadores le están apuntando a una producción anual de diez títulos y a convertirse en el mediano plazo en un gran fondo editorial, pero que por ahora el grueso del negocio lo dan los contratos de diseño gráfico que tienen y los libros para otras personas. De la misma manera, Teresa Malawer, presidenta de Lectorum, dice que la línea editorial representa 20% del negocio y el resto es distribución y publicación de traducciones al español de libros famosos, como los dedicados a Harry Potter. De hecho, son la distribuidora más grande de libros en español en Estados Unidos. "Como editorial independiente no tenemos las mismas metas ni márgenes que exige un conglomerado, pero nos podemos dar el gusto de hacer lo que queremos, no por resultados, sino por el sentimiento".

Por suerte, mientras la heterogeneidad de contenidos ha separado este tipo de editoriales por años, la esencia romántica y los problemas las han unido de manera reciente. Hace dos años se creó la Red de Editoriales Independientes Colombianas, REIC, una asociación que pretende apoyar la "bibliodiversidad" construyendo lazos de colaboración e intercambio. Ya son 28 las editoriales asociadas de Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Cartago, Calarcá, Ibagué y Bogotá y 700 los títulos que ahora tienen una mayor visibilidad gracias a la distribución directa en librerías, así como en ferias nacionales e internacionales. "Existe una estigmatización en cuanto a que somos contestatarios, revolucionarios y opositores. Nada de esto es cierto. Sencillamente somos independientes. Independientes en cuanto al concepto editorial; decidimos qué publicamos, no le hacemos juego a las tendencias comerciales y buscamos resaltar la calidad literaria de los escritores de provincia", señala Luis Augusto Vacca, presidente de la REIC.

A pesar de este notable esfuerzo, los editores y escritores coinciden en que todavía hay mucho camino por recorrer, o mejor, muchos libros por publicar. Para llegar a la mayor población posible con creaciones alternativas es pertinente explorar opciones que vayan atadas a la transformación del libro. Por ejemplo, incluir el componente digital, no solo para los contenidos sino para la compra on-line y salirse de la noción de que la librería o la biblioteca son los únicos espacios para llegar al lector. Al jugar con la forma y el contenido, el libro es ahora también un objeto y, como tal, tiene otras ventanas para llegar al público, como a través de museos y tiendas de diseño. Acompañar la experiencia del libro con talleres, conversatorios, exposiciones, entre otros, que ayuden a que las audiencias entiendan la experiencia de que la "bibliodiversidad" es clave en este proceso de transformación.

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