Cambio de página

| 5/3/2002 12:00:00 AM

Cambio de página

Las nuevas exigencias de transparencia transformarán el negocio de la auditoría. El primer reto de la unión entre Deloitte & Touche y Andersen es demostrar su liderazgo en este frente en Colombia.

Cuando el coletazo de la implosión internacional de Andersen se presentó en Colombia, tuvo las características de un anticlímax. El 19 de abril se anunció que la firma Andersen deja de existir en Colombia y su operación (consultores, tecnología y conocimiento) entra en una integración con Deloitte & Touche. Las dos partes informaron que la transición en Colombia se dará en forma gradual y sin traumatismos. "Aunque en el primer trimestre del año ocurren las asambleas de las empresas y es el momento en que las compañías deciden si cambian o conservan su auditor, el 95% de nuestros clientes permanece con nosotros", afirma Oscar Darío Morales, quien era el socio principal de Andersen en Colombia y pasa a ser vicepresidente ejecutivo y presidente de la junta de la nueva entidad.



La unión de las dos empresas, efectivamente, tiene todo a su favor para ser una operación tranquila. Si bien la tormenta alrededor de Andersen LLP en Estados Unidos y su relación con la catástrofe de Enron destruyó el nombre de esta firma, que tenía 89 años de existencia, con cerca de 3.000 socios y 85.000 empleados en el mundo, los socios y los profesionales colombianos no tienen responsabilidad sobre ese asunto. Pasado el impacto inicial, los clientes de Deloitte y la antigua Andersen van a contar con las ventajas que ofrece la nueva masa crítica de Deloitte, que pasa a ser la segunda de las grandes firmas de auditoría en el país (después de PricewaterhouseCoopers).



Sin embargo, esta tranquilidad en el episodio de transición de corto plazo no debe hacer perder de vista el enorme significado de lo que está ocurriendo. Las consecuencias de este desenlace van mucho más allá de la integración entre las dos empresas. Como si fuera un caso de texto sobre teoría del caos, en el cual el batir de las alas de una mariposa en Australia causa un tifón en el Caribe, las acciones impredecibles de un puñado de personas en la oficina de Andersen en Houston causaron una transformación de fondo en el balance de fuerzas en el negocio de las firmas internacionales de auditoría en Colombia, que mueve cerca de US$83 millones al año. Se trata de un impacto directo que se dio en pocas semanas y demuestra una vez más hasta qué punto las fuerzas de la globalización se han tomado el mundo. Así mismo, el cambio en el clima político internacional que desató este desenlace sigue vigente y los canales de transmisión permanecerán abiertos.



El escándalo Andersen permanecerá en la memoria y ha creado un prejuicio en el público en contra de las auditoras. Para las grandes auditoras será más importante que nunca ser transparentes, pero además será doblemente importante parecerlo. Cualquier error puede escalar hasta convertirse en el detonante de una crisis mayor. Por ese motivo, están obligadas a tomar la iniciativa para jalonar un gran movimiento hacia la transparencia de los balances en las empresas colombianas, algo indispensable si este país aspira a modernizar su base productiva para competir en la economía global. Si no adoptan iniciativas contundentes en este campo, estarán cortejando el desastre.



Las lecciones para las auditoras



El rápido proceso de desaparición de Andersen en el mundo deja varias lecciones para las auditoras y permite ver el nuevo papel que deberán asumir en un mundo donde la confianza en la información que presentan las empresas, uno de los cimientos del funcionamiento de los mercados, está siendo fuertemente cuestionada.



* Los problemas pequeños y aislados no existen. Andersen LLP en Estados Unidos cayó por las acciones de algunos de sus profesionales en Houston, pero lo más grave fue que la firma solo se dio cuenta de su existencia cuando los problemas de Enron salieron a la luz pública y no por medio de sus mecanismos internos. El tema de Enron, por sí mismo, probablemente no habría causado el fin de la firma; sin embargo, había antecedentes de omisiones graves en los casos de Sunbeam y Waste Management, en los cuales Andersen había tenido que enfrentar procesos legales. La decisión del Departamento de Justicia de Estados Unidos de iniciar un proceso formal contra la firma (indictment) se debió a su condición de reincidente (repeat ofender). Aunque la propia Andersen llevó al Departamento de Justicia la evidencia de lo que estaba pasando en la oficina de Houston, y siempre tuvo la iniciativa de colaborar con los investigadores, esto no le ganó un trato más favorable. La lección es clara: las firmas de auditoría deben mantener un rigor extremo en la revisión de la información de sus clientes. Si hay indicios de que el error se convierte en un patrón de comportamiento, la supervivencia de la firma está en juego.



* Los canales internacionales de transmisión funcionan a gran velocidad. Tras el indictment del Departamento de Justicia el 14 de marzo, los miembros internacionales de Andersen Worldwide entendieron que el proceso en Estados Unidos tendría consecuencias fatales y comenzaron a buscar salidas, es decir, la unión con alguna de las otras grandes firmas de auditoría. Pronto quedó claro que sería imposible realizar un acuerdo unificado para todas las operaciones mundiales, de modo que cada país quedó, en la práctica, libre para encontrar su propio socio. La forma como Deloitte & Touche se hizo a las operaciones de Andersen en un anplio número de países en medio del desorden demuestra cómo funcionan los vasos comunicantes entre países en este negocio.



Para las grandes firmas de auditoría, los clientes referidos son fundamentales. Estos son los clientes multinacionales, para los cuales es muy útil mantener los mismos auditores en los diferentes países en los que operan. Deloitte se anotó un éxito decisivo al lograr que la operación de Andersen en el Reino Unido se uniera a su firma, pues esa es una pieza clave para las empresas que operan en el mundo desarrollado de habla inglesa. Efectivamente, después vinieron decisiones similares por parte de Canadá, Países Bajos, Suecia y Dinamarca (donde el inglés es el idioma de los negocios). Un segundo éxito decisivo fue la unión con la operación en España. Después de una década de fuerte inversión española en América Latina, y puesto que Andersen era el auditor de un buen número de estas empresas (los grandes bancos, Dragados y Construcciones, Repsol, Unión Fenosa, Telefónica, entre otras), era obvio que esto creaba un fuerte incentivo para que las operaciones de América Latina se vincularan a esta red. Así, en el curso de pocas semanas, Deloitte logró que se adhirieran México, Centroamérica, Brasil y, ahora, Colombia y Venezuela (entre tanto, Argentina y Chile optaron por Ernst & Young).



La fluidez de estos vasos comunicantes, determinada por las necesidades de las empresas multinacionales, es la fortaleza de las grandes auditoras, pero también su debilidad. Así como la enorme operación de Estados Unidos cayó por las acciones de unas personas en Houston, los problemas en cualquier país latinoamericano que afecten a un cliente multinacional podrían perjudicar gravemente las operaciones en toda la región; por ejemplo, un hecho en Puerto Rico puede repercutir sobre España y, por su intermedio, sobre todos los demás países. Esta velocidad y alcance de la red multiplican el riesgo para las auditoras.



* La política y los medios son centrales en el escenario. La cultura de las firmas auditoras era mantener un perfil bajo y concentrarse en su trabajo. Eso ya no será posible en el futuro. En el nuevo clima político internacional, donde los inversionistas se sienten traicionados y se ha multiplicado la desconfianza hacia la información empresarial, el trabajo de las auditoras estará en la mira de la opinión pública. En Estados Unidos, las conexiones de Enron con la Casa Blanca terminaron por perjudicar a Andersen, pues el presidente Bush optó por mantenerse al margen y se abstuvo de ejercer influencia a favor de la auditora, ante el temor de que la opinión viera allí un interés propio. Las auditoras, entonces, tendrán que aprender a mantener la iniciativa ante la opinión, en lugar de dejar que los problemas crezcan y las arrollen.



* El movimiento hacia la transparencia viene en serio. Los hechos de este año en Estados Unidos demuestran que la falta de confianza en la información de las empresas puede afectar el crecimiento de la economía. Es inevitable un cambio en la ley para reforzar los principios de transparencia. Paul Volcker, ex presidente del Federal Reserve en los años 80 y actual director del International Accounting Board, organismo que promueve la adopción de nuevos estándares contables en el mundo, propone penas más fuertes para ejecutivos y auditores que no respeten las normas, que van desde la multiplicación del valor de las multas hasta la adopción de umbrales más bajos para la suspensión de licencias profesionales, pasando por la prohibición de emplear a la misma firma para tareas de auditoría y consultoría. El debate está tomando una fuerza extraordinaria y es previsible que haya cambios regulatorios sustanciales que influirán en todo el mundo.



Para las auditoras, todo esto implica que tendrán que tomar la delantera y convertirse en los grandes propulsores del avance hacia estándares más estrictos en la transparencia de la información que suministran las empresas. Los problemas puntuales, en este como en cualquier negocio, son inevitables. Pero la única forma de que no tengan consecuencias fatales será si logran posicionarse en la mente del público como los primeros defensores de sus intereses. Esto se consigue con palabras y con hechos. El escándalo de Enron, entonces, podría tener una consecuencia positiva para Colombia y América Latina: acelerar la transición de las prácticas empresariales hacia un mejor gobierno corporativo.





La unión

La integración en Colombia de Andersen y Deloitte & Touche se producirá en estos términos:



No se trata de una fusión en este momento, sino de una integración. No hay compra de activos, ni unión de patrimonios. Las dos prácticas se unen, pero jurídicamente siguen siendo autónomas. Andersen ha obtenido licencia para operar con el nombre Deloitte Colombia Limitada. Solo dentro de tres años, las dos empresas se habrán unido en una sola, mediante un mecanismo que está por definir.

Cada empresa sigue manejando sus clientes en este momento. Los clientes nuevos serán manejados por ambas en conjunto.

Daniel Feged, de Deloitte & Touche, es el presidente de la integración. Oscar Darío Morales, quien era presidente de Andersen, será vicepresidente ejecutivo y presidente de la junta.

Deloitte & Touche se convierte así en una de las mayores empresas de auditoría y consultoría en Colombia, con un tamaño que se acerca al de PricewaterhouseCoopers (con facturación estimada entre US$27 y US$28 millones al año). Luego viene KPMG, con una facturación estimada en cerca de US$22 millones al año. Finalmente, está Ernst & Young, con US$6 millones al año. Con esta nueva masa crítica, Deloitte aspira a adelantar un proceso de crecimiento y a convertirse en el número uno en Colombia.





Más transparencia

En Estados Unidos, se han planteado numerosas propuestas para aumentar la transparencia en la información empresarial. Esta tendencia crece día a día y su influencia se sentirá en todo el mundo.



* George W. Bush, presidente de Estados Unidos, propuso que los presidentes de las empresas respondan personalmente por la veracidad, oportunidad y exactitud de la información de los estados financieros. Los abusos deberían ser castigados con la prohibición de ejercer el mando en una empresa.



* Paul O'Neill, secretario del Tesoro, propuso que el umbral que determina la responsabilidad de un ejecutivo en este tipo de problemas debe ser reducido de "temeridad" a "negligencia".



* Warren Buffet, inversionista de gran influencia en Estados Unidos, planteó que se debe formalizar una relación "adversaria" entre los comités de auditoría y los administradores de las empresas y sus auditores externos.



* Paul Volcker, ex director de la Reserva Federal y presidente de la International Accounting Standards Board, planteó que debe haber una regulación más estricta sobre las firmas de auditoría y una mayor financiación para la Securities and Exchange Commission (SEC), el regulador de los mercados de valores.
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