| 4/27/2007 12:00:00 AM

Cambio de clima

Colombia no es el paraíso para la generación de proyectos de reducción de emisiones de CO2. Sin embargo, hay oportunidades que se pueden aprovechar.

¿Hay oportunidades nuevas para los proyectos verdes en Colombia? Se habla mucho de la enorme cantidad de recursos disponibles para financiar proyectos amigos del medio ambiente y del desarrollo creciente del mercado de certificados de reducción de emisiones.

Pero al parecer la llegada a Colombia de estos dineros camina lentamente. En la oficina de Naciones Unidas en Bonn solo hay seis proyectos colombianos elegibles para emitir certificados negociables de reducción de emisiones, los CER (Certified Emission Reductions). Mientras tanto, Chile tiene 18, Argentina 10, Honduras 10 y Ecuador 9. Esto para no hablar de los verdaderos profesionales mundiales en la formulación de proyectos limpios: India con 267, Brasil con 113, China con 92, y México con 87.

En Colombia hay 65 proyectos en trámite de inscripción, pero el camino que tienen por recorrer para conectarse al mercado de los CER es largo. Muchos proyectos, como los forestales, no tienen una metodología aceptada por Naciones Unidas para medir la reducción de emisiones.

Para Juan Carlos Caycedo, de la firma de consultoría Caema, parte de la dificultad para llegar a Bonn está en la lentitud del registro que hace el Ministerio de Ambiente. "La aprobación nacional es un proceso lento, más bien caótico y subjetivo", afirma. Se queja de lo arbitrarias que pueden ser las decisiones. Afirma que cualquier persona que sea llamada para dar un concepto sobre un proyecto, puede retrasar un trámite por años.

Pero incluso si se aceleraran los trámites en el Ministerio, hay otras dificultades. Colombia tiene fuentes de energía relativamente limpias, y eso reduce mucho el número de proyectos potenciales para obtener certificados. En el país no se usan masivamente aire acondicionado ni calefacción, y la generación de electricidad se hace fundamentalmente con plantas hidráulicas y no con térmicas de carbón o derivados del petróleo.

Además, para recibir certificados, explica el director ejecutivo de Cecodes, Santiago Madriñán, los proyectos deben ser 'rentables con adicionalidad', es decir, que no sean financieramente viables sin el dinero de los certificados. Esto descalifica otros cuantos programas. Pero entonces, ¿será hora de olvidarse de este mercado? Probablemente no.

Razones para insistir

El calentamiento global ya llegó. "Hay suficiente evidencia científica para señalar que el clima se está calentando por la acción humana, sobre todo al quemar combustibles fósiles y destruir los bosques", le dijo a Dinero Irving Mintzer, director del World Business Council for Sustainable Development en Washington y miembro del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, Picc. El calentamiento de los últimos cincuenta años es inusual en el período que abarca los últimos 1.300 años. Además, el fenómeno no se detendrá.

Pero todo esto, en últimas, ¿qué implicaciones tiene? "No significa que desaparecerá la vida en el mundo. Sobreviviremos. Sin embargo, tendremos un planeta diferente al que hemos conocido desde que comenzó la civilización", concluye Mintzer. Las tormentas y las sequías son una alerta temprana de un peligro inminente, y quizás de fenómenos más graves.

Este escenario de Armagedón tiene disparado el interés en programas ambientales y el atractivo del mercado de los CER. Las propuestas se han vuelto más grandes. Mientras en 2005 los proyectos potencialmente elegibles para obtener CER ahorraban 400 millones de toneladas de CO2 (mtCO2), en 2006 ahorraron 563 mtCO2, le dijo a Dinero Ingunn Storrø, analista de la firma noruega Point Carbon, la más reputada en evaluación de este mercado.

Las transacciones de los CER en el mercado secundario aumentarán 140%, de 40 mtCO2 en 2006 a 96 mtCO2 en 2007 y el valor de los proyectos de desarrollo limpio pasará de 3.900 millones de euros en 2006 a más de 4.000 millones en 2007.

Los precios de los CER en la actualidad fluctúan entre cinco euros y 13 euros por tonelada. Algunos analistas como Thomas Black, de Caema, esperan que el precio de los certificados aumente en 2008, cuando las empresas europeas tengan que empezar a demostrar la reducción de sus emisiones. Otros aseguran que el mercado ya descontó ese hecho y está incorporado en los precios de hoy. No obstante, todos coinciden en que los precios subirán si, como es probable, Estados Unidos, China y el sector de aviación comienzan a demandar certificados.

Hoy los precios son más volátiles que en el pasado. El 25 de abril de 2006 se desplomaron, cuando varios países europeos revelaron datos de emisiones de 2005 y se evidenció que estaban muy por debajo de los niveles proyectados, un indicio de sobreoferta de certificados en el mercado. Con todo, la demanda para los CER colombianos parece interesante porque los compradores los usarían para diversificar su portafolio de certificados que hoy está concentrado en China, India y Brasil. A Colombia además le interesa participar con fuerza en este mercado, porque en el futuro posiblemente se vuelvan elegibles los proyectos que eviten la deforestación, o que promuevan la conservación del agua, áreas en las que el país se puede beneficiar mucho.

Las oportunidades

Para Juan Carlos Caycedo, Colombia tiene buenas oportunidades en cinco actividades elegibles para CER. La primera está en los proyectos de generación de energía eléctrica. "Es el sector del futuro. El país necesita ampliaciones", dice. Se puede aprovechar la financiación de los CER en pequeñas hidroeléctricas, o en proyectos de cogeneración con desechos orgánicos.

La segunda, son los proyectos de mejora en la eficiencia energética. Esto incluye negocios de reducción de consumo, cogeneración o baja del uso de carbón. Estos proyectos pueden ser más atractivos si aumentan su tamaño, al presentarse en grupos de empresas. GasNatural tiene un proyecto sombrilla para convertir a gas a varias ladrilleras, señala Santiago Madriñán.

La tercera, en la reducción de emisiones de metano. Los ganaderos pueden generar biogas a partir de los excrementos de sus animales estabulados. También se puede tratar el metano en producciones como las de azúcar, aceite de palma, arroz, flores y en fincas de café. Fedepalma ya tiene un proyecto sombrilla en el que participan varias empresas. Capturan el metano que se genera en sus piscinas de oxidación y lo usan para generar energía.

La cuarta, son los procesos petroleros. Uno de los más interesantes es el de reinyección de CO2 a los campos en producción, afirma Caycedo.

Finalmente están los rellenos sanitarios, y los proyectos de compostaje, y generación de energía. Estos se pueden implantar en botaderos nuevos, diseñados para facilitar la captura de metano.

Colombia no es el paraíso para los proyectos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, pero con las condiciones actuales en el mercado de CER, no sobra hacer un esfuerzo grande para aprovechar las oportunidades que ofrece.
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