| 10/26/2017 12:01:00 AM

Boston Consulting Group diagnostica la situación empresarial colombiana

El Boston Consulting Group es una de las consultoras privadas más grandes del mundo. Nuno Monteiro, senior partner de la firma en Colombia, hace un diagnóstico sobre la situación empresarial del país. Entrevista.

El Boston Consulting Group (BCG) tiene una larga tradición en las tareas de consultoría empresarial en el mundo. Desde 1963, año en que nació esta firma estadounidense en Boston, ha venido asesorando grandes procesos de transformación empresarial; en todos los casos las firmas que asesora están dentro del top en los rankings empresariales mundiales y locales.

Nuestros clientes hoy en Colombia son las 20 empresas más grandes del país”, señala Nuno Monteiro, senior partner del BCG en Colombia.

De acuerdo con las cifras de la propia consultora, actualmente tienen presencia en 50 países, emplean 14.000 personas en todo el planeta y logran US$5.600 millones en ingresos anuales.

Aunque BCG ha tenido presencia ininterrumpida en Colombia desde la década de los 90, apenas hace cinco años abrió su propia oficina en Bogotá. Al frente de esta operación se encuentra Monteiro, quien, en entrevista con Dinero, explica su perspectiva sobre la situación actual y futura del sector empresarial colombiano.

¿Qué perciben sobre lo que pasa con el sector empresarial en Colombia? Estos han sido años duros.

Hay que separar siempre en estos análisis lo que es la coyuntura de lo que son los factores estructurales. La coyuntura está marcada por el fin del boom de los commodities. Obviamente era de esperar que un país que tenía una fuerte dependencia de los precios de estos productos pasara por un momento de mayor aprieto. Y eso pasó en toda Latinoamérica; Colombia ha sido uno de los países que menos sufrió por esta dificultad. Sin embargo, en un conjunto de sectores empresariales se generaron varias necesidades. Primero, hay unos con necesidades de reestructuración, que es algo que venimos haciendo hace dos o tres años con empresas que están en procesos profundos de reenfoque de actividades.

La otra gran tendencia está referida a sectores que en el mediano y largo plazo se benefician con este proceso de devaluación del peso y que ven una posibilidad de crecimiento de la actividad doméstica industrial y potencialmente también de la actividad exportadora.

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Y por el lado de los aspectos estructurales, ¿Qué ve?

Colombia es una economía de ingreso medio que ha crecido bastante en la última década. Hay una cosa fantástica: se trata de una población muy joven que ha permitido un dividendo demográfico importante. Además, hay una estructura empresarial bastante fuerte de grandes empresas con capacidad de pelearse con las multinacionales en los mercados domésticos e internacionales.

Y todo eso permite que muchos de nuestros clientes sigan apostándoles a proyectos de desarrollo de sus habilidades para poder moverse en un mundo cada vez más competitivo internacionalmente.

Mucho de lo que estamos haciendo es desarrollo de habilidades de go to market, de gestión de ingreso y habilidades de desarrollo digital para traer tendencias de industria 4.0 a sus procesos. Esas son todas cosas que nuestros clientes siguen haciendo.

Somos muy optimistas sobre el desarrollo del país. Hemos llegado directamente hace cinco años y cuando BCG abre una oficina es para quedarse; ha sido una inversión muy importante en el país. Hemos empezado con una oficina chiquita con un socio y hoy en día ya tenemos seis socios trabajando en el mercado.

El tejido empresarial de Colombia mostró mucha fortaleza para enfrentar una revaluación que duró casi una década. Ahora se abren nuevas opciones por la devaluación. ¿Qué quieren hacer las empresas en esta nueva coyuntura?

Separaría los sectores que están más abiertos al exterior y que tienen potencial exportador de otros que por su estructura de costos están más concentrados en el mercado local. Las industrias más abiertas habían sufrido mucho por todo el proceso de apreciación del peso, pues habían perdido competitividad con relación a lo que eran las importaciones.

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Y no hay que olvidar otra cosa: mercados tradicionales de exportación para las empresas colombianas colapsaron o han estado más restringidos, como Venezuela o Ecuador. Por lo tanto, muchas han hecho ese esfuerzo de actualizarse. Esas empresas son hoy en día mucho más competitivas y se nota que ganaron terreno frente a las importaciones y que tienen cómo ser grandes jugadores fuera de Colombia.

En los sectores que no son tan abiertos, ¿qué está pasando?

Hay sectores que por un tema de reducción de inversión pública han sufrido más. Ahí están construcción y otros de bienes duraderos.

A eso se le suma una cierta contracción de la demanda y esas empresas están hoy en procesos de reestructuración para ajustar su base de costos a la nueva situación.

Por otro lado, están invirtiendo en las capacidades que son importantes a futuro. Hay muchas cosas relacionadas con esta ola de cambio digital de introducción de nuevas tecnologías que ayuda en los dos frentes: en competitividad para reducir costos y al mismo tiempo para desarrollar nuevas capacidades.

El país ha tenido buenos flujos de inversión en los últimos años. ¿Qué perciben que está pasando con eso hoy?

Hay que distinguir los dos tipos de flujos: la inversión extranjera directa (IED) y los movimientos de portafolio. Durante el boom ha llegado mucho movimiento de portafolio y el IED ha seguido interesante. Me gustaría separar, porque uno es más de contexto y otro más estructural.

En IED, Colombia tiene la capacidad de ir a buscar inversores extranjeros interesados en el desarrollo del país por todos los factores que he dicho: un dividendo demográfico muy importante, una economía de mediana dimensión que, después de Brasil y México, en Latinoamérica es la tercera, sobre todo con más ventajas de las que ha tenido Argentina en los últimos años.

Todo eso atrae a inversionistas extranjeros a buscar la oportunidad en un mercado doméstico y como una base para la gestión de sus operaciones en Latinoamérica.

¿Qué ha impulsado esta tendencia?

Hay una imagen internacional favorable de Colombia por los buenos empresarios que tiene y porque cuenta con institucionalidad en algunos de procesos. Hay que seguir trabajando en eso. Hay que seguir dando la imagen de ser un buen sitio para la inversión, con garantías y también creo que es positivo mostrar un progresos en la limpieza de procesos de corrupción, pues ese es un tema importante para cualquier inversionista.

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Sí, porque por cuenta de los más recientes escándalos, muchos consideran que este es un país inviable.

No es un país inviable y tiene mucho que dar; obviamente, como todos los buenos alumnos, necesita seguir estudiando para mejorar y creo que en términos institucionales tiene el desafío de seguir mejorando en todo lo que son las condiciones para la inversión tanto para los extranjeros como los locales.

¿Qué destaca de la cultura empresarial en Colombia respecto de la de otros países?

He estado en muchos mercados desarrollados y emergentes. Hay una cosa que me impresionó: en Colombia, comparada con muchos mercados emergentes, hay bastante institucionalidad en las grandes corporaciones colombianas.

Se nota que los referentes adoptados por las empresas colombianas son los grandes referentes internacionales: sus preocupaciones sobre cómo adquirir habilidades de los ejemplos de grandes multinacionales o cómo se garantiza un gobierno corporativo de excelencia.

Eso es algo muy positivo. Hay otra cosa, y es que también son empresas que están conectadas con el entorno social en el que se mueven; esa es una conexión importante y eso es algo que no se ve en muchos mercados.

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