| 7/1/1993 12:00:00 AM

Bogotá, el suburbio de una duda inexistente

El deterioro de Bogotá es dramático y está a la vista de todos.

La calidad "de vida urbana tiene implicaciones de DINERO en los individuos y en las empresas, pues los problemas de nuestra ciudad repercuten muy negativamente en los costos que unos y otros deben asumir. Si la clase empresarial de nuestra ciudad no se "pone las pilas", como lo ha hecho en Otras ciudades del país, el futuro, por increíble que suene, será peor que el presente. Los temas son muchos porque los problemas son innumerables.

Los romanos llamaban "suburbios" a los nuevos desarrollos extramuros que aún no calificaban para ser "urbe". Si hoy visita uno cualquier ciudad europea, se encuentra que más de dos mil años de civilización urbana han generado notables diferencias con nuestras ciudades andinas, que se aprecian, más que en imponentes palacios O catedrales, en el llamado "espacio público" que es la parte de la ciudad que más contribuye a que ésta sea, precisamente, una ciudad y no una caótica aglomeración de edificaciones.



En Bogotá es lamentable el estado de ese espacio público que, al igual que las mujeres ídem, está completamente prostituido. Nuestra ambición tropical de parecernos a una ciudad europea ahora sí se cumple, pues Bogotá está igual a Berlín O a Colonia, pero modelo 1945 al terminar la guerra: cráteres, más que huecos, como los de las bombas, montones de escombros viejos de demoliciones y escombros "nuevos" de todas las Obras que invaden las vías, y todo esto ante la vista impasible de las autoridades y de todos los ciudadanos.

No es posible caminar más de unos pocos metros sin estrellarse con casetas de vendedores o sin pisar relojes y chucherías exhibidos sobre tapetes en el suelo. Sobre las aceras estacionan automóviles, de tal forma que también Ocupan, con sus colas salidas, un carril del tráfico, y se tropieza uno con basura desparramada, basura en bolsas y tierra en bolsas, pues Bogotá es la única ciudad del mundo en donde empacan en talegos plásticos la tierra de las calles (¿más material no degradable para los rellenos sanitarios?). Mientras en otros países las "olas verdes " son instrumentos para agilizar el tráfico, aquí son de kicuyo sin podar en años, que invade las aceras y los parques; cuando no se topa uno con locos, atracadores, mendigos o raponeros, debe esquivar ladrillos arrumados, andamios y muchas veces obreros que embisten al peatón con carretillas o motociclistas que prefieren transitar por las aceras.

Si las aceras están mal, las calzadas para automóviles son un desastre total, pues además de lagunas donde se ahogan los carros, hay zanjas abiertas por las empresas públicas y nunca reparadas, "policías acostados" medio destruidos y "deposiciones" de concreto que van dejando a su paso las mezcladoras. Y donde hay pavimento, está tan ondulado que a veces se pierde de vista el auto de adelante. ¿Qué haría en Bogotá el funcionario inglés encargado de colocar en los caminos de ese país el consabido letrerito "Bump ahead"?

En todas las avenidas hay "pasacalles" invitando a bazares, pendones colgados de los postes de la luz anunciando apartamentos y toda clase de vallas publicitarias que muestran mujeres "ídem" con las nalgas al aire, así sean avisos de cigarrillos o de gaseosas, de cuentas de Upac o de candidatos al Concejo. ¡Y pensar que uno puede pasearse días enteros por Barcelona, Turín, Berna o Lyón y no encuentra un solo aviso distinto de las señales de tráfico, que aquí son casi inexistentes!

Hay otros atropellos más sutiles del espacio público, perpetrados por firmas serias y por arquitectos de nombre que es mejor no nombrar: los edificios que violando las normas urbanas, sin autorización distrital o con ella, se apropian del espacio de los demás ciudadanos. Y lo hacen no sólo cuando físicamente edifican en una zona verde o exceden en muchos pisos la altura de sus vecinos, sino cuando construyen moles imponentes hasta el borde de los lotes y arrinconan a los pobres peatones contra la calzada, en vez de acogerlos en aceras más anchas.

Pero, ¿porqué llegamos a este estado si hace apenas 30 años Bogotá no era así? Pienso que la culpa es únicamente de los bogotanos que se marginaron de lo que ocurre de puertas para afuera y se encerraron en sus casas y conjuntos detrás de rejas, perros y guardias, olvidando que el espacio público también es suyo y que lo deben cuidar y defender de todos estos vandalismos. Diariamente los ciudadanos salen de su "jaula dorada" y se aventuran en un terreno hostil, donde no solamente pueden perecer atropellados por un bus "hijuecutivo" o ahogarse en una alcantarilla abierta, sino que corren el riesgo de morir abaleados o víctimas de una explosión de bomba... ¡O de rabia!

Los bogotanos raizales se hicieron a un lado y le entregaron el "suburbio" a otros igualmente irresponsables. Y además se encargaron de elegir a los más ineptos y corruptos para administrarlo. Los politicastros de todas las raleas no han hecho otra cosa que engañar a los ciudadanos con promesas que no cumplen. Para citar sólo un ejemplo reciente, ¿qué explicación tiene que el actual alcalde no haya hecho nada en dos años y salga ahora a defender el engendro de la valorización general cuando su principal bandera de campaña fue oponerse a ella?

Los habitantes de esta capital tenemos que hacemos cargo de la ciudad y administrarla. Necesitamos un alcalde bogotano que esté dispuesto a trabajar diez años continuos sin pensar que está en el camino a la presidencia de la República, porque, paradójicamente, ni por orquestas, ni por maletines de Fonseca, ni por carcelazos, ni siquiera por absoluta ineptitud, se pierden en Colombia las opciones políticas después de haber pasado por la alcaldía de Bogotá. Y éstas se aumentan notoriamente si los candidatos a más altas posiciones pueden mostrar en la hoja de vida su paso por el Concejo como promotores de "suburbios" piratas.
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