| 3/3/2016 12:00:00 AM

El Valle ve nacer un nuevo y poderoso negocio agrícola

El Valle del Cauca se puede convertir en un poderoso clúster de frutas y hortalizas. Bengala, de la organización Riopaila Castilla, inició el proyecto de piña y tiene en su portafolio el desarrollo de cultivos de mango y aguacate. ¿Una iniciativa disruptiva para el posconflicto?

En medio de un mar de caña de azúcar, en el Valle del Cauca se está abriendo paso un nuevo y poderoso negocio que podría transformar al sector exportador agrícola en el país. Inicialmente, en cerca de 500 hectáreas se realiza el proceso de cultivo, cosecha y embalaje de piñas tipo gold de alta calidad que hoy atiende parte del mercado nacional y ya llega a destinos en Europa y otros como Chile, en América Latina.

Se trata de Bengala, una iniciativa del negocio agrícola de la organización Riopaila Castilla, para el cultivo, cosecha y exportación de productos hortifrutícolas, que empezó con la producción de piña y ya está en las primeras aproximaciones al desarrollo de mango y de aguacate Hass y que tiene también en su portafolio el cultivo de cítricos.

“Es la primera siembra de piña de manera industrial, con el objetivo de llevarla a los mercados internacionales. Es calidad de exportación y su paquete tecnológico fue traído de Costa Rica, país que exporta casi 60% de la piña en fresco en el mundo”, explica Gustavo Barona, gerente del negocio agrícola de Riopaila Castilla.

Lea también: Tecnología aplicada a la productividad del campo colombiano

La idea es desarrollar cerca de 1.100 hectáreas de piña a 2018 y llegar –un año después– a 1.400 para sostenerse en esas áreas de cultivo los años siguientes. Para lograrlo, además de las tierras propias de este conglomerado agroindustrial –500 hectáreas– las restantes 900 van a llegar por terceros a los cuales asesorarán y apoyarán –incluso económicamente–, entregarán la semilla y, si mantienen la calidad del producto, les comprarán la cosecha.

El proyecto inició hace un par de años, pero en 2015 fue su despegue, con una producción de 12,7 toneladas de piña e inversiones cercanas a los $50 millones por hectárea, unos $25.000 millones. Para este año llegará a cerca de 20 toneladas y el objetivo es alcanzar los 700 contenedores, cuyo valor podría acercarse a los US$5,7 millones. En 2020 la meta es superar las 70 toneladas de producción. En ingresos, los cálculos también son interesantes: para 2016 espera alcanzar ventas por cerca de $30.000 millones y en 2020 superar los $100.000 millones.

Esta, sin duda, es una de las apuestas más interesantes y disruptivas de los últimos años en materia agrícola en el país, por varias razones: primero, a nivel nacional, la posibilidad de iniciar el desarrollo de un clúster de la piña en el Valle y Cauca que permita comparar las áreas sembradas con las que tiene hoy Costa Rica y transformarse rápidamente en una de las exportaciones del país más importantes en volumen de frutas después del banano.

Segundo, dentro de lo social, el proyecto se está desarrollando en una de las zonas de mayor tensión del conflicto armado –entre Pradera y Florida (Valle) y Miranda (Cauca)– áreas con influencia de la guerrilla de las Farc y que en el pasado fueron planteadas como zonas de despeje. Ahora Bengala se abre paso como uno los proyectos que mayor papel protagónico puede tener en un escenario de posconflicto. Y, tercero, en lo estratégico, pues desde el punto de vista empresarial para Riopaila Castilla se convierte en la posibilidad de diversificar sus negocios, hoy concentrados en el campo azucarero e ingresar al mercado de hortalizas y frutas.

El proyecto también avanza en medio de un escenario agrícola de incertidumbre, pues todavía hay muchas dudas sobre el marco regulatorio del sector. Por ejemplo, la recién sancionada Ley Zidres todavía no ha sido reglamentada. De otra parte, la negociación agrícola en los diálogos de paz en La Habana aún parece tener temas entre el tintero, a pesar de que fue el primer punto de la agenda. Finalmente, los empresarios están a la espera del impacto que tenga el ajuste tributario que presentará el Gobierno; la preocupación es que después de la reforma de 2014 la tributación empezó a llevarse cerca de 50% de las utilidades.

La jugada

A pesar de algunas sombras en el entorno, la apuesta ha tomado cada vez más forma. Hace apenas unas semanas, Julián Rojas, jefe de diversificación frutícola, y Mauricio López, jefe de mercadeo de Bengala, participaron en Berlín, Alemania, en la feria logística de fruta y se encontraron con un mercado en crecimiento. “Nos reunimos con el CEO de Dole, el gerente global de esta empresa en piña, y también con el de Delmonte, porque ya tienen a Colombia en el radar de la piña en el mundo”, señala Rojas.

Muchas de las iniciativas de exportación de productos agrícolas en Colombia no se han consolidado. ¿La razón? Lo más importante, además de llegar a un mercado superando escollos fitosanitarios y arancelarios, es sostener la oferta. De nada sirve, como advierte Rojas, llegar una o dos veces y desaparecer, pues el mercado exige volumen. “Eso se logra con siembras cronológicas semana a semana para obtener producto semana a semana, como lo estamos haciendo en Bengala”, dice.

En 2012 Colombia ocupó el puesto 33 en la venta de piña en el mundo, en un sector dominado por Costa Rica, que exporta 58% de producto fresco y tiene 40.000 hectáreas cultivadas. Le sigue Tailandia, con 11%, pero ese es un productor muy enfocado en la elaboración de procesados.

Se calcula que Colombia tiene unas 15.000 hectáreas de piña. Una de las variedades más relevantes es la gold, de la cual el país puede alcanzar unas 3.500 hectáreas sembradas, con nichos de producción en el Eje Cafetero, Valle del Cauca, algunas zonas de la Costa Atlántica y los Llanos.

Sin embargo, con el desarrollo de Bengala, la meta es aún más ambiciosa. En el occidente se puede conformar lo que se denomina la ruta de la piña: Palmira, Pradera, Florida y Miranda. “Podemos tener un complejo frutícola de unas 30.000 hectáreas sembradas en piña y ser tan fuertes como Costa Rica, solo en este corredor”, dice Rojas.

Varios son los efectos que ha tenido este proyecto en el cultivo de piña. Por un lado, la productividad se ha elevado a estándares internacionales de entre 110-115 toneladas por hectárea al año, cuando el promedio en el país está por debajo de las 100, y se ha ajustado a los requerimientos del mercado internacional con piña dulce y de alta calidad, con un peso de 1,8 kilos en promedio.

Por otro lado, la estrategia ha sido establecer el cultivo de la piña en zonas donde la caña es un cultivo marginal; es decir, hay suelos donde la caña no expresa un potencial agronómico, pero en sentido contrario la piña no es tan exigente y en esas zonas donde la caña se queda baja, la piña ha mostrado su potencial. Además, permite que sea mecanizable, cuando otras producciones en lomas y laderas no lo pueden lograr. “Productividades por debajo de 100 toneladas por hectárea en azúcar son las que hemos buscado para el proyecto hortifrutícola”, dice Oscar Marulanda, miembro de la junta directiva de Bengala.

Uno más ha sido el tema de empleo. A raíz del paro de corteros de caña de hace unos años, todos los ingenios comenzaron a tecnificarse a una velocidad mucho más rápida, llegando a indicadores de un empleo por cada 30 hectáreas sembradas en caña. Este proyecto de piña permite diversificar hacia un cultivo que genera más mano de obra –un empleo por cada hectárea–, que está permitiendo absorber a muchos de esos corteros, pues ya son más de 500 empleos directos sin contar los indirectos.

Finalmente, en medio de una zona tan caliente, no solo por el clima y el efecto del Fenómeno del Niño, que está poniendo mayores tensiones a los cultivos, sino por el orden público, hay una óptica adicional para ver el negocio. “Riopaila Castilla como empresa es consciente de que va a tener en algunas de las áreas donde hay problemas de orden público y tiene que tomar medidas. Pero una de las medidas no es salirse de la zona. Tiene que entender el contexto socioeconómico de la región para que no se convierta en un caldo de cultivo de actividades ilícitas sino que nosotros podamos colaborar con la generación de empleo, adelantar nuestros proyectos, tener un beneficio económico y darle a la comunidad el bienestar necesario”, dice Mauricio Botero Caicedo, miembro de la junta de Riopaila Castilla y Bengala.

Encontrar nuevas empresas en Colombia no es una tarea fácil y menos en un sector tan complejo como el agrícola. Si bien Bengala es una nueva apuesta de una poderosa organización empresarial, avanza con vida propia y una interesante dinámica de crecimiento, sin mecanismos de protección y buscando la forma de llegar a los mercados internacionales. Es hora de tener más bengalas que ‘iluminen’ el desarrollo empresarial del país.

1| El cultivo

En 500 hectáreas propias, Bengala está desarrollando la etapa inicial del proyecto de piña. El objetivo es vincular cerca de 1.000 bajo el modelo de tercerización.

2| Empleo

A diferencia del cultivo de caña, en el que se requiere un trabajador por cada 35 hectáreas, en piña es un empleo por hectárea.

3| y 4| Cosecha

En unas bandas, los cultivadores recogen el fruto con la menor manipulación posible y lo depositan en unos contenedores.

5| y 6| Cultivo

Una de las tareas frente a los mercados es tener volumen y disponibilidad de producto. Son siembras cronológicas para tener fruta semana a semana.

7| Acondicionamiento.

Las piñas llegan a la planta y allí son lavadas en un tanque de agua antes de iniciar el proceso de acondicionamiento para llevarlas a los mercados externo e interno.

8| y 9| Alistamiento

En un sistema de cajas automatizado se alistan las cajas y luego los pallets de las piñas que serán enviadas al mercado internacional, en una cadena de frío, y también al mercado local, tras el proceso de selección.

La visión

¿Cómo se articula Bengala en la estrategia de Riopaila Castilla?

En 2018, Riopaila cumplirá 100 años, periodo en el que el foco ha sido azucarero ¿Qué representa Bengala? Según Óscar Marulanda, miembro de la junta directiva de la compañía, el objetivo es “diversificar el ‘riesgo azúcar’ para el grupo no solo con piña sino con todo el sector hortifrutícola. Y el grupo, además, está haciendo un esfuerzo grande de diversificación, no solo en productos sino también en regiones, y de ahí surge el interés de irnos a la altillanura. En el Valle está muy limitado el desarrollo de proyectos y productos sobre tierra, que está muy cara y saturada”, dice.

Por su parte, Mauricio Botero Caicedo, también miembro de la junta, va más allá: “Si uno pudiera hablar de una mesa, Bengala va a ser una de las patas fundamentales. Riopaila está buscando este sector de los productos frescos y la expansión a través de Bengala. También tenemos interés en la energía a través de medios renovables como biocombustibles y ojalá biotecnología. Esta sería la segunda pata.

La otra es el negocio tradicional, buscando eficiencias y mayor productividad, pero en un tema que no vemos mayor crecimiento, que es la parte azucarera. Y la última, que con la Ley Zidres se despejó el panorama para la inversión en la altillanura; miraríamos la producción de maíz y soya para reemplazar en parte las importaciones”, puntualiza. En 2014, Riopaila Castilla tuvo ingresos por $737.362 millones, 16,9% más que un año atrás, y en su negocio agrícola las ventas se acercaron a los $37.000 millones.

No solo producto frescoEn los próximos meses la empresa empezará a sacar productos agroindustriales a partir de la piña, con maquilas realizadas por grandes empresas. Estos son algunos ejemplos.

Con Projugos, de Postobón, está maquilando un producto como materia prima para la agroindustria alimentaria que entrega en bolsas asépticas y tambores metálicos, con una vida útil muy larga, por ejemplo para procesar salsas.

Otro desarrollo es el de la compota, que se está haciendo con Casa Luker en Chinchiná. En el mercado no hay compota de piña y la idea es hacer una mezcla con la base de piña en 70%.

En Yumbo, con una empresa alemana, está fabricando un producto que queda tras un proceso de secado por atomización, y se produce un polvo, similar a la leche pulverizada. Este polvo se envió a la planta de Colombina y se logró un masmelo con un sabor 100% a piña sin adición de azúcar. También, con este producto está trabajando en el desarrollo de suplementos vitamínicos.

De la misma forma, avanza en el desarrollo de productos deshidratados y liofilizados y está a punto de concretar una alianza para producirlos, al igual que en néctares, pero bajo el concepto funcional con cristales de aloe vera, por ejemplo. Productos tradicionales como mermeladas, trozos y rodajas en almíbar, también hacen parte de la oferta, no solo en empaques al detal sino también en presentaciones grandes para el mercado institucional.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?