Barrera de acero

| 5/17/2002 12:00:00 AM

Barrera de acero

La industria del acero ha vuelto al centro de las decisiones en política comercial en el mundo. Estados Unidos impuso una salvaguardia de 30% para las importaciones de acero a ese país. Su decisión desató un duro enfrentamiento comercial con la Unión Europea, que está poniendo a prueba la validez de los mecanismos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y generó una cadena de retaliaciones en muchos países, pues México y Venezuela han aplicado salvaguardias desde octubre y abril, respectivamente. Colombia también está a punto de aplicar una medida de este corte, que elevará los precios del acero importado en 10%.



El sector siderúrgico colombiano, que en los últimos años ha atravesado un proceso de reorganización industrial, se ve afectado así por unos movimientos drásticos en el entorno internacional en que se mueve. La salvaguardia impuesta por Estados Unidos señala un punto de inflexión en la trayectoria que lleva el mundo hacia una mayor integración comercial. Los optimistas dicen que esta salvaguardia es el precio que ha pagado la administración Bush para lograr que el Congreso de su país apruebe el llamado Trade Promotion Authority, la autorización que permitirá al Presidente firmar acuerdos comerciales con otros países sin que su texto pueda ser modificado por el Legislativo. Esto allanaría el camino para que se completen las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y también para el éxito de una nueva ronda de negociaciones en la OMC.



Los pesimistas, en cambio, ven en la protección al acero un serio retroceso para el libre comercio. Europa ha amenazado con aplicar aranceles adicionales sobre una serie de productos provenientes de Estados Unidos, con el fin de contrarrestar el daño. Cada parte insiste en que la otra está violando los mandatos de la OMC. Si los mecanismos de solución de controversias del foro multilateral salen debilitados de esta prueba, el libre comercio en el mundo se vería seriamente perjudicado.



Colombia es afectada desde varios ángulos. La legislación que autorizaría al presidente Bush a negociar acuerdos comerciales también incluye la aprobación de las preferencias andinas ATPA. Así, la industria siderúrgica colombiana tendrá que moverse en un terreno de grandes intereses internacionales, donde los límites entre problemas de sector y problemas de país tienden a desaparecer. El nuevo entorno plantea peligros, pues las variables críticas para la gestión empresarial quedan por fuera del control de las compañías. Pero también encierra oportunidades, si los empresarios aprenden a leer la situación, se unen y juegan para el largo plazo.



Montañas de acero



En este momento, cerca de 80 millones de toneladas de acero buscan comprador en el mundo. El exceso de oferta se ha acumulado por diversas razones, desde el redireccionamiento de países como Ucrania y Rusia, que ahora están volcados al mercado civil, hasta la recesión internacional, que ha afectado la demanda en todo el mundo.



La salvaguardia de Estados Unidos aparece en un escenario en el cual la industria siderúrgica estadounidense no es competitiva. La producción de una tonelada de acero de sus acerías integradas supera los US$450, mientras que en otros países como Brasil, Corea o algunos de la antigua cortina de hierro, la cifra varía entre US$300 y US$350.



Rusia será uno de los productores más afectados por la medida. Tiene una producción de 57 millones de toneladas de acero y su consumo interno es de 23 millones. El excedente es exportado, en especial al mercado estadounidense. A su vez, Asia produce 332 millones de toneladas y consume 338 millones. Aunque el efecto regional no sería tan dramático, algunos países como Taiwan o Corea quedarían con cerca de 13 millones de toneladas de excedente para comercializar.



El nivel normal de importación de Estados Unidos supera los 33 millones de toneladas de acero anuales. Con la salvaguardia, gran parte de ese producto tendrá que buscar nuevos destinos. "La industria siderúrgica no puede parar. Eso significa que los grandes productores siguen fundiendo acero y vendiéndolo, incluso a costos marginales", explica un consultor del sector.



Eso explica la reacción internacional. En junio de 2001, Estados Unidos anunció la decisión de estudiar una revisión de los aranceles sobre el acero. Tan solo tres meses después, México aumentó sus aranceles a 25%. Luego Venezuela hizo lo mismo y los subió a 30%. Ningún país quiere quedarse como el último mercado desprotegido sobre el cual se volcará la sobreproducción mundial de acero.



El consumo de acero en Colombia es de cerca de 1'200.000 toneladas, de las cuales importa unas 500.000. Esto pone a Colombia en una situación contradictoria. Por un lado, el país es vulnerable, pues si uno solo de esos millones que buscan destino se desvía hacia aquí, la industria siderúrgica nacional se vería en serios aprietos. Por otro lado, puesto que las importaciones son sustanciales, una salvaguardia puede causar serio daño a la cadena metalmecánica.



Al cierre de esta edición, un decreto de ajuste arancelario temporal aguardaba la firma del presidente Andrés Pastrana. Los aranceles subirían 10 puntos. Los productos de menor valor agregado, que tienen un arancel de 5%, pasarían al 15%, y los de 10% al 20%. Además, se crearían unos cupos para las industrias cuya materia prima es importada, de tal manera que no paguen aranceles adicionales sobre un volumen similar al de las importaciones pasadas (ver recuadro).



Un sector en transición



Esta coyuntura se presenta en medio de un reacomodo del sector en Colombia. El modelo de la industria se desarrolló sobre una estrategia de separación geográfica. Cada región tenía una planta: Boyacá, Valle, la Costa, Cundinamarca y Antioquia, entre otras, tenían una industria relacionada con el acero.



Pero en los últimos años, el Grupo Siderúrgico Diaco tomó una iniciativa que cambió el perfil del sector, al comprar plantas regionales y reorganizar la producción y los mercados. A finales del año 2000, compró Siderúrgica de Medellín S.A. (Simesa). Con esto completó un portafolio en el que ya figuraban Sideboyacá, Sidemuña, Sidelpa y Sidecaribe. Además, adquirió el 50% de Laminados Andinos.



Para que el modelo sea eficiente, una planta semi-integrada como estas debe producir más de 300.000 toneladas al año. Por eso, Diaco decidió cerrar tres de esas compañías (Sidecaribe, Sidemuña y Simesa) y concentrar su operación en Sideboyacá, que produce 300.000 toneladas al año. Además, especializó la producción de Sidelpa en aceros para mercados de nicho, que exporta a Estados Unidos y a algunos países de Asia.



Más adelante en la cadena aparecen otros jugadores como Acesco, Tubo Caribe o Tubo Colmena. Estas empresas importan buena parte de su materia prima, para desarrollar aceros con mayor valor agregado que en muchos casos se destinan a la exportación. Tubo Caribe, por ejemplo, se ha especializado con gran éxito en el negocio de tubería petrolera; en este nicho específico, tiene casi el 40% del mercado de Estados Unidos.



Acesco cambió su estrategia, se reubicó geográficamente y se internacionalizó. Es uno de los principales proveedores de láminas de acero para la región andina, el Caribe y Centroamérica. Acaba de comprar el 60% de Venture Steel, una planta en Puerto Rico con la que atenderá ese mercado. En el mediano plazo, su objetivo es producir acero en la parte continental de Estados Unidos.



¿Cómo jugar?



Es posible que Colombia necesite aplicar una salvaguardia de corto plazo. "La salvaguardia evita que la desviación de comercio inunde nuestro mercado y lo distorsione", explica Juan Manuel Lesmes, director de la Cámara Fedemetal de la Andi.



Pero sería un error que la estrategia del país se quedara ahí. El acero tiene que aprender a moverse en este nuevo entorno internacional y aprovechar las ventanas de oportunidad que ofrece.



Sería un error limitarse a dar un aire, apenas temporal, a industrias ineficientes como Paz del Río, que tendrían el mejor escenario para subir precios. La ineficiencia crónica la paga la cadena de valor. Por ejemplo, hace un mes Paz del Río tuvo un problema en su tren de laminación en caliente y no pudo entregar ni un kilo de producto. "En un mercado deficitario como el colombiano, es muy complejo depender de un solo proveedor", asegura un empresario.



El nuevo entorno internacional ofrece oportunidades, si las cosas se miran con una perspectiva más amplia. Muchas de estas empresas del sector metalmecánico podrían encontrar en Estados Unidos un interesante mercado de destino. La razón es que la salvaguardia que aplicó ese país genera lo que se conoce en términos técnicos como una protección negativa para su sector transformador, pues aunque los costos de su materia prima subirán en un 30%, los productos terminados aumentan menos. "Si se tiene en cuenta que la materia prima representa más del 50% del valor total del producto transformado, este sector va a quedar desprotegido", según un empresario. La oportunidad está en que muchos productos provenientes desde Colombia no están cubiertos por la medida. Adicionalmente, empresas como Sidelpa, cuya participación no supera el 3% del mercado de Estados Unidos, tampoco quedan cobijadas por la salvaguardia.



Para la siderurgia, este es el momento de pensar con una perspectiva de región latinoamericana con miras al ALCA y presentarse ante Estados Unidos con una estrategia conjunta. En los últimos años, el Instituto Latinoamericano de Hierro y Acero, Ilafa, ha planteado la importancia de entrar al ALCA con una posición conjunta. Todos los países, con sus industrias, gremios y gobiernos, han apoyado esta iniciativa.



Sin embargo, a la primera voz de alerta, como las salvaguardias de Estados Unidos, cada uno salió a su defender su territorio. Aunque Colombia insistió en que la medida debería ser tomada por la Comunidad Andina, los intereses particulares pudieron más que los generales. Ecuador, por ejemplo, decidió no participar de esta iniciativa porque, al no tener una industria siderúrgica fuerte y ser un país transformador, considera que puede comprar acero a bajos precios para procesarlo. Desde allí podrían ingresar aceros a Colombia e incluso a Venezuela.



A pesar de estas decisiones individuales, aún hay tiempo para retomar el rumbo. Varios empresarios colombianos se han reunido con sus homólogos de países de la Comunidad Andina, en el marco del comité siderúrgico de la región, para insistir en organizar el mercado.



El acero es un producto estratégico en cualquier país, pues de él dependen la manufactura y la construcción. Por ese motivo, siempre será un mercado fuertemente intervenido. Pero incluso en medio de esa tendencia, los latinoamericanos deberían presentar un frente común en un mercado ampliado, identificando las áreas en las que los distintos países son complementarios y aprovechando el escenario internacional de negociaciones para construir mercados más amplios. "Latinoamérica tiene una industria siderúrgica importante. Si los esfuerzos de la CAN y Mercosur se unen, estas regiones podrían, de cara al ALCA, volverse proveedores del mercado estadounidense, por encima de países asiáticos o europeos. La tarea ahora es organizarnos regionalmente y complementar nuestras industrias en un verdadero gana gana, para enfrentar ese proceso", asegura un empresario colombiano. El reto está en ser capaces de jugar en las grandes ligas con estrategias ambiciosas, apoyándose en los mecanismos de negociación entre gobiernos y en alianzas estratégicas entre empresas de diversos países para participar en mercados más grandes, en lugar de quedarse en aprovechar la protección para alargar la vida de modelos que están condenados a desaparecer.







La medida

En los primeros días de abril, la Comunidad Andina de Naciones autorizó a Colombia a elevar sus topes de aranceles para los capítulos 72 y 73, donde se ubica el grueso de los productos siderúrgicos. Aunque al cierre de esta edición el decreto que reglamenta esta autorización aún esperaba la firma del presidente Andrés Pastrana, quedó claro que el principio básico de la medida es defender la producción nacional de una eventual desviación de acero, ante el cierre de importadores como Estados Unidos o México.



Con la decisión, que cubre 111 subpartidas arancelarias, se aumentaría en 10 puntos el actual arancel de los productos importados. Es decir, los que estaban en 5% quedarían en 15%, los que estaban en 10% pasarían a 20% y algunos muy pocos productos llegarían a 25%. Además, para cubrir el déficit del mercado colombiano, a los productos que no se fabrican en el país y que tampoco se producen en la subregión andina no se les aplicaría este arancel. Así mismo, para no afectar la cadena, el decreto establecería unas cuotas de importación para productos metalmecánicos que necesitan importar materia prima. En este sentido, los fabricantes locales que tienen un historial comprobado de importaciones para el desarrollo de sus productos, podrían seguir importando el equivalente, sin alza de aranceles.



Esta es una medida temporal de 3 meses, prorrogables otros 3 y con una tercera posible extensión de 2 meses más. Pero este tiempo corre a partir de la autorización de la CAN y no de la expedición del decreto. Esto quiere decir que si la aprobación fue hecha en abril, y aún casi a mediados de mayo, no había sido firmado el decreto, el país ha perdido en la protección de su mercado del acero cerca de mes y medio.
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