| 3/16/1998 12:00:00 AM

Ascenso y caída de Mario Conde

Anteriormente conocido como el "nuevo empresario para la nueva España", este banquero pasará por lo menos los próximos cuatro años y medio en la cárcel.

Cuando Mario Conde descendió de su BMW azul el pasado 26 de febrero llevaba un impecable vestido italiano y el cabello peinado con gomina hacia atrás, como siempre. Se dirigió al ejército de cámaras y micrófonos con la seguridad de un hombre acostumbrado a ser el centro de atracción, curtido en el manejo de los periodistas. Pero esta vez no iba a navegar con el Rey. No llegaba a una fiesta de sus amigos del jet set ni a una reunión de políticos de derecha para inventar formas de sacar del poder a Felipe González. Entraba a la Corte para ver cara a cara a los hombres que lo enviarían a la cárcel por cuatro años y medio, para que responda por un fraude de más de US$5 millones contra el Banco Español de Crédito, Banesto.



Conde, quien había sido el hombre de negocios más admirado de España y se había convertido en símbolo de la transformación de ese país en una moderna economía europea, enfrentaba acusaciones por siete delitos, relacionados todos con la canalización de fondos del banco hacia sus cuentas personales y las de sus amigos. Se trataba del final de una era.



Más allá de la ficción



Hijo de un aduanero y un ama de casa, Mario Conde nació en 1948 en Tuy, pequeño pueblo en la provincia de Pontevedra. Cuando era niño, su padre fue transferido a un lejano pueblo acusado de aceptar sobornos de los contrabandistas. Conde se crió en la pobreza.



A los 18 años entró a una universidad de los jesuitas, cerca de Bilbao, para estudiar Derecho. Mario hallaba tiempo para escaparse a Bilbao, tocar el tambor en una banda de rock, ser el puntero izquierdo del equipo de fútbol y participar en desfiles de modas en pasarela. Encontró una manera de hacer dinero extra vendiendo sus apuntes, muy valorados por sus compañeros por su organización y precisión. Se graduó como el primero de su clase.



A los 21 años conoció a Lourdes Arroyo, con quien se casó en 1973. La pareja se trasladó a Madrid. En marzo de 1976 se convirtió en Director General Adjunto de una pequeña compañía farmacéutica, llamada Laboratorios. Para 1980 la pareja tenía su propia casa y pasaba los veranos en Mallorca, donde Mario descubrió el segundo amor de su vida: navegar.



En septiembre de 1983, Conde convenció al dueño de Laboratorios, Juan Abello, de vender la empresa fundada por el padre de éste al gigante multinacional Merck, por US$28 millones. Juntos trabajaron para absorber otra compañía, Antibióticos. En abril de 1987, después de convertirse en sus mayores accionistas, la vendieron a la multinacional italiana Montedison por US$450 millones, precio que muchos consideraron muy superior al real. La parte de Conde en la venta ascendió a US$132 millones. Las autoridades italianas sospecharon la existencia de una jugosa comisión pagada a grupos políticos españoles e italianos en esta transacción. Abello y Conde juntaron sus ganancias y compraron 3% de las acciones de Banesto y exigieron posiciones en la Junta.



En diciembre de 1987, después de una disputa entre los miembros de la Junta, y pese a las protestas de Felipe González, Conde fue nombrado presidente de Banesto, el tercer banco del país y cabeza de grupo industrial privado más grande de España.



"El hombre que se hizo a sí mismo" era un ejemplo para los jóvenes. Era el nuevo empresario para la nueva España. Pero una vez llegó a la silla del presidente, comenzó a portarse como el dictador de una república bananera. Reemplazó a los miembros de las familias antiguas que estaban en la junta de Banesto con sus amigos y nombró a casi todos los hermanos de su esposa en altas posiciones. Conde y sus amigos se dedicaron a enriquecerse a punta de altos salarios ­que totalizaban unos US$9 millones al año­ y generosas cuentas de gastos. Vendieron todas las compañías de propiedad del banco que pudieron y pagaron comisiones a la familia y a los amigos.



El banco procedió a una agresiva expansión de cartera. Entre 1987 y 1990 ésta se duplicó al pasar de US$10.000 a US$20.000 millones. Tal vez lo más importante para Conde fue la inversión en media docena de medios de comunicación, como la compra del 25% de Antena 3 y el 5% del diario El Mundo, que a todas luces era poco rentable.



El nuevo empresario



Desde Banesto, Conde se convirtió en un personaje nacional. Estaba obsesionado con la idea de convertirse en Primer Ministro. Para medir su popularidad, pagó encuestas que mostraron que el 80% de los españoles lo conocían... y lo admiraban. Cultivar su imagen era un trabajo de tiempo completo.



Visita al Vaticano, almuerzo en el Jockey Club, noche en la ópera. Compró un barco igual al del Rey de España y ganó una importante competencia. Sus vestidos eran confeccionados con paños ingleses y usaba mancornas de oro y relojes Rolex.Se afeitaba dos veces al día para no verse desaliñado nunca.



Poseía dos mansiones en Madrid pagadas por Banesto. Dos grandes fincas, en Sevilla ­era dueño del 1% de la tierra de esa zona­ y en Toledo ­se rumoraba que allí, en su finca de 4.000 hectáreas, practicaba la magia negra en las noches de luna llena­. Sus iniciales grabadas en oro adornaban la puerta principal. Una casa en Mallorca y otra en México, dos fincas en Chile y una en Argentina. Y sus veleros crecieron en igual proporción que su status y su ego. Su primer bote, que apenas flotaba, había sido de segunda y el último fue un velero, de 41 metros, el Alexandra ­el nombre de su hija­, pagado por el banco y avaluado en US$6 millones.



Conde tenía otras obsesiones. Una era su seguridad personal. Su presupuesto para este rubro llegaba a niveles exorbitantes y sus guardaespaldas eran antiguos miembros del Mossad, el servicio secreto israelí. Su otra pasión era el odio contra Felipe González. Conde estuvo conectado con varios complots para derrocar al Primer Ministro socialista.



Conde trabajaba duro, además, para congraciarse con el Rey Juan Carlos, cuyo apoyo sería importante en el evento de que él se convirtiera en Primer Ministro. Como accionista de El Mundo, Conde mantuvo fuera de circulación las fotos del Rey bañándose desnudo en un yate, tomadas por un paparazzi italiano. También compró Epoca, después de que esta revista publicó fotos de una mujer de quien se rumoraba era amante del Rey, para evitar que siguieran avergonzando al monarca.



Pero el Rey conservó su distancia. Aunque adora los relojes caros y únicos, se negó a recibir uno que Conde le había enviado de regalo e hizo lo mismo cuando intentó obsequiarle un velero de US$1 millón. En 1993, durante un período bastante convulsionado políticamente, Conde envió mensajes al Rey en los que le decía que estaría disponible si lo necesitaba para dirigir un gobierno de salvación nacional. Otra vez, respuesta negativa. Luego ofreció nombrar a la hermana del Rey en una posición en el banco. De nuevo: no. Conde nunca pudo engañarlo.



Día de Inocentes



Los líos que terminaron en la caída de Conde comenzaron a aparecer en febrero de 1992, cuando sus amigos filtraron información a El Mundo para perjudicar al gobernador del Banco de España, con el fin de obligarlo a abortar una investigación contra Banesto. La estrategia no funcionó y la primera de tres investigaciones se inició un mes más tarde.



Las políticas de expansión agresiva finalmente habían hecho mella en los estados financieros de Banesto. Las cifras de capital en el balance se mantenían infladas por la autocompra de acciones del banco. El aumento de la cartera comenzó a reflejarse en cartera mala. Conde obtuvo US$700 millones en préstamo de la prestigiosa banca de inversión de JP Morgan, cuyo vicepresidente era su amigo cercano.



El préstamo incluía una prima del 5% para Conde, según Cambio16 España. Para diciembre de 1993, Moody's y otras calificadoras de riesgo habían reducido la calificación de Banesto al nivel más bajo entre los bancos españoles.



Cuando el Banco de España intervino el 28 de diciembre de 1993, el día de los Inocentes, muchos españoles pensaron que era una elaborada broma. Pero cuando la noticia se confirmó, los depositantes sacaron US$1.400 millones. Los auditores encontraron después un desfalco patrimonial de US$4.225 millones. Cuando Conde fue forzado a abandonar la entidad, el banco valía la mitad de cuando se había hecho cargo de ella, seis años atrás.



Se dedicó a escribir. En septiembre de 1994 publicó el libro El Sistema, en el que alegaba que la intervención de Banesto no se debió a su deficiente manejo, sino a un toque ejemplar de las fuerzas que querían frenar las libertades individuales.



El 23 de diciembre de ese año un juez envió a Conde a la cárcel. Estuvo allí cerca de un mes y salió a buscar venganza. Encontró su instrumento en el coronel Juan Perote, quien había sido jefe de misiones especiales del Centro Superior de Información para la Defensa, CESID ­un organismo de inteligencia del Estado­ y había robado cerca de 6.000 documentos que involucraban al gobierno de Felipe González en el asesinato de personas inocentes durante su persecución de la banda terrorista ETA. Perote tenía además transcripciones de conversaciones telefónicas privadas del Rey.



En febrero del 95, el abogado de Conde se puso en contacto con el primer ministro Adolfo Suárez, a quien le habían entregado un expediente de la información robada y que arregló un encuentro con el entonces ministro de Justicia del gobierno González.



Al ver que el gobierno no se movía, algunos de los documentos fueron filtrados a El Mundo, que los publicó el 12 de junio de 1995. Seis días más tarde, Perote fue arrestado y acusado de robar documentos oficiales. El gobierno de González siguió hablando con los representantes de Conde, aunque más tarde argumentó que sólo estaba tratando de recuperar los documentos antes de que el daño fuera mayor.



En un temerario intento de chantajear al gobierno, Conde pidió US$107 millones como indemnización por haber perdido dinero en la caída del precio de las acciones de Banesto. También quería que fuera cambiado el juez que llevaba su caso y que el gobierno declarara que se había equivocado al quitarle el que Conde llamaba su banco. En noviembre llegó la respuesta del gobierno: no había trato.



Muchos se preguntan por qué Suárez actuó como intermediario de Conde en este intento por minar un gobierno democráticamente elegido. Durante una investigación, Martín Rivas, director general de Banesto, dijo a un juez que se le había ordenado sacar US$2.680.000 de la caja del banco y que entregó la plata en dos tulas deportivas a un empleado de Conde. El empleado le dijo que el dinero era para Suárez. Tanto Conde como Suárez negaron que la transacción hubiera tenido lugar, a pesar de que hay documentos que muestra el desembolso.



El desenlace



Conde ha sido acusado de siete delitos. Entre ellos está el caso de la cuenta Argentia Trust, en la que fueron depositados US$5 millones de Banesto en 1990. Conde no está entre los beneficiarios de la cuenta, pero se cree que el dinero terminó en su bolsillo o en el de sus amigos. Otro caso es el de la Fundación Melvin, creada en junio de 1989 en el principado de Liechtenstein, que recibió fondos por US$27 millones, canalizados por intermedio de otras tres compañías suizas.



Los directores eran Conde y sus tres amigos más cercanos. Pensaron que la ley suiza hacía impenetrables a sus compañías, pero ésta no protege a los autores de infracciones penales.

En resumen, Conde enfrenta cargos por varias estafas, falsedades y apropiaciones indebidas. La suma de las condenas podría llegar a 35 años de cárcel.



El 26 de febrero de 1998, Conde y 10 de sus amigos estuvieron en la Corte. Siete de los once son abogados. El grupo de abogados que los defiende está conformado por 27 de los mejores profesionales de España, incluyendo el vicedecano del Colegio de Abogados de Madrid. La Suprema Corte sentenció a Conde a 4 años y medio en prisión por defraudar a Banesto en más de US$5 millones en el caso Argentia.



La prisión de Alcalá-Meco es un lugar incómodo y frío, donde asesinos, traficantes de drogas y terroristas están en el mismo bloque de celdas con políticos, ex policías y contadores convictos. Le permiten visitas de su familia y amigos de 40 minutos los sábados y los domingos. Desde el día de su llegada, el ex presidente del tercer banco más importante de España ha tenido que guardar, clasificar y retirar las sábanas y uniformes de los reclusos. Pidió una celda privada, pero el guardia no ha decidido darle una todavía.



La justicia finalmente lo despeinó.
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