| 9/1/1994 12:00:00 AM

¡Arre, arre plata!

El caballo Cuarto Milla está transformando el negocio de la ganadería en Colombia. Esta es la historia de un vaquero americano que trajo el primer ejemplar al país.

Cuando el hombre Marlboro murió de cáncer hace varios años, esto parecía ser el seguro y certero chisporroteante final ' de lo que en Estados Unidos alguna vez se llamó el indómito Oeste. Los caballos fueron reemplazados por Ford Broncos. Los fusiles por teléfonos celulares. El vaquero se convirtió en corporativo. Inclusive las películas del Oeste estaban cambiando: el indio se volvió bueno. Pero este año se celebra el trigésimo aniversario de la llegada a Colombia de un vaquero americano llamado Tom Kirby quien, vislumbrando la desaparición del estilo de vida rudo y de revólver al cinto que había conocido de niño en los Estados Unidos, empacó a su familia en un avión de carga y se dirigió a los Llanos Orientales.

Durante septiembre se llevará a cabo una feria equina en el Club Bacatá de Bogotá en la cual precisamente será exhibido el caballo Cuarto Milla. Será el tributo incógnito y silencioso al hombre que trajo los primeros caballos Cuarto Milla a Colombia: Tom Kirby. Ya él ha muerto pero vive en la leyenda, tan sutil como una brisa, en la raza equina que está transformando el manejo de la ganadería en Colombia.

La raza conocida como el caballo Cuarto Milla proviene de la época de los conquistadores. En aquel tiempo los españoles utilizaban el caballo andaluz, de origen árabe. En el siglo XIX, el andaluz fue cruzado con el caballo inglés para obtener una raza con más bríos, resultando el Cuarto Milla. Sólo hasta 1941 se creó la Asociación Americana del Caballo Cuarto Milla en los Estados Unidos, con el fin de registrar la existencia genética de dicha raza y el caballo adquirió entonces una posición prominente entre los criadores. Pero el vaquero americano adoptó el uso del Cuarto Milla varias décadas antes de constituirse la Asociación y el caballo se convirtió en el distintivo de un buen ganadero.

Como dice el criador de Cuarto Milla colombiano Alfredo Vásquez, "el caballo Cuarto Milla ha sido apareado genéticamente para trabajar con el ganado. Casi no necesita entrenamiento". Y Vásquez, quien conoció a Tom Kirby, confirma que fue éste quien trajo los primeros caballos Cuarto Milla a Colombia. "El vio los caballos criollos que se estaban utilizando en los Llanos y se dio cuenta de que el Cuarto Milla seria una mejora necesaria".

Pedro Cámara, un respetado criador de caballos Cuarto Milla y de Paso Fino, fue alguna vez discípulo de Tom Kirby. Se nota la influencia de Kirby en la vestimenta de Pedro: botas tejanas, jeans americanos y un gran sombrero Stetson de vaquero. Conoció a Kirby cuando tenía sólo 18 años. En 1966, frente a su rancho Santa Teresita, Kirby se había metido en una pelea con un chofer de camión que le había golpeado a una vaca. Otros chóferes se habían detenido para tomar partido contra Kirby y uno de ellos le había pegado a su esposa, Ricky, en la cara y la había tumbado al suelo. "No sabía quién era Kirby", recuerda Pedro, "pero estaba en minoría, de manera que decidí ayudarle". Lograron controlar la pelea y llevar a Ricky a la casa. "Nos hicimos amigos de confianza inmediatamente". Kirby decidió contratar a Cámara y lo envió a Texas a aprender cómo criar caballos Cuarto Milla. "Tom Kirby me cambió la vida".



Según Cámara, Kirby había oído hablar de los Llanos a un amigo vaquero americano, Bob Buster, quien había llegado a Colombia varios años antes. Camara dice que Kirby vino al país en busca de gente brava, muchachos sin afeitarse, cojeando por heridas de bala y escupiendo salivazos manchados de tabaco. En 1965, Tom empacó toda su hacienda en la Florida, sus muebles, lavadora, fusiles y sillas de montar y, lo más importante, sus caballos Cuarto Milla -6 yeguas y 3 caballos exactamente- y los puso en un avión. Viajó a Villavicencio en su arca volante como un Noé navegando en el aire, escapando de las inundaciones de la innovación técnica y de la pasividad que estaba deteriorando al indómito Oeste de Estados Unidos.

Claudette García-Peña, dueña en ese entonces de una hacienda en San Martín, fue una de las primeras llaneras en conocer a Tom Kirby. Lo vio en una feria en Villavicencio y notó inmediatamente que los caballos que estaba exhibiendo eran diferentes a todos los que utilizaban los llaneros, Cuando le enseñó los caballos a su esposo, éste insistió en conocer a Kirby y comprarle caballos. Algunas semanas después, o se reunieron con él en la hacienda de * Pedro Cámara. Kirby, Santa Teresita, cerca a Cumaral, en donde Kirby aceptó aparear las yeguas criollas de Chaparro con sus Cuarto Milla.

Según la esposa de Cámara, Ana Felisa Rubio de Ocampo, Santa Teresita era uno de los sitios más espectaculares de la región. Ricky había sembrado orquídeas y mangos gigantes, traídos de la Florida. Los Kirby construyeron una piscina y su casa estaba llena de magníficas antigüedades coloniales, desconocidas para los llaneros. Era como si hubieran trasladado por avión a los Llanos toda su vida en la Florida.

Pero el rodearse de su pasado no fue suficiente para evadir las diferencias culturales que pronto llevarían a los Kirby a tener tremendos problemas. Claudette García-Peña lo dijo mejor que todos: "Desde el momento en que llegó, los vecinos le empezaron a robar... y Tom creyó que podía tratar a los llaneros como lo hacía en el indómito Oeste... confrontándolos. Pero mientras más rabia le daba, más le robaban a sus espaldas".

Aunque se rumoraba que Kirby había matado a varios llaneros, rara vez se involucraba en duelos o en peleas a puños. En los Llanos", afirma Cámara, "la gente no se pelea cara a cara. Si hay problemas, envía, a alguien a matarlo cuando usted no está mirando". Kirby trató de confrontar a los ladrones y a los colonos que le robaban ganado y equipos y que vivían cerca de sus tierras, pero en lugar de respetar su ira, la que a veces reforzaba con un fusil levantado, simplemente le robaban más y más.

Según Rubio, si no le estaban robando en la hacienda, abusaban de la hospitalidad de los Kirby. "Prácticamente todos los que regresaban de Bogotá a los Llanos pasaban cerca a Santa Teresita. Generalmente se quedaban a dormir y a comer y nunca traían comida", recuerda Rubio. Los Kirby se cansaron de tener un hotel y se fueron más adentro en los Llanos, a Mapiripán. Pero allí encontraron gente más brava y más doble. Y fue allí donde Tom Kirby quedó derrotado.

A pesar de su notorio mal genio, era una figura caritativa en los Llanos. Había formado un grupo llamado Defensa Civil para combatir el crimen allí en donde el ejército no se atrevía ni quería entrar. Había comprado una volqueta para llevar los enfermos al hospital más cercano. Había tratado de enseñar a la gente sobre el caballo Cuarto Milla y se había ofrecido a capacitar a sus vecinos en la cría de esta raza. Pero según Cámara, quien se había mudado a Mapiripán con Kirby, la mayoría de los llaneros se resistía a aceptar nuevas formas de ganadería y nuevas razas de caballos. Y fue esa misma terquedad la que les impidió aceptar en su mundo a este gringo emprendedor.

Kirby, quien comía carne tres veces al día, empezó a sufrir de artritis aguda. Cuando se enfermó, varios vecinos enfrentados con él desde años atrás por cuenta de una deuda, fueron a visitarlo. Era el año de 1987 y Kirby estaba en silla de ruedas. Varias personas enmascaradas irrumpieron en su casa. Según Rubio, Kirby lo vio todo pero no pudo hacer nada. Cuando al fin se le presentó una confrontación parecida a las de vaqueros e indios, Kirby no pudo defenderse. No solamente le robaron los fusiles, sillas de montar y caballos, sino que también se llevaron a su esposa Ricky.

Las negociaciones para rescatar a su esposa duraron siete meses. Kirby vendió todo lo que tenía, lo que no había sido robado, para lograr el regreso de Ricky. Vendió los sueños que nunca pudo realizar. Un amigo recuerda su última visita a Kirby en Villavicencio antes de su muerte. "Estaba muy distante. No quería hablar ni quería vernos. Casi no se podía mover por la artritis. Recuerdo que cuando llegó por primera vez parecía tan feliz y optimista. Era difícil reconocerlo en esa silla de ruedas".



Pero si Kirby se rindió en los Llanos, su triunfo existe en el caballo Cuarto Milla que finalmente ha sido reconocido como el verdadero compañero del vaquero colombiano. En 1980, Sylvia Wills, propietaria de Paloblanco en Tenjo, compró veinte caballos Cuarto Milla, en un intento por despertar interés en el caballo por el que Tom Kirby había apostado alguna vez. Al principio encontró mucha oposición de los colombianos, y no pudo presentar el Cuarto Milla en exposiciones y competencias corrientes ni mucho menos venderlo a los llaneros. Pero, tan terca como Kirby, Wills hizo caso omiso de sus adversarios, y ayudó a establecer la Asociación de Criadores de la Cuarto Milla en 1989.

La sede principal de la Asociación, el "American Center Quarter Mile Association", tiene 1.300.000 miembros en 22 países, entre ellos Colombia, que cuenta con 40 miembros activos. A diferencia de Paloblanco, la mayoría de los miembros de la Asociación tiene sólo 2 o 3 caballos, pero la criadora Vásquez dice que el Cuarto Milla ahora se vende "como pan caliente" y la Asociación crecerá a medida que la fiebre por estos caballos se vuelva más intensa.

Tom Kirby murió dos semanas después de ser rescatada su esposa. Parece existir alguna confusión en cuanto a la causa de su muerte. ¿Fue el amor por su esposa a quien creyó que no volvería a ver y quien le fue devuelta demasiado tarde para que él recuperara su deseo de vivir? ¿O fue la pérdida de su mundo de ensueños o quizás el comprender que ese mundo no existe? ¿O tal vez la frustración de encontrar un mundo aparentemente tan parecido y sin embargo tan diferente, en el cual no logró ser aceptado? La mayoría de los grandes hombres no son descubiertos sino después de su muerte y Tom Kirby ha sido víctima de una suerte similar con su contribución al llanero, a la cual se le ha dado reconocimiento sin que se haya recordado quién era él.
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