| 5/18/1998 12:00:00 AM

Alto a las ventas

Se enredan las privatizaciones planeadas para este año en Latinoamérica. Los compradores perdieron el entusiasmo.

Un campanazo de alarma sonó en los dos últimos meses para el proceso privatizador en América Latina. Cuatro fracasos en operaciones de venta, en cuatro países diferentes, mostraron que las condiciones han cambiado frente a las del año pasado.



El mercado se ha tornado más difícil para los vendedores, en parte como consecuencia de la crisis asiática que ha causado pérdidas a los inversionistas y los ha llevado a moverse con más cautela, y en parte debido a la gran cantidad de empresas que se ofrecen. Quienes compran ahora tienden a focalizar más su búsqueda y maximizar su inversión. Se han vuelto más exigentes y piden más y mayo res garantías para involucrarse en los proyectos.



Empresas más atractivas y reglas del juego claras son los elementos que ayudan a inclinar la balanza a favor de una operación. Las que no cumplen estos requisitos se están quedando en el camino.



En abril, y en medio de una angustiante necesidad de capital, Ecuador de nuevo vio cómo se le iba de las manos la posibilidad de privatizar su empresa de telecomunicaciones Emetel. Venezuela quedó impotente ante el estruendoso fracaso en la venta de sus empresas de aluminio. México se quedó en diciembre pasado con las manos vacías en su intento de vender concesiones para el servicio de telefonía inalámbrica. Y en toda la región causó asombro el escaso interés que despertaron las gigantescas compañías del sector eléctrico en Sao Paulo, puestas en venta en abril.



En total, estos negocios que no se concretaron habrían representado más de US$9.000 millones para estos países latinoamericanos. La única operación que se llevó a cabo con un éxito relativo, fue la de la electrificadora Metropolitana en Brasil que se realizó por el precio mínimo de cotización.



La revisión de estos episodios deja ver puntos en común. Uno, que no es nuevo pero que cobra gran importancia, es que la ausencia de políticas claras y marcos regulatorios estables es una consideración de primer orden para los inversionistas. Otro factor importante es que los compradores se acomodan menos que en el pasado a los altos precios. Los vendedores se pueden estrellar contra un muro si quieren manejar cada operación como si tuvieran en las manos la gallina de los huevos de oro, cuando lo que están vendiendo son empresas sobredimensionadas y con serios problemas operativos.



Y otro punto común es que en algunos países todavía falta experiencia a la hora de negociar con los durísimos inversionistas extranjeros en temas tan delicados como energía, telecomunicaciones y transporte.



En últimas, no hay que perder el rumbo. El propósito primordial de las privatizaciones no es obtener los más altos precios, sino garantizar hacia el futuro una excelente prestación de servicios para los ciudadanos. Colombia deberá tener en cuenta estas experiencias, ya que tiene dos procesos de privatización en la puerta del horno: las electrificadoras de Corelca y la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá, ETB.
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