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Alirio Alarcón, el boyacense detrás del concesionario estrella de Renault

Los concesionarios son la piedra angular en la guerra que vive el sector automotor de Colombia. En la pelea entre Chevrolet y Renault por este reinado se destaca el trabajo de un boyacense. Esta es su historia.

Al cierre de abril de este año, 1.675 vehículos separaron a Renault del primer lugar en ventas que tiene hace años la estadounidense Chevrolet. Este año la pelea no necesariamente se traducirá en un volumen creciente de vehículos vendidos. La corona la tendrá en diciembre la compañía que menos caiga en el mercado; todo por cuenta de la desaceleración de la economía, la subida del IVA y un pujante comercio de vehículos de segunda mano. 

En esta feroz guerra por el primer lugar en ventas de carros, los concesionarios hacen de portaviones poderosos. Son la piedra angular en este negocio, en donde cobra cada vez más valor la atención al cliente y el servicio de posventa.

Y uno de los concesionarios que mejor lo está haciendo para la francesa Renault es Autostok, una marca tan sonora como exitosa en la última década. Detrás de esta compañía está un emprendedor que supo aprovechar las oportunidades que le dio la vida y que ahora va a cien por hora, tanto en los negocios de venta de autos como en mantenimiento y reparación.

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Así empezó todo

Alirio Alarcón llegó a Bogotá a la edad de 11 años proveniente de Tutazá, Boyacá. En ese entonces lo que sabía de carros era lo que su padre le había enseñado en la operación del tractor de la finca. Sin embargo, eso fue suficiente para germinar en él el amor por los fierros. “Llegué a la casa de unos tíos con la firme intención de terminar mi bachillerato. En noveno grado me metí al Sena a estudiar mecánica, por lo que me vi obligado a terminar el bachillerato de noche”, cuenta Alarcón desde su oficina ubicada en el segundo piso del concesionario Autostok, en la zona de Morato, al noroccidente de Bogotá.

Esa pilera lo llevó después a estudiar ingeniería mecánica en la Universidad Nacional. Pero no se conformó con entrar a esta prestigiosa universidad pública; a la edad de 17 años consiguió un trabajo como técnico mecánico en Autonal, concesionario de Renault, por allá en el año 1976, cuando por las calles andaban sin mayor reparo los emblemáticos R4 y R6.

 

Sin recibir la cédula, a la edad de 18 años pasó a trabajar a Servicio Andino, otro concesionario del norte de Bogotá. Allí inició como jefe de taller. “Los jefes míos me querían mucho porque tomaba el negocio como si fuera mío”, relata emocionado el empresario. 

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Y no es para menos, el destino también le sonrió. En Servicio Andino conoció a Jaime Vásquez, dueño del establecimiento y aficionado a los carros de carreras. No solo le quedó tiempo para arreglar los carros que le traían en ese entonces, también le quedaba el gusto por arreglar los autos que llevaba Vásquez al autódromo de Tocancipá. “Nos fue muy bien. Ganamos las copas Renault de los años 77, 78 y 79”, cuenta el empresario que el año pasado logró facturaciones por $220.000 millones.

Ese éxito no lo embriagó. Todo lo contrario, fue el inicio de algo grande. Su salario como jefe de taller de Servicio Andino era el equivalente a $3,5 millones a precios de hoy. Por eso pudo ahorrar y comprar un taxi al poco tiempo. Esa experiencia comercial le dio fuerzas para establecer una sociedad con su amigo José Narváez. “Montemos un taller” fue lo que le dijo Alarcón a su colega de taller por allá en el año 1981. El nombre llegó casi por casualidad. Un inversionista alemán de la época, que no prosperó con uno de sus negocios, tenía una papelería impresa a punto de dañarse. “Lo que hicimos fue adaptar el nombre Servicio Total Ok a la papelería que había de Autostok y así nació el nombre”, dijo Alarcón.

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En ese entonces Morato era un barrio de casas grandes sin concesionarios ni talleres. “Fuimos los primeros”, dice el empresario. Ya con empresa propia y una filosofía de alta calidad en su trabajo de mantenimiento, Sofasa se empezó a interesar y contrató en 1984 servicios automotrices con esta empresa.

“En 1986 le compré a mi socio su participación y en 1990 empezamos a vender usados y 4 años más tarde vehículos nuevos. Ya para 1997 Renault nos contrató como concesionario, es decir, un trabajo que requirió de varios años de esfuerzo”, dijo.

Negocio a mil

Hace 20 años Autostok vendía unos 10 vehículos al mes y en la actualidad ya es el segundo vendedor de carros Renault, un total de 4.800 unidades en 2016. Es el segundo concesionario de Renault con más ventas detrás de Sanautos; la diferencia entre los dos es de 200 unidades al año.

El otro gran negocio en esta industria es la posventa, asociada a las actividades de mantenimiento y reparación. Autostok es primero en este segmento al comprarle a Renault cada mes unos $2.500 millones en repuestos, distribuidos en 5 talleres y puntos de venta.

La meta del empresario boyacense es seguir creciendo, así el dólar, los impuestos y la baja confianza del consumidor colombiano jueguen en contra de él. Alarcón explica que hay un potencial muy grande en estratos bajos y que por eso el reemplazo del Clio podría definir este mercado. “En ese segmento hay algunos planes de Renault. Con un modelo así tendríamos la gama completa y se podría superar a Chevrolet”, dijo. 

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En ese sentido, la apuesta de Renault ha sido mejorar el aspecto de carros como la imponente Koleos (proveniente de Corea del Sur), el auto Logan, la camioneta Duster y el carro más vendido de la marca, el Sandero. En el segmento de carros para Pymes (utilitarios) también hay oportunidades interesantes: modelos como Máster y Kangoo vienen creciendo en ventas a la par con una lenta reactivación de la economía. 

La pelea está servida en 2017. Cualquiera sea el resultado, al final del ejercicio una competencia sana entre dos grandes marcas como Chevrolet y Renault podrán traerle beneficios a los cada vez más cautelosos clientes.

Apuesta por la frontera

Una de las claves de éxito de Alirio Alarcón fue apostar por la frontera con Venezuela. Cuando nadie daba un peso por ese mercado binacional, Autostok montó en 2007 un concesionario en Cúcuta. Empezaron con un local pequeño en donde vendieron 12 unidades el primer mes, en el segundo ya vendían 25 carros y en la actualidad unos 80, en medio de un mercado enrarecido por la situación del vecino país. Ahora hay más placas amarillas que extranjeras en la capital de Norte de Santander.

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