| 4/11/2008 12:00:00 AM

Alguien nos mira

Alguien nos mira

Entre el escepticismo y el optimismo están los cultivadores y los empresarios agroindustriales ante un eventual establecimiento del grupo aMaggi -el mayor productor global de soya- en Colombia.

La reciente visita del grupo brasileño Amaggi a la altillanura colombiana, uno de los principales conglomerados agroindustriales del planeta y quizá el mayor productor y exportador de soya del mundo, tiene a la expectativa a los productores de granos nacionales y en general al sector agrícola.

No es para menos, el solo hecho de que miembros de este gigante agroindustrial brasileño, que produce 2,8 millones de toneladas de soya para exportar, haya mirado y evaluado su intención de ingreso e inversión en el campo colombiano es visto como el primer paso para el desarrollo e impulso definitivo de la siembra a mayor escala de este grano y del maíz, su industrialización y, por qué no, su exportación.

Aunque es evidente que con el posible ingreso de Amaggi el país no se convertirá de la noche a la mañana en potencia global de granos (ni siquiera regional), los industriales y agricultores del sector están confiados en que la sola presencia del conglomerado en el territorio nacional será la fórmula para excluir al agro de su condición de cenicienta de la economía colombiana.

De hecho, independientemente de cualquier consideración de los cultivadores nacionales, el propósito de Amaggi es, inicialmente, comprar tierras en los llanos orientales -en la zona de altillanura del departamento del Meta-, para destinarla fundamentalmente a la siembra de soya (y maíz en época de rotación de cultivos).

Además, dentro del plan de inversión del Grupo también está la construcción de una planta procesadora y de centros de acopio. Así lo confirmó Germán Mejía, presidente de la Fundación para el Desarrollo Agroindustrial de la Altillanura (Fundallanura) que contactó y gestionó la visita del equipo de inversionistas brasileños, liderados por el director de la división agrícola de Amaggi, IItamar Locks. ?

Suena la idea

A los productores de granos de Colombia no les parece descabellada la idea de que uno de los 'grandes ligas' agroindustriales del mundo se establezca en el país para desarrollar un complejo, con base en la producción de soya y otros granos.

Napoleón Viveros, presidente de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas (Fenalce), dice que con la información que tiene del grupo y la forma como opera en el mercado brasileño, ve perfectamente viable el establecimiento de tales capitales extranjeros para mejorar la productividad de la altillanura colombiana, especialmente por el potencial de un producto que, como la soya, ha perdido terreno en el país en términos de producción durante los últimos años.

Las cifras son dicientes. En la actualidad, por ejemplo, la mayor parte de la soya (fríjol, tortas, aceites) que se consume localmente es importada de siete diferentes naciones, principalmente, de Estados Unidos, Bolivia y Argentina; los cálculos del Departamento Nacional de Planeación (DNP), establecen que durante 2007 llegaron 1,1 millón de toneladas de la leguminosa. En la actualidad, se estima que el aporte de la producción nacional a la demanda de soya está en el orden del 5%, mientras que el 95% restante recae en el producto importado. Una cifra acorde con la pérdida paulatina de relevancia de los cultivos de soya en el agro colombiano. De acuerdo con datos del Ministerio de Agricultura, desde 1991 las áreas de siembra comenzaron a reducirse sustancialmente al pasar de 100.600 hectáreas cultivadas a 26.450 a finales de 2007.

En este sentido, los empresarios del agro consultados por esta revista coincidieron en que para contrarrestar esta línea descendente y hacer competitiva y sostenible la producción de soya son indispensables inversiones multimillonarias, como las que podría asumir el conglomerado brasileño.

Por tal motivo, las expectativas con Amaggi son altas. Según un estimado del representante de Fenalce, el interés de los extranjeros debería estar por encima de las posibilidades de producción que ofrecen 100.000 o 200.000 hectáreas. "De no ser así, no estarían interesados", afirma el dirigente.

El optimismo de los cultivadores de cereales y leguminosas se refleja en la medida que, según explican, el ingreso de ese grupo implicará la creación de infraestructura de transformación y procesamiento de materia prima en el sitio de la siembra. "Los negocios de Amaggi en Brasil tienen ese modelo, el cual permite que el producto terminado sea el que salga al mercado (interno o externo). Es un reto para la industria y un reto hacia la búsqueda de competencia: menos dependencia de materias primas importadas", dice Viveros.

El panorama no está claro

A pesar de esta visión optimista, un sector de los agricultores no ve tan claro el panorama para que un grupo como Amaggi se interese y, más aún, decida establecerse en el territorio nacional.

De hecho, Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) asegura que en las actuales circunstancias es difícil que se concrete posibilidad alguna de grandes inversiones en zonas como la altillanura.

Según el dirigente, uno de los grandes conflictos es la restricción que sobre titulación de tierras impone la ley. Mejía afirma que la legislación colombiana hace imposible tener grandes extensiones, como las que requeriría un gigante agroindustrial del tamaño de los brasileños. Adicional a ello, está el problema de infraestructura, particularmente la vial.

"Para ser competitivo en ese renglón se debe pensar en que el producto hay que llevarlo a puerto de exportación, buscar valor agregado y la capacidad de trasformación de materias primas. Para lograrlo, se requieren unas inversiones multimillonarias", agrega.

Frente a este punto de vista tanto Viveros, de Fenalce, como Mejía, de Fundallanura, creen que esos conflictos son subsanables. Inclusive, los cultivadores de cereales y leguminosas dicen que han encontrado un ambiente positivo en el Ministerio de Agricultura para facilitar condiciones favorables de inversión extranjera en agroindustria.

De hecho, durante la visita, los empresarios brasileños se reunieron con el viceministro del ramo, Juan Camilo Salazar, y le manifestaron su interés por invertir en el país, siempre y cuando existieran las condiciones para hacer viable el negocio y justificar la inversión.

Durante la reunión, los inversionistas estuvieron muy atentos a ver qué tipo de políticas existen para favorecer inversiones en centros de acopio, almacenamiento de granos e inclusive, la titulación de tierras, y el compromiso del gobierno para facilitar tales condiciones.

El anuncio de los brasileños de hacer una visita al país en los próximos meses, es una señal de que el interés por invertir en Colombia se mantiene. Sin embargo, es un hecho que, materializar ese interés en acciones concretas, no va a ser fácil.
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