| 5/11/2011 12:00:00 AM

Alguien está cañando

Mientras Venezuela asegura que el pago a los exportadores colombianos está casi completo, Colombia dice que solo el 27% de la deuda ha sido pagada. ¿Dónde está la bolita?

El pago de la deuda a los exportadores colombianos por parte de Venezuela se está convirtiendo en una historia de mucho ruido y pocas nueces. Nueve meses después del restablecimiento de las relaciones políticas y comerciales entre los dos países, muchos exportadores colombianos se preguntan todavía cuándo se hará efectivo el pago de sus facturas, muchas de ellas pendientes desde 2008 y 2009.

Ni los continuos anuncios de altos funcionarios del gobierno venezolano, ni las tres reuniones presidenciales han permitido que el tema de los pagos se destrabe y pase de las palabras a los hechos. Los temores crecen porque tampoco avanza la agenda de negociación de un acuerdo de comercio que podría ayudar a empujar este tema, y no se ve claro cuándo podría definirse un marco transparente para la relación binacional. ¿Qué está pasando con los pagos y el acuerdo comercial?

Tres asuntos frenan los avances. El primero, la falta de información por parte de las entidades que administran el sistema de cambios. El segundo, las demoras en los procesos que se surten al interior de las mismas. Y, el tercero, las diferencias en el foco de la negociación del acuerdo comercial. Un dato revelador confirma estas dificultades: tras varios meses de anunciar que la deuda con Colombia apenas llegaba a los US$800 millones, a mediados de abril las autoridades vecinas le confirmaron a la oficina de Proexport en Caracas que el monto total reconocido llega a los US$1.261 millones.

Sin embargo, el reconocimiento no resuelve el problema central. De la deuda total, unos US$109 millones fueron negados, US$330 millones están en investigación y US$479 que ya fueron aprobados por Cadivi -la entidad que regula las divisas- no se han pagado todavía. Solo US$343 millones han sido pagados de manera efectiva, incluidos los giros a las aerolíneas.

Esto significa que solo 27% del total se ha pagado, pese a que el canciller Nicolás Maduro y el presidente Hugo Chávez han dicho en varias reuniones que la revisión de la deuda está totalmente lista y su pago casi completo.

Para las empresas que aparecen entre los US$109 millones negados, el desconcierto es total porque entre ellas están multinacionales que realizan operaciones a través de filiales -Johnson y Johnson y 3M, por ejemplo-, y que han iniciado el proceso de consultas para conocer las razones que llevaron al gobierno vecino a negar su reconocimiento.

Otras simplemente no aparecen en ninguno de los listados remitidos el 31 de marzo pasado, y están a la espera de que les confirmen si hacen parte del grupo que está en investigación -por un monto de US$330 millones- y sobre las cuales no hay datos precisos.

Orlando Piedrahita, gerente administrativo y financiero de Permoda, tiene la esperanza de que su empresa aparezca en este grupo porque hasta ahora no está en los listados enviados por el gobierno venezolano. "Hemos buscado por todos lados y, tras insistir y pedir cita con el embajador, ya sabemos que nuestro cliente en Venezuela tiene registrada la deuda, aunque por ahora se le vencieron los documentos que exige Cadivi para aprobar las divisas y está reiniciando el proceso", sostiene Piedrahita. Lo peor es que la búsqueda de los documentos puede tardar otras semanas más, ya que no es un asunto automático que pueda tramitarse fácilmente.

Carlos Hugo Escobar, presidente de junta directiva de la Cámara Colombo-Venezolana, se queja justamente del 'peloteo' entre las entidades que aprueban y hacen los pagos, pues dilatan los procesos mientras los empresarios colombianos siguen sin recibir su dinero. "El gobierno venezolano dice que está estudiando las solicitudes, que Cadivi ya las aprobó, que están en el Banco Central, o que están por el mecanismo de Aladi, pero cuando pedimos explicaciones no dan detalles pese a la insistencia y lo cierto es que no hay datos concretos de a qué exportadores colombianos les han pagado, para poder verificar", asegura.

Y es que las demoras en los procesos de las entidades estatales están acabando con la paciencia de los empresarios. Jorge Enrique Bedoya, presidente del gremio de los avicultores, Fenavi, sostiene que uno de los problemas centrales es que, pese al nuevo ambiente entre los dos gobiernos, "los temas con Venezuela no avanzan a la velocidad que los mismos anuncios permitieran pensar. Incluso, el sector privado tiene serias dudas de que los acuerdos firmados se hagan efectivos, porque los temas de pagos y de visión de la economía hacen difícil que se muevan".

Pero, si por el lado de la deuda llueve, en materia de acuerdos no escampa. Allí también las declaraciones de los gobiernos han ido más rápido que los avances sobre el papel pues aunque se han firmado más de 30 'acuerdos' sectoriales, no se ha negociado el central, que permitirá garantizar la zona de libre comercio luego de que el pasado 21 de abril cesaran las obligaciones de Venezuela en la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

Los empresarios colombianos se quejan de la falta de información precisa sobre el alcance de la negociación, pues el proceso con Venezuela se ha hecho a puerta cerrada, con la participación de los equipos de gobierno y sin el acompañamiento del sector privado.

Marcel Tangarife, abogado experto en comercio exterior, sostiene que "en el tema comercial los avances son muy timoratos y ese es el precio que Colombia paga por tener cooperación en el otro lado".

Al finalizar la primera semana de mayo, los empresarios colombianos no conocían los avances de una ronda de negociación programada en Caracas para revisar la nueva versión del acuerdo binacional, cuyo 'ensamble' tendrá que recoger los intereses de los dos países, hasta ahora con diferencias abismales, pues parten de modelos de desarrollo diametralmente opuestos.

Muchos empresarios esperan que el buen ánimo de la relación entre los presidentes Santos y Chávez termine reflejándose en una pronta solución al tema de pagos y la firma de un acuerdo comercial. Sin embargo, pocos apuestan a que estos procesos se surtan en el corto plazo.

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