| 2/18/2005 12:00:00 AM

Al derecho

La agremiación de los futbolistas en Colombia comienza a cambiar la cultura de contratación de los clubes, y devuelve a los jugadores su papel protagónico en el negocio.

A finales de diciembre, el arquero Juan Carlos Henao recibió una llamada que lo obligó a tomar la decisión más trascendental de su carrera profesional. Una voz en 'portuñol' le propuso hacer parte del poderoso Santos, de Brasil. Lo malo era que para negociar debía apropiarse de sus derechos deportivos y eso le daba mucho temor. Lo bueno -para él-, que no había ningún contrato vigente con su firma y, por tanto, podía hacerlo. Decidió entonces, apoyado por la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro), aprender portugués.

A pesar de la enérgica reacción de quienes hasta ese momento se consideraban sus 'dueños' -el caso deberá ser examinado por la Cámara de Resolución de Disputas de la FIFA-, el recién elegido 'Mejor portero de América' se fue como propietario de sus derechos deportivos y su antiguo club no recibió un solo peso por ello. Aunque llevaban varios meses de recibir y descartar ofertas por Henao, los directivos del Caldas al parecer terminaron sin el pan y sin el queso. Y todo por descuidar a su principal activo, los futbolistas, una costumbre generalizada en nuestro balompié desde hace más de 50 años.

El caso Henao, por la importancia del jugador, fue la punta del iceberg de un conflicto laboral que ya está cambiando la cultura de contratación en el fútbol colombiano, y que alertó a todos los equipos ante una realidad que por miedo los jugadores casi nunca hicieron respetar: 'futbolista sin contrato, es libre'. Es decir, nadie puede ser dueño de un deportista sino del contrato que lo compromete a pagar por sus derechos. De ahí que en el inicio de la actual temporada -por primera vez en la historia-, los directivos de los clubes hayan salido desesperadamente a buscar acuerdos y firmar contratos con sus jugadores, y ellos, a su vez, a revisar al detalle las condiciones pactadas por escrito para el nuevo año (hay varias renuncias en la mesa).

Ha sido tal el revuelo, que la propia Federación Colombiana y la Dimayor (representante de los clubes) se reunieron el 8 de febrero con el vocero de los jugadores para empezar a negociar el Estatuto del Jugador y tratar de propiciar "un pacto colectivo". Allí iniciaron el proceso para acordar conjuntamente las modalidades contractuales que deberán manejar los clubes en adelante, bajo las premisas de dignificar la profesión del deportista y establecer derechos y deberes para ambas partes. "Hay que tomar conciencia de que el sistema de contratación entró en crisis", acepta Luis Bedoya, presidente de la Dimayor.

Sin duda, los futbolistas recuperaron su papel protagónico en este negocio y hoy tienen la sartén por el mango.



El proceso

En un pasado no muy lejano, los clubes profesionales se daban el lujo de apropiarse de sus jugadores, sin ninguna contraprestación a cambio. Los derechos deportivos de los futbolistas les pertenecían, aunque no hubiera contrato escrito de respaldo; aunque incumplieran lo acordado verbalmente; aunque no les reconocieran seguridad social, seguros, riesgos profesionales, ni derecho a pensiones y cesantías; aunque los dejaran 'libres' cada año -y sin sueldo- durante las vacaciones. La informalidad era ley.

Pero en 1997, cuando el fútbol profesional estaba a punto de cumplir 50 años, el panorama para los jugadores empezó a cambiar. Los abogados Carlos González Puche, Felipe Devivero Arciniegas y Juan Felipe Pinilla demandaron una serie de artículos de la Ley del Deporte (Ley 181 de 1995), los cuales daban exclusividad a los clubes para poseer pases de jugadores, sin exigirles nada en contraprestación. El resultado, un fallo de la Corte Constitucional (sentencia C-320 de 1997) que definió límites a los derechos deportivos y mantuvo el privilegio a los clubes -ampliándolo también a los propios deportistas- pero con una condición ineludible: contrato vigente escrito y pactado entre las partes.

Pero incluso con el respaldo jurídico, sobrevivieron malos hábitos. No en vano, por décadas los equipos se acostumbraron a manejar futbolistas que consideraban de su propiedad y los cuales, por tanto, no tenían voz ni voto. Entre sus prácticas recientes más generalizadas figura establecer dos tipos de contrato para un mismo jugador: uno laboral, por valores bajos, y otro de prestación de servicios, que representa el mayor porcentaje del salario. "En una profesión de alto riesgo y corta duración, como el fútbol, eso es altamente perjudicial, pues la pensión se paga según la ley colombiana sobre el 75% del valor declarado en el contrato laboral. Hay modalidades empresariales distintas para reducir costos parafiscales", alerta Carlos González Puche, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro).

Algunos clubes también celebran contratos por el término del torneo local (y así no pagan meses de receso ni vacaciones); no entregan el paz y salvo al jugador que termina su contrato y se quiere ir -requisito de la Federación Colombiana para cualquier transferencia-, obligándolo así a recurrir a la tutela (en contravía con las disposiciones internacionales de la FIFA), y hasta se rumoran acuerdos secretos entre clubes para no contratar jugadores que hayan ganado por vías legales sus derechos deportivos e, incluso, para interferir sus llamados a la Selección. "La normativa FIFA es mundial, pero los clubes se aprovechan a veces de la poca formación de los jugadores", agrega Mariano Torres, agente FIFA y director de la oficina de Miami de la multinacional española U1st-Sport.



La unión hizo la fuerza

Por eso, la iniciativa de crear una agremiación, por parte de los ex futbolistas Luis Alberto García, Willington Ortiz y Carlos González Puche (abogado de profesión), encontró el terreno abonado a comienzos de 2004. De hecho, los colombianos que actuaban en el exterior fueron los más interesados (varios de ellos aportaron, cada uno, US$1.500) y con su experiencia y prestigio internacional dieron la credibilidad que necesitaba el proyecto. Así las cosas, el 26 de marzo del año pasado la constitución de la Acolfutpro convocó a 137 fundadores y, sin duda, cambió la historia laboral del futbolista criollo.

En menos de un año, el nuevo gremio lleva más de 50 tutelas exitosas para 'liberar' jugadores; acumula alrededor de 480 miembros -la afiliación cuesta $200.000 al año- y ya logró el reconocimiento de la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPro) y su capítulo americano, la Federación Americana de Futbolistas Profesionales (FAFPro). "No sobra advertir que la FIFA tiene su reglamento y su propia justicia, pero en el campo laboral colombiano las leyes se contradicen", dice Óscar Astudillo, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol.

Aún queda mucha tela por cortar, pero ya comenzó el proceso de concertación. Que esta sea la oportunidad para generar en el país la verdadera cultura empresarial que el fútbol moderno exige, y que Colombia necesita para obtener triunfos deportivos sostenibles.
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