| 2/18/2011 12:00:00 AM

Adiós señor Rector

Después de 14 años al frente de la Universidad de los Andes, Carlos Angulo Galvis se retira de una de las más reconocidas instituciones educativas del país. Su legado trascenderá a las generaciones por venir.

Cuando Carlos Angulo estudió ingeniería civil en Los Andes, hace 57 años, jamás imaginó que la mesa de ping pong en la que jugaba con el ex ministro de Hacienda, Eduardo Wiesner, se convertiría en el gran centro deportivo de 4.000 m2 que deja hoy. Tampoco que los pequeños salones de tiza y pizarra se convertirían en los más de 155.000 m2 de modernos espacios equipados con lo último en tecnología educativa. Mucho menos que, 43 años más tarde, se encontraría piloteando los destinos de tan afamada universidad. Pero así fue. Por eso hoy, después de 14 años al frente de su Alma Mater y con la satisfacción del deber cumplido, Carlos Angulo da un paso al costado y abandona con gran melancolía la rectoría de los Andes a partir del próximo mes de noviembre.

"Uno debe retirarse en los buenos momentos", dice nostálgico Carlos Angulo Galvis, un hombre que pasará a la historia de la institución por las muchas transformaciones que hizo, que van mucho más allá de la impresionante modernización de la planta física. La verdad es que Angulo fue el gran gestor de cambios de fondo, como el fortalecimiento de la formación doctoral de los profesores y la apertura de 40 maestrías y 16 doctorados, entre otros.

Pero también fue un transformador en cuanto a la forma de trabajar al interior de la Universidad. Se caracterizó por bajarle el tono a la formalidad y por ser accesible a la comunidad. Siempre respondió sin falta a todas las personas y aceptó todas las citas, ya fuera por teléfono o personalmente.

Angulo deja a la Universidad en uno de sus mejores momentos y eso lo llena de alegría. Lo que más satisfacción le da es sentir que la esencia de lo que querían los fundadores, "ofrecer una educación de excelencia que contribuya a cerrar la brecha del conocimiento de Colombia con los adelantos científicos del mundo", se perpetúa. Hoy, la Universidad de los Andes hace parte de las 550 mejores universidades del mundo, lo que la convierte en la única institución del país incluida dentro del QS World University Rankings.

Como sus antecesores, Angulo no ha sido ajeno a las constantes críticas contra Los Andes. La principal es que se trata de una institución elitista, término que el saliente rector no rechaza para nada. "La Universidad, en efecto, es elitista, pero académicamente hablando. La educación de calidad cuesta y en el caso de las universidades privadas, como Los Andes, ese costo debe ser absorbido por los estudiantes", explica. Sin embargo, Angulo inició hace seis años el programa de apoyo "Quiero estudiar", el cual, basándose exclusivamente en el puntaje de las pruebas del Icfes, hoy llamadas pruebas Saber, ha otorgado 800 becas a personas con limitaciones económicas.

Precisamente uno de los mayores retos que Angulo enfrentó a su llegada, en 1997, fue tomar la decisión de aumentar las matrículas con el objetivo de fortalecer las finanzas de la universidad. Angulo recuerda esos días como unos de los más difíciles de su larga estadía en el centro de Bogotá pues, como era apenas natural, los estudiantes reaccionaron con furia: hicieron múltiples huelgas, se instalaron en carpas a lo largo y ancho de la universidad y, por supuesto, tocaron la puerta de la oficina del nuevo rector para que diera la cara. Al entrar los estudiantes a su despacho, Angulo les habló de frente y sin tapujos: "¿Ustedes quieren que bajemos la tasa de incremento? Si quieren la bajamos, pero entonces tenemos que pasar de 100 profesores a 30, vamos a cerrar la biblioteca a determinadas horas porque no la podemos operar y no podemos volver a comprar libros". En ese momento, los estudiantes entendieron su decisión. Y, gracias a esos esfuerzos, hoy la Universidad tiene mucho más que ofrecer.

Uno de los logros más destacados fue la apertura de la facultad de Medicina. Aunque la idea estaba en el tintero desde los años cincuenta, siempre hubo gran recelo por el temor de no hacer las cosas bien y por tratarse de una nueva unidad que competía por recursos con las demás. Después de mucho pedalear y, gracias a una alianza que Angulo logró con la Fundación Santafé, el Comité Directivo le dio el sí. Su estrategia fue enfocarse hacia un programa totalmente novedoso que ofreciera una amplia gama de posibilidades, como ser médico investigativo, de salud pública, familiar, hospitalario o administrador. El resultado: ya van dos cohortes de graduados y los 20 que han realizado el examen de licenciatura para medicina en Estados Unidos han obtenido entre 97 y 99 puntos sobre 100.

Pero la presencia de Angulo en Los Andes no se remonta a 1997 sino 43 años atrás. En 1954, entró a la que sería la sexta generación en graduarse de ingeniería civil. En esa época se hacían tres años en Colombia y dos en Estados Unidos, una estrategia que optó Los Andes mientras fortalecía sus facultades. Fue así como Angulo terminó sus estudios en la Universidad de Pittsburgh y fue tan buen estudiante que obtuvo el premio al mejor graduado de su promoción en 1958. Luego se quedó un año más para terminar una maestría en Ciencia y regresó al país para trabajar en la firma en la que creció como ingeniero y experto en recursos hídricos, Hidroestudios (de la cual sería su gerente doce años más tarde).

Angulo fue monitor en Los Andes, pero de manera accidental. "Un profesor me llamó un día y me dijo: 'Angulo, usted es muy bueno para la teoría, pero tiene unas manos muy torpes. Lo voy a nombrar monitor del laboratorio de física para ver si puede mejorar ese problema". Y lo nombró.

Su pasión por la docencia lo llevó a que de manera paralela a su trabajo en Hidroestudios, continuara dando cátedras en su antigua universidad. En 1964 comenzó a enseñar geotecnia y luego se pasó a recursos hídricos. Su experticia en este último tema lo condujo a asesorar a la facultad de ingeniería civil en sus diferentes proyectos y a iniciar un centro de estudios hidráulicos. Desde 1981 estuvo vinculado al Con sejo Directivo de la Universidad, primero como miembro, luego como vicepresidente y finalmente como presidente. Dieciséis años más tarde lo nombraron rector de Los Andes.

Tener más universidades como Los Andes en Colombia, dice Angulo, no es tan complicado. "Lo que pasa es que la mayoría de las universidades hoy en día se ocupan en demasiadas tareas para atraer el mayor número de estudiantes posible, en busca muchas veces de la motivación equivocada, sacrificando así la calidad de los programas. Quieren hacer todo tan rápido que, como dice el principio de Peter, 'finalmente llegan a su nivel de incompetencia'". Si se mira al modelo de Los Andes, añade, lo que ha hecho desde su fundación es ir escalando despacio y solo dando el siguiente paso cuando ya era lo suficientemente fuerte en lo que se estaba haciendo. De esta manera, Los Andes pasó de ser un Junior College en 1948 a ofrecer el pregrado completo en 1973, para luego esperar 12 años en ofrecer maestrías y 30 años más en abrir las puertas al doctorado.

A sus casi 75 años, Carlos Angulo todavía tiene mucha energía y, sobre todo, conocimiento por transmitir. Su mente va a seguir activa en los campos que más conoce: educación e ingeniería. Tiene planeado trabajar como asesor ad honorem de la Universidad de Los Andes, en la medida en que el nuevo rector lo requiera; del gobierno nacional y de otros países en América Latina para ayudar a que las instituciones educativas mejoren sus esquemas, así como aportar su experticia en atacar las falencias que se tienen en infraestructura. Angulo no aspira a ningún cargo, lo que sí quiere es ayudar, porque tiene mucho que aportar, una cualidad que lo ha acompañado toda la vida y que le ha permitido prestar un servicio integral.

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