| 3/30/2007 12:00:00 AM

Adiós al estado cantinero

Las dos licoreras departamentales más grandes del país están a punto de cambiar su estructura accionaria para vincular particulares. Es el cambio más importante de este sector en un siglo.

Cuando las cosas van bien, lo mejor es no hacerles cambios. Esa máxima que usan tantos empresarios, no convence a las licoreras de Antioquia y Caldas, las dos más grandes del país. Aunque el año pasado ambas consiguieron resultados sin antecedentes, están considerando seriamente hacer una transformación profunda en su negocio: quieren vincular particulares a su operación. Si prosperan sus planes, el sector de licores en Colombia daría un viraje dramático, el más importante desde 1908 cuando se estableció el sistema que entregó la administración del monopolio de la producción de licores a los departamentos.

Las estrategias de los dos son distintas. Los antioqueños quieren vender los activos de la Fábrica de Licores de Antioquia, FLA, y explotar el monopolio en conjunto con operadores privados. Los caldenses piensan inscribir la Industria Licorera de Caldas, ILC, en bolsa y vender el 20% de sus acciones, al estilo de ISA o Ecopetrol.

Muchos se podrían preguntar qué sentido tiene salir de la FLA, que vende $685.000 millones y le da utilidades al Departamento por $175.000 millones, o de la ILC que factura $127.000 millones y tiene utilidades operativas de $45.000 millones. ¿Por qué decidieron hacer ese cambio en un escenario de resultados brillantes? La respuesta se encuentra en una larga lista de beneficios políticos y financieros.



Enfocados en lo primordial

El gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, destaca el argumento más importante. "La permanencia del llamado Estado Cantinero nos resta coherencia. Mientras a través de la mayoría de las campañas de salud pública abogamos por controles a las bebidas alcohólicas, por otro lado invertimos parte de nuestro tiempo y recursos en aumentar las ventas de nuestra FLA", dijo. "Lo nuestro es la salud, la educación, la vivienda de interés social, la seguridad alimentaria, los servicios públicos, etc., pero no, la producción de bienes comerciales y aún menos desde el punto de vista de coherencia institucional, la producción de licores", añadió.

La segunda razón es de mercadeo y competitividad. Producir licores es sencillo. Tiene tecnologías centenarias en las cuales es difícil hacer ahorros y mejoras. Por eso, la clave del negocio está en la parte comercial. "El mercado de licores está cada vez más globalizado y tiene más oportunidades, pero esas las puede aprovechar mejor un privado que nosotros", dice Javier Ignacio Hurtado, gerente de la FLA. Hay muchos ejemplos de la situación desventajosa de las empresas estatales. Uno de los más claros es el de la Ley 80 de contratación, que demora mucho la toma de decisiones. Otro caso está en la política de precios. Hace unos meses, cuando la licorera antioqueña quiso salir a tomarse el mercado de Medellín con su ron de 8 años de añejamiento, sus competidores vendedores de whisky bajaron sus precios 30%. Esas piruetas no son fáciles de hacer y de justificar en una empresa pública vigilada por la Contraloría.

Hay otro problema de mercado. Antioquia es un mercado maduro. Su consumo per cápita de ron y aguardiente (3,3 y 2,6 botellas por persona al año) duplica el del promedio del resto del país. Salirse de la región para crecer tiene una enorme dificultad para los operadores públicos que enfrentas restricciones legales para vender en otros departamentos. Para vender fuera del país habría que modificar la producción de la Fábrica con el fin de aprovechar la tendencia mundial que favorece los tragos largos como el ron, sobre los cortos como el aguardiente.

Cuando se ven las cosas de esa forma, se puede apreciar que el momento para vender es ahora. Antioquia recibiría un dinero inicial por los activos, y una suma permanente que la administración podría usar en programas de desarrollo. Las firmas Trígono y Selfinver, los consultores de esta operación, estiman que el departamento podría recibir entre $2 billones y $2,5 billones. ?

La estructura de la venta

El proceso de venta ya va en marcha. En la segunda semana de marzo, el Gobernador antioqueño le presentó a la Asamblea Departamental el plan de salida de la FLA y la discusión parece ir por buen camino para la aprobación de la propuesta. Los expertos juzgan que en mayo podría haber recibido el visto bueno de esa corporación. "Es una de las decisiones más importantes que se han tomado en Antioquia en los últimos tiempos. Pero para eso son las Asambleas, para decidir sobre temas importantes", señala Javier Ignacio Hurtado.

Si las cosas salen como las diseñaron Trígono y Selfinver, se debería contratar por licitación a una de las mayores firmas de bancas de inversión del mundo, para seleccionar un operador que recibiría una concesión sobre el monopolio de licores. El comprador haría un pago único para remunerar la transferencia de los activos físicos e intangibles y la compra de inventarios y un pago periódico por 10 años que remunere la explotación del monopolio en Antioquia.

La propuesta del gobernador Gaviria es invertir el dinero que reciba en acciones de las Empresas Públicas de Medellín, EPM. Una solución curiosa porque EPM es una entidad municipal. "Sustituimos este activo por otro que no solo genere utilidades sino desarrollo. Guardamos mejor el patrimonio de los antioqueños en EPM que produciendo impuestos en la FLA", sostiene el Gerente de la FLA. Considera que es la mejor manera de responderle a los 3 millones de pobres de esta región de 5,7 millones de habitantes. Con esos recursos, las EPM acelerarán proyectos de inversión como Pescadero - Ituango, las Empresas Subregionales de Servicios Públicos y sus inversiones en el exterior.

El esquema es ingenioso porque preserva los ingresos de la FLA para el Departamento que en la actualidad representan el 40% de los ingresos corrientes, y desamarra a la Fábrica de las trabas que le impone su naturaleza pública.

Otro caso en Manizales

"No se nos ha pasado por la mente vender", señala enfático Manuel Alberto Soto, gerente de la ILC. Su interés y el del gobernador de Caldas, Emilio Echeverri, en abrir una porción de la propiedad de la empresa a particulares, es el de blindarla de los intereses políticos.

Al final de 2003 la empresa estaba en una profunda crisis administrativa y comercial, que se manifestó en pérdidas financieras y de mercado. En 2004, el gobernador tomó la decisión de desconectar la ILC de toda presión política. Nombró una junta de empresarios que empezó a mover su recuperación. Ahora consideran que al vender el 20% se defiende a la licorera de los vaivenes políticos. La conveniencia de esto se puede demostrar. "Los resultados desde que se independizó, son históricos. No tienen antecedentes en los 70 años de existencia de la industria", afirma Soto. Las ventas aumentaron 34% en unidades, el Ebitda en 82% y el costo de producción bajó de 45% a 42% como proporción de las ventas.

En la ILC concuerdan en la importancia de liberar a la empresa de la Ley 80. "No podemos esperar seis meses para hacer una licitación y tener autorización para hacer publicidad. Hace ocho años estas licoreras resistían esas cosas, pero con un entorno más competitivo, no", agrega Soto. También les interesaría quitarse las restricciones que les imponen los demás departamentos a la distribución de licores. Mientras los licores extranjeros y de particulares se pueden vender en todas partes, los licores departamentales tienen que ser vendidos por distribuidores que escoge el departamento receptor. "Eso no le pasa a Bavaria o a Diageo", concluye Soto.

En Caldas no se ha encontrado aún la forma para reemplazar los $36.000 millones que dejaría de recibir el presupuesto si la ILC se vende. Es posible que finalmente adopte una fórmula como la antioqueña o como la que promovieron los fabricantes de aceites nacionales en la Alianza Team.

De todas maneras, el desmonte del Estado Cantinero en los departamentos que mandan la parada en producción de licores del país, es el paso más importante en la dirección de cambiar para siempre la estructura de la industria licorera en Colombia.
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