| 8/18/2016 12:00:00 AM

Adiós a Mauricio Botero, el decano del mercado

Mauricio Botero Rodríguez fue uno de los mayores impulsores del mercado de capitales colombiano. Con su fallecimiento, el país pierde uno de los referentes del sector bursátil.

A principios de agosto, Mauricio Botero, el hombre que hizo grande a Corredores Asociados, falleció en Bogotá. Fue uno de los decanos en el mercado de valores colombiano y su carrera le permitió consolidarse como uno de los referentes en el sector.

Al graduarse en administración de negocios en la Universidad Eafit en Medellín, en 1968, se vinculó a la firma Alonso Botero Marulanda & Cía. y en 1976, al asociarse esta empresa con las compañías Jorge Vallejo y Cía., Escobar Barco Saldarriaga y Cía., y Quiñónez Sáiz Silva y Cía., se conformó Corredores Asociados.

Esa movida la identificó Botero perfectamente: “Teníamos cuatro tiendas pero necesitábamos un supermercado; queríamos tener investigaciones económicas, avanzar en el mercado, convertirnos en líderes, y lo conseguimos durante mucho tiempo, ese era nuestro objetivo”, dijo en una entrevista para la revista Criterio Inversionista.

Al unirse estas empresas quedaron con 25% del mercado y le dio un mayor dinamismo al sector. Fue presidente de Corredores Asociados en dos ocasiones, pero reconocía que su fuerte era la parte comercial. De hecho, para él lo más satisfactorio fue haber liderado la mayoría de las emisiones de acciones que llegaron nuevas al mercado, y haber encabezado operaciones como la compra de títulos de Bavaria por parte de SABMiller, y la de Coltabaco por Philip Morris. Bajo su mando, Corredores Asociados logró triunfos comerciales como estructurar las salidas a bolsa de Éxito, Aval, Avianca y Davivienda. Casualmente fue Davivienda quien compró Corredores Asociados en 2013 y la transformó en Corredores Davivienda.

Llevar a cabo la fusión fue una de sus prioridades en los últimos años, ya que “son dos culturas diferentes: uno es un ‘monstruo’, y el otro un ‘enano’, pero se está logrando bastante bien”, decía. Tenía claro que aunque las firmas pequeñas tienen su nicho, “si no crecen, no se fusionan, o no las compra una entidad bancaria como ha ocurrido en todo el mundo, y como es usual en Colombia, desaparecen del mercado”.

Siempre fue claro y transparente en sus mensajes al sector. En lo operativo, aseguraba que “los organismos de control son muy importantes, pero me parece que internamente falta estar más encima de la gente, porque si no, uno puede llevarse sorpresas”.

Pero iba siempre más allá y quienes lo conocían sabían que en un mundo donde es fácil caer en la ambición, él defendía la prudencia. “Actuando con honestidad y con rectitud uno llega a donde uno quiere. Despacio y sin correr, eso es lo que hemos tratado de inculcar a las nuevas generaciones. Mi consejo es que uno no se puede enriquecer de la noche a la mañana, todo el que se acelera mucho se descarrila”, señalaba.

Tenía un particular gusto por la música, afición que empezó a cultivar hace varias décadas, cuando un inmigrante alemán le enseñó a descubrir esa pasión en sus primeras clases de acordeón. La música fue el ‘escape’ al acelerado ritmo que tenía como hombre de negocios.

Desde hace varios años, en Dinero tuvimos la suerte de que participara en nuestro consejo editorial, al que perteneció hasta el día de su fallecimiento. El equipo de Revista Dinero lamenta su muerte y extrañará su guía y orientación. Paz en su tumba.

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