| 3/19/2014 6:00:00 PM

Solo para niños

Crece el negocio de los restaurantes que ofrecen atracciones para los pequeños. Los impulsa el mayor consumo de los hogares y la gran influencia de los menores a la hora de gastar.

Del boom gastronómico que vive el país de la mano de marcas internacionales y chefs de renombre no se ha escapado nadie. Ni siquiera los niños. De hecho el público infantil es el nuevo objeto del deseo de muchos empresarios que quieren ir más allá de la ‘cajita feliz’ y están desarrollando una infraestructura que mezcla comida con entretenimiento.

Estudios de la Asociación Estadounidense de Investigación del Consumo indican que los pequeños son los responsables de poco más de 30% de las decisiones de gasto de un hogar y, si se tiene en cuenta que tan solo en Bogotá el gremio de los restauranteros y la revista La Barra estiman que en 2012 se facturaron $564.000 millones en este tipo de negocios, es más que entendible que en solo seis meses se hayan abierto tres restaurantes familiares, que se suman a las remodelaciones de zonas de comidas de centros comerciales. Todos con el mismo objetivo: atraer al apetecido consumidor menor de edad.

Jungla Kumba es una de esas apuestas. Abrió en noviembre pasado, luego de invertir $11.000 millones en un restaurante temático, que ya han visitado 40.000 personas. Juan Manuel Borda, su creador y quien trabajó en otros proyectos infantiles como el parque Camelot y Divercity, explica que abrieron este negocio porque detectaron una muy baja oferta de lugares de entretenimiento que puedan reunir a niños y adultos.

La primera dificultad fue conseguir un espacio de 2.300 m2 en un mercado de finca raíz tan complicado como el de Bogotá, pero luego que lo encontraron al norte, sobre la avenida Boyacá, arrancó el desarrollo del proyecto que tomó un año.

La apuesta de Jungla Kumba es una ambientación selvática que incluye árboles, rocas y animatrónicos, sumado a atracciones para los niños. Les apuntan a las familias de estratos 3 a 6 y la idea es no solo atraer a los bogotanos, sino también a los visitantes, así como a las salidas pedagógicas de los colegios. El consumo promedio de sus comensales es de $40.000.

Una oferta similar es la de Parque Safari, idea del chef Camilo Lozada y su socio Óscar Espinosa, quienes buscaron imitar restaurantes que vieron en Estados Unidos, adaptándolos a Colombia. Su propuesta no solo consiste en la ambientación de tienda de campaña en safari, con animales mecanizados de tamaño real y con movimiento independiente, sino también una carta atractiva para los adultos, pues ofrecen almuerzos entre semana para este público.

Parque Safari tiene capacidad para 200 comensales y planean pronto abrir una segunda sede en el país.

Con franquicia

El modelo de negocio de Cool de Sac es distinto, pues es una franquicia estadounidense que fue traída por Juan Carlos Pardo, empresario que además del derecho de explotación en Colombia también lo tiene para Costa Rica, Guatemala, Perú, República Dominicana, Ecuador y Chile. El primer local lo abrieron en un centro comercial del norte de Bogotá y Pardo aclara que ellos no son un parque infantil donde sirven comida, sino un restaurante con una amplia oferta gastronómica hecha por el chef Nacho Cajiao y que además ofrece atracciones para los niños.

El primer Cool de Sac (que viene de la expresión francesa cul-de-sac, que significa callejón sin salida y que inspira la arquitectura del lugar por temas de seguridad infantil) fue abierto con una inversión de $3.500 millones y con capacidad para 400 personas. Está dirigido a familias con niños menores de 12 años y su tiquete promedio está entre $25.000 y $30.000.

La idea de Pardo es abrir otros dos locales en Bogotá y también está estudiando Barranquilla y Cali.

Un concepto distinto, pero que también une restaurantes con niños, fue la decisión que tomó el centro comercial Hayuelos (al occidente de Bogotá) de renovar su plazoleta de comidas, a la que bautizó con el nombre de Selvatika y en la que invirtió $600 millones para el montaje de árboles mecanizados que les dan mensajes a los niños.

Guillermo González, gerente del centro comercial, explica que esta inversión busca ganar puntos en un mercado tan competido como en el que ellos están y que pese a que arrancaron en febrero, los resultados ya se ven. Los visitantes han subido 5% y de un promedio de 25.000 de lunes a viernes, suben a entre 35.000 y 45.000 los fines de semana y de ellos 30% son niños.

La ventaja de ubicar la decoración temática en la zona de comidas hace que los padres consuman, mientras esperan a los niños.

Es innegable que el negocio de los restaurantes está en pleno furor y estos empresarios no se quieren quedar atrás. Cifras de la firma de investigación de consumo Raddar indican que 29% de los bogotanos gastan entre $10.000 y $20.000 por persona cada vez que salen a comer afuera y a nivel nacional esa cifra abarca a 26,79% de los consumidores. Así mismo, pese a las crecientes ofertas, el costo de comer en restaurantes cada vez es mayor. Mientras la inflación de los dos primeros meses de 2014 fue de 1,12%, la de las comidas fuera de casa fue de 1,75%.

Los empresarios de restaurantes infantiles consideran que hay espacio para todos, pues es un mercado que apenas se está desarrollando en un país que tiene, según las estimaciones del Dane, 12,8 millones de menores de 14 años, de los cuales 1,8 millones viven en Bogotá. Cifras más que alentadoras para decir: buen provecho.
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