| 7/9/2004 12:00:00 AM

A romper el círculo vicioso

Empresas que están al borde de la liquidación realizan contratos de maquila para darle valor a su unidad productiva. Pero en muchos casos se ha convertido en una práctica que dilata el pago de las acreencias.

Antes de entrar al proceso de liquidación obligatoria, en el pasado muchas empresas encontraron una forma de mantener encendidas sus máquinas al firmar contratos de maquila por varios años. Pero esta práctica, en muchos casos, generó pérdidas de valor de los activos y disminución del patrimonio que les correspondía a los acreedores.

Estos contratos tienen dos caras: por una parte, recuperan la producción, insertan de nuevo estos activos al sector industrial y mantienen los puestos de trabajo operativos. Pero también, el pago de las deudas a los acreedores se dilata hasta cuando los contratos terminen y prolongan la agonía de empresas no viables.

Hoy los procesos de liquidación duran en promedio 32 meses, mientras se surten todos los pasos: inventarios, avalúos y procesos de venta. En estas circunstancias, las ventajas que se consiguen con los contratos de maquila debilitarían la posición de los acreedores y la posibilidad de una venta rápida de activos para cubrir las deudas. Según la Superintendencia de Sociedades, al 15 de junio de este año y desde 1996, 1.029 sociedades han sido aceptadas en liquidación obligatoria, pero solo 173 han terminado el proceso. Pero el proyecto de Ley de Insolvencia reduciría este proceso a 7 meses.

"Ante la inminencia de la apertura de un proceso liquidatorio, muchos empresarios o socios de la fallida empresa celebraban un contrato en el cual amarraban los activos a largo plazo, para continuar operando y procuraban lucrarse al máximo de ellos y dejarles el menor valor posible o buscando la posibilidad de que en el proceso liquidatorio se diera un concordato para nuevamente tomar la empresa y así burlar los derechos de los acreedores", dice Rodolfo Daníes, superintendente de Sociedades sobre el uso que en el pasado se dio a este instrumento (ver recuadro). "También tomaban otro camino: una vez nombrado el liquidador, por medio de contratos de maquila celebrados con él, utilizaban los activos a unos costos muy bajos y en algunos casos había actos de corrupción que vinculaban a los liquidadores que daban condiciones ventajosas en detrimento de las acreencias y de los activos operacionales. El objetivo, con las resoluciones que hemos expedido, es recuperar la rentabilidad de esos activos", agrega el funcionario.

La liquidación obliga a la venta de los activos para cubrir el pago a los acreedores, hasta donde se puedan conseguir recursos. El objetivo es obtener el mayor valor posible por los activos y por ello, lo conveniente sería vender las máquinas operando juntas, como unidad productiva. Esa es la justificación para firmar contratos de maquila, que los activos no pierdan valor en el momento de su venta. ¿Cómo funciona? Un tercero explota la planta, conserva las fuentes de empleo y el maquilador asume los costos de producción. "Se mantiene viva la empresa para que no pierda valor y pueda ser rematada, vendida o enajenada como una unidad productiva, como dice la Ley", explica el abogado Álvaro Isaza.



¿Tabla de salvación?

La figura de los contratos de maquila se está convirtiendo en una oportunidad para las empresas del sector textilero que se fueron a la liquidación. "En lo posible, en el sector textil, hay que mantener los telares funcionando por dos razones: una, la clara oportunidad de mercado con ATPDEA y seguramente con el TLC. Y dos, la crisis de la industria textilera tiene factores identificados, como el sobreendeudamiento al amparo de un mercado que nunca pudieron copar; problemas con la materia prima, básicamente algodón; y las convenciones colectivas que eran determinantes en los precios finales de venta y le quitaban competitividad. Pero las máquinas no son responsables de la situación de insolvencia", dice Daníes.

Hoy están operando, entre otros, contratos de maquila en empresas como Liverpool, Fibratolima y más recientemente Hilacol. Las dos primeras hicieron contratos de maquila antes de acogerse al proceso liquidatorio, con CI Doskar y Fabricato, respectivamente. Se firmaron con plazos de cerca de 4 años y, en el caso de Fibratolima, el contrato asciende a más de $15.000 millones, pero se incluyó una cláusula: en el evento en que se presente una compra de los activos, el contrato de maquila termina.

Hilacol recibió un permiso por 6 meses por parte de la Superintendencia de Sociedades para sus contratos que maquila con Textiles Konkord, Hilanderías Universal, CI Comertex, Wamsutta y Confecciones Kamuchy que llegan a $4.200 millones, en un negocio que incluyó, en algunos segmentos, la explotación de la marca de toallas Sécate. Sin embargo, están renegociando el contrato con la empresa Ferrocarril que hoy surte a más de 100 almacenes de la marca Azúcar y Azuquita. "En marzo se celebraron contratos para que la empresa Ferrocarril surtiera esas marcas durante 5 años. Estamos tratando de negociar para adecuar el contrato a las necesidades de la liquidación y recuperar la comerciabilidad para Hilacol de esas marcas y poder venderlas. Por ejemplo, estamos adelantando negociaciones con Ferrocarril para que disminuya el tiempo del contrato y establezcamos cláusulas, como que si se da algún proceso de venta, el contrato con Ferrocarril no sea obstáculo para vender la marca", explica Luis Fernando Alvarado, liquidador de Hilacol.

Tejidos Única podría seguir este mismo camino para activar sus plantas que están apagadas desde hace más de 30 meses. Mientras se presenta al Congreso la Ley de Insolvencia que reemplazaría a la Ley 550, cuya vigencia termina este año, la alternativa de los contratos de maquila les permitiría a las empresas que sus activos y maquinaria no pierdan valor y terminen rematándose por piezas y unidades.

Pero esta figura no puede ser una práctica eterna, porque no se puede perder el foco de la liquidación: vender los activos para pagar los pasivos a los acreedores.
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