| 3/5/2004 12:00:00 AM

A precio de oro

Los precios internacionales de la chatarra de hierro han aumentado 95% en seis meses. La posibilidad de vender mejor en el exterior podría causar un desabastecimiento local de este insumo, vital para la siderurgia nacional.

Mientras el precio internacional del hierro en América Latina aumentó 62% en los últimos seis meses, el de la chatarra creció un sorprendente 95%. La razón, la misma de siempre: el incontenible aumento de la demanda de China. El efecto: un alza en los precios domésticos de la chatarra y la amenaza de un desabastecimiento generalizado del material.

La chatarra es vital para la siderurgia colombiana, por cuanto es el principal insumo de las cuatro empresas (Diaco, Acerías de Caldas -Acasa-, Sidoc y Acerías Sogamoso) que producen el 70% del hierro nacional. Incluso Acerías Paz del Río, la única siderúrgica que utiliza mineral de hierro en sus procesos, comenzó a demandar algunas cantidades de chatarra desde hace cuatro meses.

Por su pequeña capacidad, Colombia es muy vulnerable a los cambios en las condiciones mundiales de esa industria. En 2002 fabricó cerca de 663.000 toneladas de acero en bruto, eso es apenas el 1% de la producción de América Latina. Por ello, el efecto de las alzas internacionales se trasladó al mercado doméstico. Entre octubre y febrero los precios de la chatarra crecieron 34% en pesos, el doble del aumento en los productos finales de hierro que lo hicieron en 18%.

El temor que asalta a los industriales del acero en el país es que los grandes 'chatarreros' decidan vender su producto en el exterior, movidos por la sustancial diferencia de precios. En Colombia se compra una tonelada en $450.000 (US$166), mientras que en Estados Unidos se paga a US$232. Además, una empresa nacional informa haber registrado precios de compradores chinos en febrero por US$320 la tonelada, 38% más que los del mercado estadounidense.

Si esto ocurre, el mercado nacional fácilmente se desabastecería. "Si se exportaran 7.000 toneladas de chatarra al mes, se paralizaría la producción de algunas plantas", afirma Juan Manuel Lesmes, director de la Cámara de Fedemetal, de la Asociación Nacional de Industriales, Andi. Colombia consume 35.000 toneladas de chatarra mensuales.



Controversia

Para conjurar el problema, los industriales proponen limitar las exportaciones de chatarra. Argumentan que varios países ya lo hacen. Argentina obliga a los exportadores a consignar el 40% del valor de la venta al exterior. Venezuela llevó el producto a una lista de licencia previa, con lo cual se requiere un permiso para exportar. En Estados Unidos, la discusión está abierta y muchos apuestan que se establecerá un mecanismo de cuotas para las ventas al extranjero. El objetivo es mantener abastecidos los hornos de las fábricas locales.

Sin embargo, los grandes comerciantes colombianos de chatarra afirman en privado que no les interesa exportar. Les parece que el mercado local les garantiza mayor estabilidad hacia el futuro. De hecho, algunos están negociando contratos de venta con siderúrgicas nacionales. "Estamos vendiendo menos de 5% de la producción a compradores chinos, españoles, portugueses y de Taiwán", dice uno de ellos. La cifra equivaldría a 1.100 toneladas mensuales.

Consideran que son demasiado pequeños en el negocio mundial del acero y que si no cuidan su patio, algún comercializador internacional con un par de millones de dólares podría sacarlos de la competencia. Afirman que, incluso, aprobarían un acuerdo que limite las exportaciones. Las siderúrgicas dudan un poco de su sinceridad. "Los chatarreros sí están exportando su material", dicen.

Ventas de exportación o no, ya hay signos de escasez de productos de hierro. Los compradores de volúmenes pequeños no están consiguiendo productos con facilidad. Además, los aumentos de precio, otra prueba de falta de chatarra, caracterizan la industria. Los vendedores de hierro no sostienen los precios más allá de 15 días y en los contratos el precio se reajusta a la entrega.



Un mercado de pocos

Con todo, los comerciantes no parecen tener muchas razones para secar completamente la oferta. Los mayoristas de chatarra son unas pocas empresas, por lo cual -incluso en el escenario de cierre de fronteras para la exportación- tienen una buena posibilidad de imponer sus condiciones a las siderúrgicas.

Las importaciones desde Venezuela están virtualmente cerradas y desde otros lugares son prohibitivas. Sidoc trató de conformar una empresa en Panamá al inicio de 2002 para traer chatarra del istmo. Cuando tomaron la decisión, la chatarra se pagaba a US$40 por tonelada. Seis meses después, cuando finalmente obtuvieron los permisos de operación, la cotización había subido a US$170. Desecharon el proyecto, dice Marcela Mejía, gerente administrativa y financiera de esa firma.

Los grandes chatarreros son fuertes en sus mercados. Les anticipan dinero a sus proveedores, en su mayoría recicladores, con lo cual garantizan su aprovisionamiento. Las siderúrgicas, en cambio, se sienten en desventaja. "A los precios actuales, les tenemos que hacer retención en la fuente a las personas que vienen a vendernos una carretilla de chatarra. No les gusta porque, como no declaran impuestos, pierden ese dinero", explica la ejecutiva.

Así las cosas, la limitación de oferta puede continuar un tiempo. Por eso, por ahora, la graciosa precaución de Marcela Mejía parece tener bastante sentido: "Nosotros estacionamos el carro tan lejos del horno como se pueda".
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