| 6/23/2006 12:00:00 AM

A paso lento

Los gobiernos se pueden beneficiar del uso de sistemas de pago electrónicos y tarjetas de crédito y débito. Los avances en Colombia y en América Latina todavía son pocos.

El proceso de bancarización en Colombia va a cuentagotas. Un estudio reciente del Economist Intelligence Unit señala que apenas un 40,3% de la población utiliza el sistema bancario. En América Latina, en general, solo un segmento de la población realiza sus transacciones financieras con tarjeta débito o de crédito. El problema, sin embargo, no se limita únicamente a la población. "Los gobiernos de la región todavía no terminan de descubrir el enorme potencial de los sistemas de pago electrónicos", explica José María Ayuso, vicepresidente de Visa para la región de América Latina y el Caribe. Mientras los gobiernos de varios países de Asia y, por supuesto, Estados Unidos y Europa dependen cada vez más de las infraestructuras de pagos que ofrecen las compañías de tarjetas de crédito y débito, los gobiernos de América Latina apenas comienzan a aprovecharlos. "Es un problema de falta de innovación y de reticencia a la adopción de nuevas tecnologías", puntualiza Ayuso. El uso de sistemas de pago electrónicos, sin embargo, puede ser una valiosa herramienta en el desarrollo de políticas más eficientes y transparentes para los gobiernos.

Colombia ha conseguido saborear parte de esos beneficios. Uno de los principales ejemplos de las ventajas de la integración de sistemas de pago electrónico por parte del gobierno arrancó en 2004 con la devolución de puntos porcentuales del IVA en las compras que se realizan con tarjetas de crédito o débito. No es el único caso. Países como Argentina, Costa Rica, República Dominicana, México y Uruguay han venido aplicando programas que intentan impulsar el uso de tarjetas de pago. "Su principal beneficio es una mayor transparencia en las transacciones financieras y termina impulsando la recaudación de impuestos", dice Ayuso.

El gobierno electrónico tiene que ir acompañado de sistemas de pago electrónicos, señala Alberto Abad, director de la Administración Federal de Ingresos Públicos en Argentina. "Impulsar sistemas de pago electrónicos es una de las claves para reducir la informalidad", indica. Colombia tiene uno de los más altos niveles de economía sumergida de la región, al llegar al 39% del Producto Interno Bruto (PIB). Bajo el mando de Abad en Argentina la informalidad ha pasado desde el 32% desde 2001 hasta un 24,5% en 2005. "Impulsar los sistemas de pago electrónico ha sido una de las piezas en el rompecabezas para reducir la economía sumergida", resalta Abad. La informalidad se combate con "el aumento de la bancarización, con la sociedad digital y el gobierno electrónico". Abad remarca por otra parte que el uso de tarjetas "facilita el cumplimiento" para el pago de impuestos, porque la gente debe pagar de una manera que "casi no se da cuenta".

El uso de tarjetas también puede servir para distintos programas de los gobiernos, insiste Ayuso. "Ofrecer cualquier tipo de subvención o préstamo a pyme con una tarjeta débito es eficiente y, además, transparente", señala. En México, por ejemplo, una alianza entre el gobierno y bancos comerciales ha conducido a un programa que sirve para administrar préstamos a pequeñas empresas con mayor eficiencia y reducción de costos.

Según estudios de Visa, los programas de subsidios a los estratos más pobres se pueden realizar con tarjetas débito, lo que permite a los gobiernos analizar y rastrear cómo se gastan. A pesar de que puede suponer una invasión a la privacidad de los afectados, permite a los gobiernos estudiar cuáles son las principales necesidades de los estratos de ingresos bajos. La incorporación de estos programas y sistemas de pago en la región y en Colombia, sin embargo, avanza lentamente. "Los gobiernos tienen que ser más ágiles en la incorporación de nuevas tecnologías", sentencia Ayuso.
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