| 3/12/1999 12:00:00 AM

A medio camino

El apoyo al Quindío se ha concentrado en donaciones para los damnificados y en estímulos a la inversión del resto del país. Poco se ha hablado de cómo serán rescatados los empresarios locales.

La solidaridad de Colombia con la tragedia del eje cafetero contribuye a recuperar la fe en el país. En medio de una recesión de proporciones históricas, los colombianos han hecho a un lado sus preocupaciones más inmediatas para dar la mano a la gente del Quindío y Risaralda, entregando ayuda en dinero y bienes materiales en proporciones sin antecedentes. La ayuda internacional ha sido generosa y el aporte de los colombianos también. Las donaciones en las entidades financieras en el país ascienden a $6.100 millones, es decir, cada familia colombiana ha aportado cerca de $1.000 o por cada familia afectada por el terremoto se han donado $35.000. Del exterior también han llegado donaciones importantes. De acuerdo con Luis Carlos Villegas, quien dirige el Fondo para la Reconstrucción de la Región del Eje Cafetero, han sido cerca de $2.800 millones. Esta generosidad muestra que en Colombia hay reservas amplias cuando se trata de convocar a la gente a trabajar por el bien común.



Sin embargo, a medida que se recogen estadísticas sobre la magnitud del daño causado por el terremoto y su impacto preciso en la actividad económica, va quedando claro que faltan piezas en la estrategia.



Mientras que en la región se puede apreciar una inconformidad por el exceso de centralismo en el manejo de la crisis, en el gobierno central hay temor frente a un posible manejo politiquero de los recursos. En medio de esta tensión, crece la preocupación entre los empresarios del Quindío: ¿cómo hacer para que los recursos de apoyo no se concentren en traer empresas de otras partes, sino en volver a poner en pie a los empresarios locales? En particular, les preocupa que en los planes de recuperación se habla poco de las actividades que eran fundamentales en la economía de la región antes del terremoto: la agroindustria, el turismo y, sobre todo, el comercio.



Incluso cuando se trata de la industria de la construcción se muestran preocupados. En este sector habrá trabajo, pues fueron cerca de 40.000 las viviendas destruidas. Sin embargo, los empresarios locales del sector temen que su participación en ese trabajo vaya a ser limitada. Como lo afirma Ramiro Barros, de Camacol Quindío, "esperamos que el gobierno central nos tenga en cuenta para que las grandes constructoras no se queden con todo el trabajo".

Guillermo Jaramillo, presidente de Fenalco en el Quindío.



Barros cree que la participación de las firmas de otras partes del país es necesaria, pero que también se deben incluir en los planes unas fórmulas explícitas que aseguren la cooperación entre constructores locales y esas empresas, para que la reconstrucción no implique el fin de los empresarios de Armenia.



Las cifras



El terremoto fue el 25 de enero, pero la magnitud del desastre económico todavía no se comprende del todo. A medida que se recolecta información, va quedando claro que la renovación de la economía local va a ser un trabajo largo y se va a requerir coordinación detallada.





La recuperación del Quindío será un reto para los líderes de la región. El desempleo en la región, según el Dane, es ahora del 34,3%, lo que significa que cerca de 90.000 personas están sin empleo, es decir, 60.000 más que en diciembre pasado. Según las cifras de la más reciente encuesta de Fenalco, las pérdidas totales del sector productivo ascienden a casi $221.000 millones, de los cuales $66.000 millones corresponden a la destrucción de locales comerciales.



De acuerdo con Fenalco, esto equivale al 62% de la actividad económica de la región. Para Guillermo Jaramillo, presidente de Fenalco seccional Quindío, una grave falla del gobierno ha sido desconocer la importancia del comercio, pues "no ha tomado medidas concretas para solucionar los problemas de este sector, el más afectado por el terremoto y la principal actividad económica de la región". El ex congresista risaraldense Juan Guillermo Angel agrega que "uno de los problemas más graves para el comercio es la pérdida de la cartera, a lo que aún no se le ha dado la importancia que merece". Esto sin tener en cuenta las ventas que se dejaron de hacer en el último mes, pues una buena parte de los $199.000 millones que se han dejado de vender corresponde a los comerciantes.



Otro aspecto al que no se le ha dado prioridad, y que tiene enormes consecuencias en el largo plazo, es el caos en el sector educativo. La mayoría de los centros educativos quedaron destruidos y tan sólo en Armenia se demolieron 49 de ellos. La reconstrucción de la educación exige una estrecha cooperación entre los sectores público y privado. Es el momento de ensayar fórmulas innovadoras, pero además hay que hacerlo rápido. Si la educación no vuelve a funcionar rápidamente, podría convertirse en un lastre que retrasará el desarrollo regional durante años.



No hay planes para los sectores que alimentaban la vida económica antes del terremoto: la agroindustria, el turismo y, sobre todo, el comercio.





Ha pasado poco tiempo desde el terremoto y es natural que haya desorden. Sin embargo, esta etapa tiene que ser superada rápidamente desarrollando un sistema de trabajo que aproveche bien, tanto los esfuerzos que se están haciendo desde el resto del país como los de la propia región. El gobierno tiene que estar abierto a las iniciativas locales, pues si algo han demostrado las experiencias en recuperación de desastres es que los grandes diseños impuestos desde arriba tienen pocas probabilidades de generar nueva vida comunitaria y una actividad económica arraigada. Por otro lado, los empresarios regionales tienen que demostrar capacidad de trabajo en grupo, liderazgo y ejecución para ser actores importantes en su propio desarrollo futuro o, de otra manera, serán superados por los acontecimientos. El potencial de esta experiencia es grande, pues de aquí puede salir un nuevo modelo de cooperación local y nacional, pública y privada. Pero si la coordinación no se logra, también podríamos estar a las puertas de una gran frustración.
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