| 9/15/2006 12:00:00 AM

A jugar limpio

Con más de tres décadas de crecimiento incomparable, la economía china tiene el desafío de ganar la competencia por el liderazgo sin seguir deteriorando el ambiente del país y, de paso, el del mundo. Es el momento de los cambios tácticos.

El milagro chino es una constante en los negocios y hablar de él es como hablar del clima. A la nación oriental llegan empresarios de todos los confines de la Tierra a conseguir su tajada de negocios, en tanto que salen productos chinos que responden como en un partido de baloncesto, canasta a canasta, a las incursiones foráneas. La última clavada de los chinos es en el partido de los zapatos deportivos, en el que la marca Li-Ning, propiedad del gimnasta figura en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, fichó como promotor de su imagen para el mundo al gigante de los tablados en Estados Unidos, Shaquille O'Neal. Tiemblen Nike, Reebok, Adidas y sus primos.

China juega duro en los mercados mundiales dentro y fuera de su territorio. Más de medio millón de empresas de ADN extranjero están allá, en sectores como la industria manufacturera, en primer lugar, pero también en las infraestructuras, los servicios y el comercio, con inversiones realizadas por más de US$600.000 millones en los últimos 5 años. De las 500 mayores multinacionales del mundo, hoy, cerca de 450 han realizado inversiones en China y, de ellas, buena parte ha establecido en este país su oficina regional para Asia-Pacífico.

En el partido de ida, para finales de 2005, las multinacionales chinas invirtieron en el mundo, según el Ministerio de Comercio chino, un 26% más que en 2004 en el exterior, en total, unos US$6.900 millones, una jugada de contragolpe basada en adquirir marcas de prestigio que faciliten la internacionalización de sus empresas de una forma rápida (como la empresa de televisores de la cadena francesa Thomson y la división de computadores personales de IBM) y asegurarse el acceso a los recursos energéticos y las materias primas que reclama su economía. Así, China ha invertido US$6.000 millones en empresas de gas y petróleo en el exterior, mientras sus empresas han invertido unos US$33.000 millones en industrias de recursos minerales fuera del país. El 60,3% de sus inversiones se ha dirigido a Asia; en tanto que América Latina acapara el 16,2%; África, 6,9%, Estados Unidos, 6,7%; Europa, 6,3%; y Oceanía, 3,6%. Han creado filiales de sus empresas en el extranjero por US$1.770 millones y han empleado otros US$1.930 millones en fusiones y adquisiciones.

Con este virtuosismo comercial y de negocios, no cabe duda de que China es un jugador notable. Pero todo Aquiles tiene su talón, y el de este coloso es el ambiente, en el suyo y en su mala influencia en el cada vez más caliente planeta Tierra

Sudor ácido
Las ganancias y réditos comerciales de las multinacionales en China se están gastando a una alta velocidad para enmendar los daños a ríos y tierras, tratando de reparar fábricas mal hechas y minas desarmadas, así como evitando que el aire pese y la lluvia queme. Hay problemas internos en ese equipo.

Las emisiones de dióxido de sulfuro el año pasado le costaron al gobierno chino más de US$60.000 millones en daños a la salud humana, edificios y cosechas, según reportes oficiales de las autoridades ambientales. Cada tonelada del dañino gas lanzada al aire le cuesta unos US$2.500 al país, calculó Li Xinmin, director de control de contaminación de la Administración Estatal de Protección Medioambiental (SEPA, equivalente a un Ministerio de Medio Ambiente) en un boletín de la entidad. En 2005, China emitió 25,49 millones de toneladas de dióxido de sulfuro, más que ninguna otra nación. Ese gas, producto de la quema de carbón, produce problemas respiratorios en humanos y animales, además de ser un componente de la lluvia ácida, que se asocia con degradación de superficies inmuebles y contaminación de suelos y cosechas.

El gobierno de China ha prometido disminuir las emisiones en 10% en los próximos cinco años, pero reconoció que falló en cumplir esa meta en el período 2000-05, en el que contrariamente se incrementaron 27%. Mientras, Li Xinmin reconoció que 357 de las 696 ciudades chinas estudiadas —51,3%— presentaron indicios de lluvia ácida. Paradójicamente, esto supone un empeoramiento frente a épocas en las que China mostraba menor interés en la protección ambiental y aseguraba que el fenómeno de la lluvia ácida afectaba a un 30% del país. Con esta relación, el ritmo industrial que vive el país, aumenta de forma exponencial el problema ambiental y las ganancias comerciales no van a poder solucionar las pérdidas ambientales.

La lluvia ácida causa aridez en el suelo y puede cambiar la composición química de ríos y lagos. Esta lluvia puede ser uno de los factores de la elevada contaminación del agua en China, donde beber este líquido directamente del grifo es inimaginable y más de la mitad del agua dulce tiene graves problemas, lo que se suma a las graves pérdidas económicas señaladas.

Sin zona de hidratación
Mientras en una mitad de China la lluvia quema, en la otra no existe. Desde hace más de un mes, millones de personas no tienen agua potable por la grave sequía que afecta al suroeste, el norte y el noroeste del país. Más de 270.000 hectáreas de cosechas y 900.000 animales domésticos sufren los efectos de las escasas precipitaciones, inferiores en 70% a la media de otros años. Según un informe oficial, 14 millones de ciudadanos pueden quedarse sin agua potable a causa de la sequía. Fatal, jugadores deshidratados y aún no llega el medio tiempo.

Entre las medidas para paliar sus efectos, el gobierno tiene pensado trasvasar agua desde la meseta tibetana hasta los cursos altos del río Amarillo, que fluye por la zona afectada por la sequía. Li Guoying, director del Comité de Conservación de Agua del Río Amarillo, presupuestó que el costo de la obra entera será de unos US$62.500 millones.

En contraste, en la región septentrional china, a pesar de hallarse alejada de la zona de influencia de los tifones que golpean el sudeste del país por esta época, 33 personas han perdido la vida a causa de inundaciones, lluvias torrenciales y corrimientos de tierra en la Región Autónoma de Mongolia Interior. Las precipitaciones han dañado importantes zonas agrícolas y han arrasado viviendas, carreteras e infraestructuras de almacenamiento de agua, provocando fuertes pérdidas económicas en las dos regiones.

Sin un reajuste táctico, en el partido de vuelta de este campeonato, China puede estar perdiendo con el clima, los recursos naturales y la desertificación de sus campos de producción agrícola y sus fuentes de agua. Es tiempo del 'fair play' en las fábricas y un cambio de 'energizantes' a unos menos dañinos.

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