| 2/20/2004 12:00:00 AM

A cambiar la estructura

La industria avícola tendrá que hacer ajustes para competir en un mercado abierto. La consolidación, la integración vertical y la formalización del negocio podrían darle un nuevo impulso.

Perdigao, el segundo jugador del sector avícola en Brasil, ya solicitó ante el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) que sus plantas en ese país sean verificadas, lo que constituye su primer paso para competir en el mercado colombiano.

Esta petición de la empresa brasileña es una muestra del interés que despierta el país, a pesar de la protección interna del pollo, de los elevados aranceles, y de que los procesos de desgravación en los acuerdos comerciales van a tomar varios años.

El consumo per cápita de pollo en Colombia es de solo 15 kilos, mientras que en Venezuela, antes de la crisis, era de 25 kilos y en Panamá de más de 30 kilos. El potencial de crecimiento abre una ventana de oportunidad para que la industria en el país crezca y jugadores externos busquen un pedazo de esa torta.

Sin embargo, el entorno de las negociaciones comerciales que se avecinan como el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC) o el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), o las que acaban de terminar como la Comunidad Andina-Mercosur representará un nuevo panorama para la industria avícola colombiana, tanto en el campo internacional, como en el mercado interno.

Las amenazas de países mucho más consolidados, como Estados Unidos o Brasil, son grandes. Las empresas colombianas y el sector avícola han entendido que es necesario profundizar los esquemas de integración y darles mayor valor agregado a los productos para poder competir bajo las nuevas reglas que impondrá el libre comercio.



Lo internacional

Una de las mayores amenazas para el sector avícola es el TLC con Estados Unidos. El consumo de pollo en ese país crea una distorsión en el mercado, porque su dieta se basa en pechugas del animal y desprecian lo que se denominan cuartos traseros o trozos de pollo -patas y perniles-. "Esta distorsión no es producto de normas. Se trata de prácticas alimentarias de la sociedad, que son las más difíciles de cambiar", dice un empresario.

Seguramente, con Colombia, al igual que con los países con los que negocia tratados de libre comercio, Estados Unidos buscará exportar esos trozos de pollo y parte de la pechuga. El problema es que, como carga su costo a la pechuga, el valor de los trozos es muy bajo y podría romper precio en el país y amenazar a la industria avícola nacional.

Pero por el otro lado, Colombia es uno de los principales importadores de maíz de Estados Unidos al ubicarse en los primeros 5 lugares de destino de su grano. Más del 80% de las importaciones viene de ese país, pues la producción nacional no cubre las necesidades de la industria.

"A Estados Unidos, como industria agrícola, le interesan unas empresas avícolas fuertes en Colombia que garanticen la compra de grano y si este entra con cero arancel y se garantiza la compra de la producción nacional, se podría producir pollo más barato", explica César Camargo, gerente de Incubacol.

Las protecciones del sector no han permitido que los trozos de pollo ingresen al mercado, aunque hay otras protecciones naturales, como la forma de consumo, que juegan a favor de los locales. En Colombia, el pollo se consume fresco y no congelado, por lo cual las importaciones de producto congelado podrían no tener mercado. Pero en una economía con altos niveles de pobreza, el precio podría, incluso, cambiar los hábitos alimentarios.



Lo local

Mientras se negocia el TLC, la industria avícola en Colombia pasa por dos momentos definitivos para su futuro. Por una parte, en lo público, la reforma tributaria que se aprobó en diciembre pasado le da una herramienta muy importante al negocio: impulsa su formalización. Por ser productos de la canasta familiar, el pollo y el huevo quedaron exentos de IVA. Es decir, pueden solicitar al gobierno la devolución del impuesto que los productores pagaron a sus proveedores. Esto exige que todos los jugadores de la cadena tengan las cuentas claras y va a obligar a las empresas informales a formalizarse, pues ¿con quién van a hacer negocios los grandes productores? Con los legales, porque este es un negocio de altos volúmenes y estrechos márgenes y cualquier monto que se ahorre en el proceso, o se recupere, es vital en su competitividad.

Y por otra parte, en el sector privado, los procesos de consolidación avanzan muy lentamente. La industria avícola colombiana está muy atomizada. Los dos primeros jugadores del sector no tienen más del 10% de participación de mercado cada uno, lo cual significa que para alcanzar economías de escala y mayores niveles de productividad que se traduzcan en precios más bajos, aún falta camino por recorrer.

La consolidación y la integración vertical de las empresas todavía son muy lentas. Los dos últimos grandes movimientos en este sentido se dieron así: por una parte, Pimpollo, de Pereira, y la Incubadora de Oriente, de Bucaramanga, se fusionaron, mientras que Pimpollo del Caribe, Carioca e Incubacol tienen, según César Camargo, representante de Incubacol, "un proceso de integración muy parecido al del Grupo Empresarial Antioqueño, GEA, pues estamos enrocados unos con otros".

"No es conveniente una fragmentación tan alta", agrega un empresario del sector. Precisamente, la formalización puede ser un gran aporte a la integración y consolidación de empresas. Sin embargo, no avanza al ritmo requerido, tanto que podría atrasar la llegada de inversión extranjera al sector.

¿Por qué? Con más de 40 millones de consumidores, el atractivo del mercado colombiano no es despreciable. Pero para entrar al mercado cualquier gigante extranjero buscaría un jugador local que tenga más del 20% de participación y la actual fragmentación no lo permitiría.



El valor agregado

Tanto el pollo como el huevo son commodities. ¿Cómo posicionarlos en el mercado y hacer que, además del precio, tengan mayor valor agregado? Una parte de la respuesta es la red de distribución. Aunque en la mayoría de los casos las ventas se hacen por medio de mayoristas que distribuyen productos para tiendas o grandes superficies, cada vez es mayor la importancia de las tiendas especializadas, ubicadas incluso frente a los supermercados para competir con los productos de la cadena, como el caso de Avidesa con MacPollo.

Pero la situación es diferente en el caso del huevo. "Solo el 2% de la producción de huevo en el mundo corresponde a comercio exterior. No necesita características especiales de producción y casi todos los países se autoabastecen", explica Juan Felipe Montoya, director internacional de Incubadora Santander. Esta empresa busca generar huevo en polvo para exportar. "Un huevo en cáscara puede durar entre 30 y 40 días. En polvo, su vida útil aumenta a 6 meses. El consumo de huevo para la industria de alimentos, cosméticos y farmacéuticos es muy grande. En estos últimos sectores hay un nicho importante en Japón y China donde pensamos exportar", agrega.

Las negociaciones comerciales en sectores como el avícola tendrán procesos de desgravación más largos. Pero Colombia no puede darse el lujo de repetir la situación mexicana en el Nafta pues, después de vencerse los términos, México tuvo que pedir una prórroga a Estados Unidos para que su industria avícola lograra mayor competitividad. Es tiempo de construir, fortalecer la industria, consolidarla y aprovechar las ventajas en la negociación. Después será demasiado tarde.
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