| 9/4/2014 6:00:00 AM

De récord en récord

Con precios máximos históricos, Wall Street pasa por uno de sus mejores momentos. Pero mientras algunos celebran, hay quienes pronostican una nueva burbuja.

Desde marzo del año pasado el principal índice accionario de Estados Unidos, el S&P 500, viene registrando récords: primero rompió la marca de las 1.500 unidades –registrada en marzo de 2000–, luego superó los 1.600 –en mayo de 2013– y al cierre de agosto de 2014 llegó a las 2.000 unidades.

Esto animó más a los llamados bullish en Wall Street, que son aquellos que imitan el movimiento de los toros (bulls) cuando embisten y ven los mercados al alza, pues aquellos que invirtieron US$10.000 en noviembre de 2009 en algún fondo que replica al S&P 500 hoy tienen US$19.400, es decir, ganaron 94%.

El principal propulsor de la bolsa ha sido la FED, que desde el estallido de la crisis financiera de 2008 ha desplegado una agresiva política monetaria expansiva, manteniendo las tasas de interés en niveles históricamente bajos, lo que lleva a los inversionistas a buscar una mayor rentabilidad en las acciones.

Justamente por las alzas, que también son evidentes en los demás índices de Wall Street –el Dow Jones ha subido 79% en los últimos cinco años y el Nasdaq más de 100%– varios analistas han prendido las alarmas sobre la posibilidad de una burbuja. Para hacer este pronóstico se basan en el indicador price-to-earnings ratio o p/e, el cual mide la relación entre el precio de una acción en el mercado y las ganancias anuales de la empresa.

Al cierre de esta edición el p/e de las acciones estadounidenses estaba en 20 y, dado que el promedio histórico ha sido de 16, esta sería una clara señal de que los precios están altos. Sin embargo, el p/e más alto se registró en junio de 1999, durante el boom de las acciones tecnológicas y el indicador marcó 31.

Otro indicador que genera preocupación es el cyclically adjusted price to earnings ratio o cape, el cual usa la misma fórmula del p/e, pero extendiendo el cálculo en un periodo de 10 años. El cape de las acciones estadounidenses está en 25, por encima de su promedio del siglo XX, que fue de 15,21.

El premio Nobel de economía, Robert Shiller, quien fue uno de los creadores del indicador cape, ha expresado su preocupación por lo caras que están las acciones. Su temor se basa en que el dato actual de 25 solo ha sido superado en tres ocasiones desde 1881: en los años cercanos a 1929, cuando la bolsa literalmente se derrumbó; en 1999, antes del estallido de la burbuja tecnológica, y en 2007, antes de comenzar la turbulencia generada por las hipotecas subprime.

Exuberancia irracional

En un reciente artículo en The New York Times, Shiller explicó que el cape nunca fue pensado para indicar el momento de comprar o vender, y que el mercado podría permanecer con valoraciones altas durante años. Pero teniendo en cuenta que el actual es un ‘periodo inusual’, los inversionistas deberían estar mirando todos los indicadores.

“Yo me preguntaría si hay factores legítimos que respalden valoraciones altas por tantos años y, aunque en las encuestas que hacemos con inversionistas estos muestran que cada vez están más preocupados, no hay una explicación certera para estas altas valoraciones. Sospecho que la verdadera respuesta se encuentra en el ámbito de la sociología y la psicología social –en fenómenos como la exuberancia irracional– así que, si el estado de ánimo cambia de nuevo, las inversiones en acciones pueden decepcionarnos”, advierte Shiller en su artículo.

Otro economista y experto en finanzas, Burton G. Malkiel, escribió en The Wall Street Journal, que el cape hace un trabajo razonablemente bueno de predecir la rentabilidad del capital a 10 años, pues cuando está alto pronostica bajos rendimientos futuros y cuando está bajo suele ir seguido de generosos retornos bursátiles. No obstante, el cape no es útil para predecir los rendimientos a uno o dos años.

Agrega que quienes están convencidos de que las acciones tienen una valoración razonable lo hacen basados en el bajo rendimiento de los bonos de la renta fija, que son los principales competidores de las acciones. Sus tasas de interés a corto plazo son esencialmente cero, y el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años es solo de 2,4%. Por ende, los inversionistas que buscan rentabilidad tienen pocos lugares a dónde ir distintos a las acciones. No obstante, Malkiel cree que la preocupación de los seguidores del cape es también válida, pues los rendimientos de largo plazo de las acciones probablemente van a ser inferiores a los actuales.

Otra opinión tiene Renato Grandmont, director de inversiones de Wealth Management Latin America en el Citibank, quien desde su entidad está recomendando aumentar las inversiones en acciones de países desarrollados, como Estados Unidos.

Las razones son varias. Primero, Estados Unidos ha mostrado mejores resultados en crecimiento y reducción del desempleo. Segundo, hay sectores con muy buenas perspectivas, como las compañías minero-energéticas, que van a tener cada vez mejores resultados por cuenta del cambio en la canasta energética mundial, gracias al auge del fracking, técnica que permite aumentar la extracción de gas y petróleo, y que transformará a Estados Unidos de importador a exportador de energéticos antes de 2020.

El tercer argumento de Grandmont es que las inversiones en Wall Street se van a beneficiar de la divergencia entre la política de la FED y la del Banco Central Europeo. Mientras la primera va a endurecer su política monetaria de aquí a septiembre de 2015, la segunda va camino a una mayor flexibilización.

Aunque con pronósticos opuestos, bullish o y bearish (que como un oso, con su garra empuja el mercado a la baja) seguirán haciendo sus apuestas, aprovechando que ningún economista es capaz de predecir la bolsa con certeza. Lo cierto es que cada vez hay que invertir con más cuidado en Wall Street.
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