| 3/16/2017 12:00:00 AM

Trump no logra aterrizar sus promesas de campaña

¿Logrará el presidente Trump precisar sus propuestas de una manera que conserve el apoyo de sus electores, de los mercados y de los republicanos?

El gobierno del presidente Donald Trump lleva poco tiempo, por lo cual sus logros son escasos. A pesar de ello, sus electores y los mercados siguen encantados con su retórica, que reitera de manera firme las promesas de su campaña, algunas de las cuales parece llevar a la práctica mediante órdenes ejecutivas.

Sin embargo, hasta ahora las más efectivas apenas revocaron algunas normas sobre el desperdicio minero y la venta de armas, o confirieron a los agentes de inmigración mayores poderes para deportar a los extranjeros que hayan cometido incluso delitos menores. Las demás ordenan al Congreso o a las agencias estatales hacer cosas, cuando “llegue el momento preciso”.

En su discurso ante el Congreso, el presidente reiteró su diagnóstico de la situación de Estados Unidos como un país devastado por la ilegalidad causada por las fronteras abiertas, a través de las cuales entran el crimen, las drogas y el terrorismo. Por tal motivo, reafirmó su planteamiento de que un muro en la frontera con México sería un “arma muy efectiva contra las drogas y el crimen”.

También dictaminó que la llegada de inmigrantes reduce la remuneración para los trabajadores. En consecuencia, “el cumplimiento estricto de las leyes de inmigración incrementará los salarios, ayudará a los desempleados, ahorrará billones y hará las comunidades más seguras”.

Recomendado: Trump sacaría inmigrantes ilegales "a la fuerza"

La novedad fue su propuesta de una reforma migratoria basada en conceder la entrada según el “mérito” de los extranjeros. Este estaría constituido por sus logros educativos y sus habilidades, con base en los cuales podrían hacer una contribución inmediata, sin sustraer recursos públicos para su formación ni sostenimiento.

No obstante, el presidente no ofreció una guía para solucionar las disputas dentro del Partido Republicano, que está dividido sobre la política fiscal, la reforma tributaria y otras propuestas.

Muchos esperaban algún plan, que no esbozó, para reemplazar el Obamacare por un sistema de salud con “mayor cobertura, más eficiente y barato”. Los representantes republicanos presentaron con posterioridad un proyecto de un sistema de reembolsos tributarios –entre US$2.000 y US$4.000 anuales, según la edad– por la compra de seguros, que reemplazaría el régimen vigente basado en subsidios para los ciudadanos de bajos ingresos. Sin embargo, la propuesta no tiene una estimación del costo, ni de la cobertura, ni consiguió el respaldo de todos los parlamentarios del partido.

El presidente tampoco precisó cómo acomodar los recortes de impuestos y el mayor gasto en infraestructura y en seguridad nacional sin deteriorar el balance fiscal o recortar otros rubros.

También omitió aclarar su posición sobre el impuesto de ajuste en la frontera (BAT, por su sigla en inglés), que algunos republicanos quieren incluir en la reforma tributaria, para compensar de forma parcial la rebaja de las tasas del gravamen de renta –de 35% a 20% para las firmas–. Por el momento, la aprobación del BAT parece improbable, pues los parlamentarios demócratas y una parte importante de los senadores republicanos no son partidarios, ni dentro del gobierno tiene respaldo unánime.

Lea también: ¿Por qué los jeans están en riesgo en Estados Unidos?

La propuesta consiste en no permitir que las firmas que importan insumos puedan deducir su valor de las utilidades, lo cual aumentaría la base de su impuesto de renta. También pretende reducirla para las que exportan, al excluir sus ingresos por ventas al exterior.

De esta manera, el BAT operaría como un arancel contra las importaciones y un subsidio en favor de las exportaciones. Por tanto, sus promotores argumentan que favorecería la inversión, el empleo, la producción doméstica y la balanza comercial.

Sin embargo, como argumentan los profesores de economía de Harvard y Princeton, Emmanuel Farhi, Gita Gopinath y Oleg Itskhoki, la flexibilidad de la tasa de cambio y la proximidad al pleno empleo harían que el BAT no fuera eficaz. Los menores egresos por importaciones de Estados Unidos reducirían la oferta de dólares en el extranjero. De manera simultánea, como efecto del subsidio, sus exportaciones bajarían de precio, lo cual estimularía la demanda por ellas y por dólares en el resto del mundo. En consecuencia, el exceso de demanda por esa moneda la apreciaría.

Además, el recorte de las tasas del impuesto de renta impulsaría el gasto doméstico en Estados Unidos, pero la rigidez de la oferta y el BAT sobre los insumos importados acrecentarían la inflación. Para reducirla, la Reserva Federal elevaría la tasa de interés. Por esta razón, aumentaría la inversión extranjera en ese país, lo cual fortalecería más el dólar.

Por la pronunciada apreciación de la moneda, el efecto neto del BAT sobre la competitividad de la economía se desvanecería.

Como plantea Nouriel Roubini, el BAT también interrumpiría las cadenas globales de valor en las cuales están integradas las firmas norteamericanas, lo cual lesionaría su competitividad. Además, violaría las normas de la OMC, razón por la cual podría ocasionar retaliaciones contra Estados Unidos.

De forma paralela, la apreciación del dólar disminuiría la riqueza de los norteamericanos poseedores de activos en el exterior y desmejoraría la solvencia de los extranjeros endeudados en esa moneda. Por esta razón, podría incrementar el riesgo soberano y los costos financieros en las economías emergentes, con lo cual obstaculizaría su crecimiento y perturbaría la estabilidad de sus mercados.

Aunque el presidente no ha hecho precisiones sobre todos esos temas polémicos, los inversionistas siguen embelesados con los eventuales efectos estimulantes de algunas de sus propuestas sobre la actividad económica.

No es difícil entender sus razones. Las menores tasas del impuesto de renta para las personas aumentarían su ingreso disponible y su demanda, lo cual acrecentaría los ingresos de las compañías. Los mayores ingresos, la reducción de la tasa del impuesto de renta para las firmas y la desregulación –que reduciría sus costos– elevarían las utilidades. Los beneficios más altos y las expectativas de una demanda más dinámica incrementarían su inversión y su productividad.

Estas perspectivas generan un mayor apetito por las acciones, que ha llevado los índices de las bolsas de Estados Unidos a máximos históricos sucesivos en lo corrido del año. Esa tendencia al alza contagió a la mayoría de las bolsas del mundo.

Sin embargo, los efectos de largo plazo de esas propuestas no son alentadores. Las perspectivas de un mayor déficit fiscal y una deuda pública más elevada, junto con unas expectativas de mayor inflación, desestimularon la demanda por bonos e incrementaron las tasas de interés de largo plazo.

Al mismo tiempo, las restricciones a la inmigración y el proteccionismo amenazan ralentizar la innovación, frenar el incremento de la productividad, desmejorar la capacidad de crecimiento de la economía y el bienestar de la población.

En esas condiciones, quizá lo mejor sea, como ha hecho el presidente Trump, “por encima de todo,…” mantener sus “…promesas para los estadounidenses”, pero sin llevarlas a cabo.

Puede interesarle: ¿Cuándo terminará el amor entre Trump y los mercados financieros?

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 524

PORTADA

Así es el mercado de los bufetes de abogados en Colombia

En un año que no resulta fácil para la economía, la actividad de las firmas legales está más dinámica que nunca. Los bufetes de abogados se juegan el todo por el todo.