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En manos de líderes como Barack Obama, David Cameron, Angela Merkel y Shinzo Abe estará el futuro del movimiento de las monedas en el mundo, hoy en calma.

| 5/15/2013 6:00:00 PM

Tregua de monedas

Después de criticar a Japón por debilitar el yen, sus colegas del G-7 decidieron apoyarlo y ahora se debaten entre seguir apretándose el cinturón o crear nuevos estímulos para volver a crecer.

Por primera vez en cuatro años, los poderosos miembros del Grupo de los 7 (G-7), decidieron dejar de pelear con Japón para que apreciara el valor del yen. Prefirieron aceptar el argumento de la tercera economía del mundo de que está devaluando su moneda no para volver más competitivas sus exportaciones, sino para luchar contra un estancamiento económico de dos décadas.

Tras una atípica reunión de los Ministros de Finanzas del G-7 cerca de Londres –se realizó a menos de un mes de las asambleas de primavera del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial–, los representantes de Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Japón, Canadá y Gran Bretaña no terminaron su encuentro con una declaración conjunta, como de costumbre.

Esta vez, en un corto discurso, aceptaron ante la prensa que la tasa de cambio del yen frente al dólar sea de 100 yenes por cada billete verde y que, como contraprestación, monitorearán de cerca el impacto de las políticas japonesas en el resto de monedas ‘duras’ del planeta.

La rápida devaluación del yen ha despertado temores de una guerra de monedas, en la que los países usan sus tasas de cambio como arma económica. Si otras naciones responden a la baja del yen haciendo lo mismo con sus monedas, Japón estaría de regreso al punto de partida y la economía mundial podría sufrir. De hecho, cuando se presentan fuertes fluctuaciones en el valor de las monedas, se puede dañar la confianza empresarial y la inversión.

El yen se ha desvalorizado 15% frente al dólar en lo que va de este año, gracias a que su banco central ha tomado agresivas medidas expansionistas, duplicando la cantidad de dinero en circulación (cada mes compra unos US$75.000 millones en bonos).

Tras el anuncio del G-7 no solo siguió la devaluación –el 13 de mayo la tasa de cambio alcanzó los 102 yenes por dólar, el mínimo de cuatro años– sino que también, las bolsas niponas reaccionaron al alza. El índice Topix (Tokyo stock price index) subió a un nivel que no registraba desde agosto de 2008, acompañado por alzas en los precios de acciones de empresas como Nissan y Panasonic, que sin duda alguna se benefician con un yen más débil gracias a su fuerte operación internacional.

¿Cambio de discurso?

Ante el giro hacia un apoyo de la devaluación japonesa, el jefe del Tesoro británico, George Osborne, explicó en rueda de prensa que lo que se había presentado era un reconocimiento formal de que cada miembro del G-7 debe asegurar su crecimiento, equilibrándolo con medidas de austeridad.

“Aún mantenemos el interés porque se reduzcan los déficits fiscales, pero hay un cierto cambio en el tono”, agregó Pierre Moscovici, ministro de Finanzas francés.

Esa relación frente a Japón vuelve a abrir el debate sobre la necesidad de los gobiernos de no apretarse tanto el cinturón, estrategia que hasta ahora no ha sido efectiva para Europa, mientras Estados Unidos sí está mostrando señales de recuperación.

En el G-7 siguen divididos: Alemania, Reino Unido y Canadá consideran esa postura como un error, mientras Estados Unidos, Francia e Italia la apoyan.

Mientras llegan a un acuerdo, insisten en que la tasa de cambio no debe ser el instrumento para lograr el balance entre austeridad y crecimiento, ratificando que, por ahora, Japón no ha roto ese compromiso.

Según analistas consultados por la agencia de noticias AP, la razón por la cual los miembros del G-7 se hacen “los de la vista gorda” con Japón es porque en el pasado Estados Unidos y Gran Bretaña han sido acusados de debilitar sus respectivas monedas a costa de sus programas de estímulo.

Problema demográfico

Aunque, por ahora, el exclusivo grupo de países más desarrollados parece entender a Japón y espera que el yen barato le sirva para volver a crecer, algunos expertos como Carl Weinberg, economista jefe de High Frecuency Economist, no son tan optimistas. “Así su moneda esté devaluada eso no les va a servir a los japoneses, pues sus exportaciones han perdido competitividad frente a las de sus vecinos asiáticos. A eso se suma que algunos de sus socios siguen con un poder de compra restringido (Europa) y aún no se ha recuperado completamente del impacto del terremoto”, dijo en una entrevista con Bloomberg Radio.

Weinberg agregó que hay otro factor que restringe el crecimiento japonés y que tampoco se arregla con la tasa de cambio: una población que se está reduciendo.

“Cada vez producen menos porque tienen escasez de mano de obra, las parejas tienen menos hijos y así impongan políticas para aumentar la fecundidad, esto les tomaría una generación completa de bajo crecimiento. Otros países en situaciones similares han decidido abrir sus políticas migratorias y traer la gente que necesitan, pero la cultura nipona va en contra de eso”, aclara Weinberg.

Con o sin problema demográfico, lo cierto es que las potencias están haciendo uso de todas las estrategias posibles para volver a crecer. No en vano responden por la mitad del PIB mundial.

El problema es que en medio de sus decisiones quedan muchas economías que deben someterse a los vaivenes de sus monedas y de sus programas de estímulo fiscal, que hoy tienen a países como Colombia en medio de un ambiente internacional favorable, pero que mañana pueden dar un giro abrupto, llevándose consigo la inversión y el crecimiento que ha llegado a este lado del planeta. Ojalá su recuperación no nos salga muy costosa.

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