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El candidato opositor Henrique Capriles, ha llamado a sus seguidores a mantener la paz y no ceder frente a las ‘provocaciones’ de los seguidores chavistas..

| 4/18/2013 6:00:00 AM

Tambores de guerra

Ni la oposición ni los mercados internacionales recibieron bien el apretado triunfo de Nicolás Maduro. Las protestas sociales crecen en medio de un panorama político y económico complejo.

Como si Venezuela no tuviera suficientes problemas con el caos económico que tendrá que enfrentar el nuevo gobierno, las confrontaciones políticas y la ola de violencia desatada tras la elección presidencial del 14 de abril comienzan a complicar aún más la tormenta social que vive el vecino país.

El cuestionado triunfo del oficialista Nicolás Maduro, las crecientes denuncias por irregularidades en los comicios y la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de cerrar la puerta al reconteo de votos solicitado por el candidato opositor Henrique Capriles, colmó los ánimos de miles de venezolanos que han salido a las calles a protestar.

Capriles no reconoció el triunfo del elegido de Chávez y, antes bien, pidió un reconteo voto a voto para despejar las dudas generadas por un escrutinio largo y opaco, que sigue despertando suspicacias y provoca un estado de incertidumbre general. Ante la negativa del CNE, que de forma apresurada le ratificó el triunfo a Maduro durante una ceremonia que se cumplió el lunes en la tarde, Capriles lanzó una convocatoria para reclamar el reconteo de votos que fue negado por la autoridad electoral y recibió un rechazo total por parte del flamante nuevo mandatario.

El gobierno calificó de ‘turbas fascistas’ a los manifestantes que marcharon y protagonizaron el famoso ‘cacerolazo’, y acusó a la oposición de intentar un golpe de Estado. Estos argumentos le sirvieron para justificar la prohibición de las marchas convocadas por la oposición. Al cierre de esta edición, estaba prevista la toma de posesión de Maduro el viernes 19, asistirán presidentes aliados como Cristina de Kirchner, Evo Morales y Mahmoud Ahmadinejad, entre otros. Maduro ordenó a la fuerza pública impedir las manifestaciones y Capriles llamó a sus seguidores a no hacerlas para evitar hechos violentos que sean aprovechados por el chavismo.

El manejo errático de la crisis y las respuestas amenazantes –tanto verbales como a través de redes sociales– lanzadas por Maduro, han alterado el ambiente. El martes se reportó que las protestas del primer día dejaron siete muertos y más de 60 heridos. Muchos temen que las protestas puedan convertirse en un polvorín. Maduro, que en la medianoche del domingo reclamó su victoria luego de que el CNE le notificara el triunfo –por un estrecho margen–, ha utilizado un tono agraviante frente a la oposición y no ha ahorrado amenazas, incluida una “profundización de la revolución”.

Frente a las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel García Margallo, sobre la idoneidad del proceso electoral, Maduro pidió retractación y amenazó con medidas contra las compañías españolas en territorio venezolano. “¿Cómo le va a Repsol y a las empresas españolas acá?... hay que cuidar las relaciones, cuidado España, que Venezuela fue libre porque conquistamos nuestra independencia con la espada de Bolívar, cuidado”, dijo en tono desafiante.

Mercados, inquietos
Pero el rechazo opositor a su triunfo no fue la única noticia mala para Maduro. Los mercados internacionales lo recibieron el lunes con un balde de agua fría porque se disparó el riesgo sobre la deuda soberana y aumentó el rumor de una nueva baja en la calificación de riesgo. En un solo día, los bonos de deuda a dos años alcanzaron una tasa de 8%, mientras los pactados a tres, seis y 10 años alcanzaron 8%, 8,3% y 9,7%, respectivamente. El precio del petróleo Brent también le jugó una mala pasada y el lunes se cotizó a US$100 el barril, el precio más bajo de los últimos cinco meses.

Aunque todavía es temprano anticipar lo que ocurrirá en el mandato de seis años del excanciller Maduro, hay quienes creen en una cábala planteada hace unos días por el editorial del Washington Post: que Maduro podría lamentar su victoria en los comicios.

Pasada la espuma generada por las elecciones, el mandatario tendrá que comenzar a solucionar algunos de los graves problemas políticos, económicos y de seguridad que afronta Venezuela. En el plano político, el estrecho margen le podría acarrear problemas de gobernabilidad pues, aunque medio país votó por él, el otro medio está en su contra, y su carisma no le alcanza para ‘llenar’ los zapatos del fallecido presidente Hugo Chávez.

En materia de seguridad, los elevados índices de homicidios se han convertido en una amenaza para la gobernabilidad y el descontento es general entre los venezolanos por los escasos resultados en las políticas para combatir la criminalidad. Pero, sin duda, el tema económico es el más candente. Manuel Felipe García, gerente de soluciones de inversión de Skandia, cree que para conjurar posibles problemas políticos, Maduro tendrá que acallar los brotes de descontento entre chavistas y no chavistas con nuevos programas asistencialistas “lo que implica que va a necesitar gastar mucho más de lo que hasta ahora se ha hecho, y ahondar en las políticas de su antecesor, como las nacionalizaciones de empresas en ciertos sectores”, asegura el analista.

Este tipo de estrategias podría complicar mucho más el escenario económico que tiene Venezuela, afectado por una creciente inflación –hay quienes calculan que este año podría pasar de 33%–; un control de cambios que tiene ahogado al aparato productivo; un aparato petrolero vetusto y sin inversión y un gasto desbordado por las sucesivas elecciones que han exigido millonarias erogaciones. Sin embargo, esta estrategia podría resultarle costosa a las ya alicaídas finanzas del país. García asegura que la situación económica “es insostenible y llegará el punto en que, si no se hacen reformas de fondo, la economía colapsará”. Estas reformas van desde subir impuestos y reducir los generosos subsidios, hasta controlar el gasto público y dejar de regalar petróleo a los países amigos “o Venezuela no será viable”, asegura García.

Para los mercados de valores, la principal preocupación en estos momentos se cierne sobre el manejo que el gobierno de Maduro le dará a la petrolera estatal Pdvsa, que se ha convertido en la caja menor para financiar desde campañas políticas hasta la importación de alimentos o la construcción de vivienda popular.

Juan Carlos Rodado, vicepresidente y cabeza del grupo de investigación de mercados y estrategia para América Latina de Natixis, un banco de inversión francés, asegura que el mayor riesgo para el país proviene de un mayor deterioro en Pdvsa. Según el experto, la producción petrolera está por debajo de los 2,7 millones de barriles diarios –es decir, 1,5% menos que el año pasado–, y el bajo presupuesto en inversión y modernización podrían poner en aprietos a la compañía.

La preocupación por Pdvsa la comparte la jefe de investigaciones económicas de la Cámara Colombo-Venezolana, Anamaría Camacho, quien sostiene que la petrolera “debe hacer inversiones por el orden de US$80.000 millones en los próximos seis años para aumentar su nivel de producción y llegar a cinco millones de barriles diarios; por eso, el presidente electo deberá limitar la carga social que le ha impuesto a la petrolera y definir una política para atraer capital extranjero que permita aumentar la producción pues, de lo contrario, será muy difícil que Pdvsa logre financiar su plan de expansión”.

El coctel se vuelve más explosivo por la tendencia negativa en los precios internacionales del petróleo que, de continuar a la baja, afectará la capacidad de pago del país y debilitará las finanzas públicas.

El complejo panorama que vive Venezuela hace pensar que el nuevo presidente tendrá que montarse en un potro salvaje para gobernar. Pero quizá sea el tiempo el que les dé la razón a quienes creen que Maduro podría lamentar su victoria.

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