| 9/16/2015 7:00:00 PM

¿La situación económica de Brasil será contagiosa?

Los temores por contagio en los emergentes tras la descalificación de Brasil están a la orden del día. Algunos creen que inversionistas globales ya diferencian los países, pero otros no lo ven así.

Durante siete años, Brasil disfrutó de las mieles de contar con grado de inversión, que no es otra cosa que un sello que garantiza que es un país buena paga. Allí llegó gracias a un boom económico apoyado en los altos precios de las materias primas y a un mercado doméstico que estaba reduciendo la pobreza y llevando cada vez más consumidores a la clase media.

Era un país que estaba de moda y que además construía infraestructura para ser anfitrión de dos grandes eventos deportivos mundiales. Sin embargo, los buenos tiempos parecen haber llegado a su fin, o al menos eso es lo que piensan los analistas de la poderosa calificadora Standard & Poor’s (S&P), que en 2008 fueron los primeros en considerar que el vecino país se merecía el grado de inversión y ahora son los primeros que se lo retiran y amenazan con seguirle bajando la calificación de riesgo.

Las razones son varias y muy conocidas: caída en los precios de los commodities, estanflación, problemas de corrupción, inestabilidad política, menor crecimiento, descuadre fiscal, enfermedad holandesa, etc., lo que hacía previsible la baja en la calificación de Brasil. La pregunta que sigue es cuál será el impacto de esta medida para la séptima economía del planeta, para sus colegas emergentes y para sus vecinos de América Latina.

El temor más evidente es que países con problemas similares a los de Brasil pierdan también su grado de inversión. Los primeros contagios que prevén los expertos serían en los países emergentes, pues en enero Rusia fue descalificada, en septiembre la secundó Brasil y la apuesta es cuál será el tercero. Se menciona a Sudáfrica y a Turquía. También en el sonajero están Colombia, Kazajistán y Bahréin, al tiempo que China, Chile, México, Malasia, Indonesia, Tailandia, Israel y Arabia Saudita tendrían una baja en su calificación, sin perder su grado de inversión.

La explicación para este efecto dominó en los emergentes, además de los problemas económicos que comparten, sería un aumento de la aversión al riesgo de los inversionistas globales que por estatutos no pueden poner sus recursos en mercados sin grado de inversión y de otros que sí pueden, pero prefieren salir antes de que ocurra el mal presagio.

Antecedente negativo

Al ser la locomotora de América Latina (ver infografía página 122), para muchos expertos Brasil es el indicador de la salud del subcontinente y esto se ha evidenciado en el pasado, más específicamente en 2002, cuando Luiz Inácio Lula da Silva aspiraba a la presidencia. Durante sus discursos de campaña alcanzó a mencionar la posibilidad de no pagar las deudas de Brasil (default) lo que despertó los temores de los mercados internacionales, que golpearon con fuerza a todo el vecindario.

Esta vez, pese al antecedente, los demás países latinoamericanos no han mostrado hasta ahora síntomas de contagio por la descalificación brasileña. La explicación, según Germán Verdugo, director de estrategia en gestión de activos de Credicorp, radica en que durante la última década los operadores globales han aprendido a diferenciar entre los países de la región y entienden que no todos se comportan como Brasil. En el caso particular de Colombia, la ventaja es que esta vez la turbulencia del vecino lo cogió con unas finanzas públicas más sólidas que las que tenía en 2002 y además el shock externo está siendo absorbido principalmente vía tasa de cambio.

“Claro, hay factores que generan preocupación sobre una descalificación de Colombia, pues al mirar indicadores por separado, como reservas internacionales sobre PIB o déficit de cuenta corriente, claramente el país aparece mal frente a sus pares con grado de inversión, pero en realidad se debe analizar la foto completa y no solo una parte”, aclara Verdugo, aunque advierte que sí existe un riesgo latente derivado de Brasil, el cual se materializaría en el momento en que las otras dos grandes calificadoras (Fitch y Moody’s) también decidan quitarle el grado de inversión, lo que llevaría a una venta masiva de títulos brasileños y de la región.

Alberto Bernal, de Bulltick Capital Markets, opina, por su parte, que la descalificación de Brasil no genera riesgos de contagio, pues es más un problema endógeno que de los emergentes. “Es simplista pensar que porque le bajan a uno a los demás les va a ocurrir lo mismo. Los mercados han aprendido a diferenciar cada país”, recalca y subraya que en el caso de Colombia ve la posibilidad de una descalificación si el petróleo baja a US$20 el barril o si el precio del dólar sube a $3.500.

En una entrevista con Reuters, Simon Quijano-Evans, analista de Commerzbank, considera que con las preocupaciones políticas actuales y con las materias primas a la baja, al igual que la liquidez global, las métricas de las calificadoras se vuelven más complejas, así que no se sabe si va a pesar más la deuda o la falta de reservas internacionales. “Creo que se están centrando más en las reformas que estén haciendo los países y en su disposición para aprobarlas, que es lo que esencialmente está fallando en Brasil según S&P”, indica.

Mientras el gobierno de Dilma Rousseff intenta calmar la turbulencia interna y demostrarles a las calificadoras que sí va a hacer las reformas que se requieren, las pérdidas no se hacen esperar. En JP Morgan estiman que tras la decisión de S&P, los inversionistas globales se desharán de unos US$20.000 millones en papeles y títulos brasileños y que la cifra se incrementaría en otros US$1.500 millones si Moody’s y Fitch también le bajan la calificación. 

A esto habría que sumar los US$270.000 millones que adeudan en el exterior las empresas del vecino país y que ahora tendrán más dificultades para financiar. Es más, en Eurasia Group calculan que con la crisis provocada por la descalificación aumentan las posibilidades (van en 30%) de que Rousseff sea destituida.

Definitivamente, Brasil entró en un ciclo bajista cuyo piso aún no se ve cercano. Ojalá el virus que lo tiene enfermo no sea demasiado contagioso.
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