| 7/22/2015 12:00:00 AM

No es un cuento chino

Las alarmas están encendidas por la caída en las bolsas chinas. Sin embargo, todo parece indicar que el mundo no está ante un tsunami económico.

Hasta hace muy pocos meses todo parecía ir bastante bien en China. Las perspectivas de crecimiento mejoraron desde mayo, reflejándose en el índice industrial Li Keqiang. El consumo industrial de energía aumentó, así como la carga que se mueve por tren. El crédito industrial de largo plazo sigue débil, pero el crédito al consumidor (sobre todo hipotecario) mejoró.

Las diferentes bolsas habían completado crecimientos récord en los últimos tiempos. En la visión de varios bancos, como el Crédit Suisse, la economía se había estabilizado en mayo a pesar de estar en niveles bajos. El buen comportamiento fue jalonado por inversión en infraestructura, financiada por el gobierno central, y una mejor opinión de los inversionistas sobre el sector inmobiliario

Sin embargo, la caída de más de 30% en el mercado accionario entre junio y julio giró radicalmente el enfoque de la opinión pública y del mercado hacia la Bolsa.

Mientras la inversión en acciones en Europa es generalmente realizada por especialistas, al igual que en Estados Unidos, en China recientemente millones de ciudadanos abrieron cuentas para comprar directamente acciones y eso le está causando grandes problemas al gobierno ahora que los mercados están cayendo. Hay aproximadamente 90 millones de inversionistas chinos “al detal”. Se estima que un increíble 80% de los hogares urbanos en este país ha invertido en acciones, colocando 30% de su disponibilidad de efectivo en ellas.

Crédit Suisse calcula que existen alrededor de 258 millones de cuentas para transar acciones en las bolsas de Shanghái y Shenzhen, dos de las más grandes de China. Una alta proporción de estas cuentas son de inversionistas al detal, con un tercio de ellas abiertas en los últimos nueve meses. Esto es muchísimo más que los otros países asiáticos y por encima de 80% frente a la población de Estados Unidos. Esta inmensa base de pequeños inversionistas explica por qué el mercado ha caído y también por qué el gobierno chino toma medidas extraordinarias para subsanar el impasse.

Gente común y corriente se endeudó para comprar acciones, ya que estas han tenido uno de los mejores desempeños en los últimos años. Una caída en ellas ha llevado a los prestamistas a pedir más dinero para cubrir las pérdidas y obligado a los pequeños inversionistas a vender acciones para conseguir efectivo, lo que a su vez ha hecho caer aún más los mercados.

Esta ha sido una transferencia a gran escala de las cuentas bancarias a las cuentas de negociación de acciones y del sector de las propiedades (property sector) al mercado accionario en los meses recientes. El gobierno chino está preocupado por el potencial choque de las bolsas en el consumo y la estabilidad financiera del país; no quiere obviamente que millones de sus ciudadanos estén furiosos por la pérdida de dinero.

Crédit Suisse advirtió que la crisis podría poner en riesgo la estabilidad social del país si no era resuelta rápidamente, pues muchas personas hipotecaron sus casas para invertir en acciones. La debilidad del mercado también mina los planes de reforma y la campaña anti-corrupción del presidente Xi Jinping.

El gobierno lanzó medidas agresivas con el objetivo de solucionar el malestar, aunque la primera tanda, basada en la rebaja en las tasas de interés, no funcionó como se esperaba al tener poco impacto en la mecánica de las posiciones apalancadas. Beijing cambió a la intervención administrativa restringiendo la venta en corto, y los fondos soberanos y fondos de pensiones controlados por el Estado han comprado grandes capas del mercado en un intento por estimular la actividad.

Más extraordinariamente aún, el Banco Central ha inyectado liquidez al CSFC (entidad estatal de crédito) para comprar acciones, sin ningún límite pre-impuesto en cantidad o tiempo. Hasta cierto punto, esta es la versión China de QE. Aunque el PBoC (Banco Central chino) no está comprando bonos y todavía no expande su hoja de balance (balance sheet) agresivamente, está tomando medidas no convencionales para impulsar los precios de los activos con el fin de detener el pánico en el mercado, el desapalancamiento y la espiral descendente.

¿Qué más puede hacer China? En términos de política monetaria convencional, el PBoC podría con facilidad cortar las tasas de interés entre 100 y 200 puntos básicos y la ratio de reserva en más de 500 en una real emergencia. Más importante aún, se podría esperar que el banco central le inyecte liquidez a las instituciones financieras si estas hacen frente a una escasez de crédito. La actitud de Beijing hoy para proveer la necesaria liquidez de emergencia a instituciones en problemas se ve muy diferente de la que se dio en Washington en 2008 en la crisis de Lehman.

Independientemente de que China tenga éxito o no con sus medidas para recuperar la confianza, el mercado de acciones de ese país ha experimentado un revés mayúsculo en su camino a convertirse en una plataforma económica basada en el mercado. Las intervenciones administrativas han minado la credibilidad del mercado y el espíritu contractual (contract spirit). Esta turbulencia, al parecer, ha pospuesto la búsqueda China por liberalizar sus cuentas de capital (capital account) y puede también afectar la inclusión en el índice de acciones clase A del MSCI.

Es posible que en lo que concierne al impacto en la economía real, la duración en la corrección del mercado sea más importante aún que la profundidad de esta corrección.

El pueblo chino ha perdido dinero en el mercado accionario, pero conserva el empleo, así que el flujo de efectivo en los hogares no es aún un problema. Pero la gente se va a sentir más pobre y el efecto riqueza (wealth effect) podría golpear si la corrección del mercado se arrastra en el tiempo. El aguante de la economía China ante esta turbulencia dependerá de si Beijing logra detener o no el pánico en el mercado.

Con China representando más de un tercio del PIB mundial, es natural la preocupación por los efectos de esta crisis en las demás economías. Balanceando en algo sus efectos negativos, el precio reducido en los commodities como resultado de la menor demanda China debería alentar un modesto crecimiento en los Estados Unidos. Se proyecta un aumento del PIB de 6,9% para el segundo trimestre de 2015, seguido por un crecimiento de 7,2% en el tercer y cuarto trimestres del año.

En un análisis sobre la situación, el departamento de Investigaciones de Mercado del Deutsche Bank señaló: “mientras que la exposición directa de los bancos al mercado de renta variable parece ser modesta, la exposición indirecta, a través de los hogares o empresas que han perdido dinero en sus inversiones y ahora no pueden pagar sus préstamos bancarios, es una pérdida potencial inconmensurable. Pese a ello, es poco probable que se genere un escenario de riesgo sistémico”.

Las cifras muestran cómo, a pesar del choque, la economía China puede responder satisfactoriamente a uno de los golpes bursátiles más grandes de los últimos tiempos. Las bolsas de ese país mantienen terreno positivo frente a los niveles de precio de los últimos tres años; además, el crecimiento seguirá rondando el 7%. Todo indica que el mundo no está enfrentando un problema económico serio. Por el volumen del escándalo hay que determinar hasta dónde este es más un asunto político que de estrategia económica.
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