| 8/8/2014 9:00:00 AM

Si por aquí no llueve…

California vive una de las peores sequías de su historia. Su gobierno está castigando el desperdicio de agua y se estiman pérdidas por US$2.200 millones. ¿Cómo impactará a la octava economía mundial?

Por tercer año consecutivo California, el estado más rico y poblado de Estados Unidos, sufre de sequía. Este fenómeno es cada vez más intenso y la versión 2014, por ende, está encendiendo las alarmas de aquellos que usan el agua para sus negocios –como los agricultores–, y también de los economistas, temerosos de que la situación pueda impactar el costo de vida. Los temores surgen porque este estado es uno de los mayores productores de comida del Tío Sam y el quinto del mundo.

La falta de lluvias –al igual que ocurre en parte de Colombia–, llevó al gobernador de California, Jerry Brown, a declarar el estado de emergencia, pedirles a sus conciudadanos que reduzcan el consumo de agua en 20% e, incluso, anunciar sanciones de US$500 diarios por el desperdicio del preciado líquido.

Sus temores están justificados, pues desde mayo todo el estado experimenta una sequía severa: ya 22% de California está en las categorías “extrema” y “excepcional”, que son los niveles más altos en un escala de cinco, de acuerdo con el reporte del Monitor de Sequías de Estados Unidos.

El futuro cercano tampoco luce alentador, pues las precipitaciones hasta el 30 de junio no estaban ni en la mitad del promedio histórico y, según Lynn Ingram, profesor de geografía de la Universidad de California, Berkeley, consultado por The Economist, es probable que la sequía persista por una década o más, lo que la convertiría en la peor en 500 años.

Sus registros indican que en los últimos 1.200 años California ha sufrido dos sequías que duraron 120 a 200 años, así que es factible que se repita una larguísima temporada sin suficiente agua.

Para evaluar el impacto de dicho escenario, el Centre for Watershed Sciences hizo una simulación de los efectos de una sequía de 72 años, con ríos y fuentes de agua reducidos en 50%. Como es evidente, esto provocaría una catástrofe para algunos ecosistemas y en la actividad agrícola, pero para sorpresa de los investigadores, según cita The Economist, el impacto de la megasequía sería pequeño en su economía (que si se contara como un país, sería la octava del mundo).

La agricultura representa un poco menos de 2% del PIB californiano, estimado en US$2 billones. Sin embargo, justamente en la agricultura es donde está el talón de Aquiles de California, pues esta utiliza 80% del suministro de agua disponible. Cultivos como algodón, alfalfa y arroz no deberían ser sembrados en una región semiárida, dado que eso los vuelve muy dependientes del riego.

En particular, las almendras –California provee 80% de lo que se consume en el mundo– y los árboles de pistacho necesitan riego durante todo un año para madurar. Pero esos cultivos se siembran allí gracias a unos derechos de agua que se les asignaron a los primeros agricultores del Estado, cuando apenas tenía unos pocos millones de habitantes; sin embargo, hoy viven allí 38 millones de personas y la proyección es que lleguen a 50 millones en 2050.

Pérdida de valor


Pese a que en el largo plazo la falta de lluvia podría no ser tan catastrófica desde el punto de vista económico, en el corto plazo la preocupación es enorme y el cálculo es que la actual sequía va a tener un costo de US$2.200 millones y la pérdida de 17.000 empleos, estiman también en el Centre for Watershed Sciences.

Su cuenta se basa en el hecho de que, por la falta de lluvia, los agricultores solo podrán usar un tercio del agua que usualmente consumen y para mantener vivos sus cultivos deberán recurrir al agua subterránea.

En consecuencia, la agricultura registraría una pérdida de ingresos y mayores costos por bombeo adicional, lo que en conjunto implica que el valor de la producción agrícola del estado se reducirá 3% este año. Además, 5% del área cultivable dejaría de ser sembrada.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos también teme que la sequía californiana aumente los precios de los alimentos en todo el país, debido a que los agricultores y transportadores deberán incrementar sus costos para compensar las pérdidas, que se intensifican no solo por la falta de lluvia sino también porque el precio que deben pagar por la factura de agua se ha elevado hasta 10 veces más de lo que costaba antes de que comenzara la temporada seca.

Y mientras en California prevén un impacto relativamente controlado del cambio climático, en Colombia, Planeación Nacional acaba de estimar que si no se hace nada para contrarrestar los impactos del clima extremo – lluvias o sequías muy prolongadas–, cada año, de aquí a 2100, el país tendría un serio impacto en su economía.

Según el estudio, de 2011 a 2100, en promedio habría pérdidas anuales del PIB de 0,49%. Esto significa que cada año el PIB sería menor en ese porcentaje que en un escenario macroeconómico sin cambio climático.

California, por su parte, tiene una mayor capacidad de aguante ante la sequía, pues cuentan con una extensa red de presas, embalses, acueductos y estaciones de bombeo que distribuyen a las granjas y las comunidades urbanas a cientos de kilómetros de distancia, al tiempo que garantiza que los hábitats de agua dulce estén razonablemente bien protegidos de la incursión de agua salada, lo que hace muy poco probable que tenga que recurrir a racionamientos este año.

No obstante, hay quienes opinan que los precios del líquido vital deberían ser más altos en California, pues persistir en la actividad agrícola en una zona con características desérticas debería ser más costoso.

Finalmente, si en una zona tan rica y tan preparada para la escasez de agua hay preocupación y se van a cobrar unas multas onerosas, con más razón en nuestro país se deberían ejercer fuertes controles para que no se vuelvan realidad las preocupantes proyecciones de Planeación Nacional.
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