| 8/16/2012 8:00:00 AM

Septiembre negro

El próximo mes pinta complicado para la?economía mundial. El principal temor de los mercados: el rescate total de España.

España parece tener los días contados para pedir un rescate total de su deuda. Todo apunta a que en cuestión de semanas –tal vez solo días–, el gobierno de Mariano Rajoy tendrá que pedir ayuda a sus socios europeos para frenar los costos absurdos que pesan sobre la deuda soberana de su país.

La mayoría de las apuestas indica que, terminado el verano, habrá una solicitud oficial de rescate en septiembre. Primero, porque el 3 se realizará en Bruselas la reunión extraordinaria de Ministros de Finanzas de la Eurozona para estudiar los avances de las ayudas a los socios y, segundo, porque una medida de estos alcances tendrá que ser aprobada por los parlamentos de los países miembros de la UE, que en agosto tuvieron receso por vacaciones de verano.

Pero, más importante aún es el hecho de que las finanzas españolas están al borde del colapso por los ataques especulativos del mercado sobre el bono de deuda soberana. La crisis de confianza le está pasando una costosa cuenta de cobro al gobierno de Mariano Rajoy en forma de tasas de interés que alcanzan niveles impensados hace siete meses, cuando asumió el cargo.

Los mercados han seguido prestándole al gobierno español a un costo cada vez mayor. España vive de créditos para pagar sus gastos de funcionamiento e inversión con bonos de deuda, pues sus ingresos no se equiparan a sus gastos y el déficit crece.

Esto ha ubicado a la prima de riesgo –diferencial del bono español frente al alemán, a 10 años– por encima de los 500 puntos básicos durante buena parte de 2012, cuando hace un año resultaba ‘escandaloso’ que estuviera en 300 puntos básicos.

El gobierno reconoció que el mayor costo de la deuda exigiría unos 8.000 millones de euros adicionales por pago de intereses para el próximo año, un gran peso en el presupuesto de 2013, año que se avizora problemático para la economía mundial.

Por eso, una preocupación básica del gobierno será reducir el costo de la deuda y evitar que la prima siga creciendo y alcance los 700 puntos básicos que ya se pronostican, lo que pondría en jaque las finanzas.

¿Por qué el gobierno no ha pedido el rescate para evitar que continúe la desconfianza? Rajoy sabe que no hay ‘almuerzo gratis’ y la ayuda de sus socios europeos puede aliviar la presión sobre la deuda pero le saldrá cara en términos de un mayor ajuste fiscal, restricciones aún más severas para los españoles y profundización en la recesión económica.

Ya la aprobación de un primer ‘rescate’ a la banca privada, autorizada hace dos meses por 100.000 millones de euros –aún no desembolsados– le representó al gobierno de Rajoy un duro ajuste fiscal exigido por sus socios de la UE. Este ajuste incluyó aumento en el IVA y recortes en presupuestos para salud y educación. Sin embargo, no se avanzó en el control del gasto público, ante la rebelión de algunas de las 17 comunidades autónomas que se niegan a seguir una política de austeridad.

Pero nuevas restricciones significarán, de paso, más revueltas sociales. Para el 25 de septiembre está programada una movilización social nacional de protesta, mientras en Euskadi y Navarra se fijó el 26 de septiembre como fecha para una huelga general. Las manifestaciones en plazas públicas no han cesado y solo hubo un leve respiro durante los 17 días de los olímpicos en agosto.

La oposición tampoco ayuda. Los líderes del Psoe, el partido opositor a Rajoy, rechazan que España tenga que usar el ‘salvavidas’ del rescate, pues aseguran que esto significaría el fracaso del gobierno de Rajoy y una pérdida de la autonomía nacional.

Con un desempleo cercano al 25%, una recesión ya declarada y la amenaza de varias comunidades autonómicas de no acatar el llamado a la austeridad, el Jefe de Gobierno español ha evitado el rescate por los costos políticos y sociales que se le vienen encima. Un rescate de la deuda española profundizaría el descrédito del gobierno de Rajoy, cuya aceptación es de apenas 34%.

En las próximas semanas Rajoy se juega su prestigio –y su cabeza– y tendrá que convencer a sus compatriotas de que el rescate solucionará buena parte de los graves problemas que enfrenta la economía. Pero, si esta ayuda no se complementa con medidas efectivas para controlar el gasto fiscal, solo sería un paño de agua tibia para una enfermedad con raíces mucho más profundas.
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