| 10/30/2014 7:10:00 AM

¿Dilma reloaded?

La designación de un nuevo Ministro de Hacienda y la adopción de reformas estructurales para recuperar el crecimiento serán claves en este segundo periodo presidencial de Dilma Roussef. No la tiene nada fácil.

Los mercados financieros no celebraron con “bombos y platillos” la reelección de la presidente de Brasil, Dilma Rousseff. Por el contrario, mostraron su gran decepción al día siguiente de la elección, cuando la Bolsa de Valores de São Paulo (Bovespa) registró una caída de 2,7%; el real cayó 3,2% frente al dólar –la cotización más baja de los últimos tres años– y la acción de Petrobras se desplomó 14%.

Estos resultados envían un mensaje claro sobre los duros retos que enfrentará Dilma en su segundo tiempo en el poder y son una señal de alerta para el equipo económico, que tendrá que adoptar correctivos durante los próximos meses, pues de lo contrario la situación podría complicarse. Incluso más de lo que estuvo el año pasado, cuando las manifestaciones populares tuvieron al gobierno en jaque.

Los empresarios tienen más de una razón para quejarse de los flojos resultados del gobierno en los cuatro años anteriores. Tras recibir de su copartidario Luiz Inácio ‘Lula’ Da Silva un país que en 2010 crecía a 7,5%, Brasil exhibe hoy un déficit en cuenta corriente de 4% del PIB; una inflación que este año podría superar 6,3% –el rango máximo previsto por el Banco Central–, y pobre crecimiento económico que, en el mejor de los casos, estará en 0,3%, como lo estima el Banco Central.

A la frustración por estas cifras se suma la desconfianza que genera entre los empresarios la excesiva intervención del gobierno. Dos casos son emblemáticos: el gobierno de Dilma obligó a Petrobras –con participación privada– a vender combustibles por debajo de los precios de mercado e intervino las tarifas eléctricas, cambiándole las reglas de juego a la colombiana Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) con más de una década en ese mercado. Estos cambios e intervenciones generan incertidumbre entre los empresarios.

Por eso, ni las gigantescas inversiones en el Mundial de Fútbol; ni las exenciones tributarias para reactivar la industria ni las millonarias obras de infraestructura de vías y aeropuertos han logrado mover la economía, que en los dos primeros trimestres de 2014 reportaron caídas, lo que técnicamente ha puesto al país al borde de La recesión.

Aunque Brasil ha sido señalado como ejemplo mundial gracias a su gestión para sacar de la pobreza a 40 millones de personas durante la última década –según la FAO, la pobreza se redujo de 24,8% en 2001 a 8,4% en 2012–, su modelo comienza a hacer crisis por el fuerte impacto fiscal.

La razón central está en que, para sacar de la pobreza a millones de brasileños, el gobierno le apostó a otorgar subsidios y estímulos monetarios que durante unos años tuvieron un impacto positivo en el consumo, pero que a la postre no están generando mayor crecimiento, pues muchos de estos ciudadanos están en este momento reportando niveles de deuda muy elevados, al punto que uno de cada cuatro no tiene con qué pagar sus cuentas, según la cadena alemana DW. Para algunos analistas, “el ciclo del consumo ha terminado” y los costos del fin de esta fiesta se comienzan a ver en las cifras que hoy tienen en jaque al gobierno.

El propio consejero de gobierno, Luiz Gonzaga Belluzo, hizo un mea culpa y en una entrevista con la agencia Reuters reconoció que “hubo un error en la estrategia” porque, aunque el gobierno de Dilma siguió la receta de Lula da Silva, “tomó mucho (tiempo) darse cuenta de que el consumo estaba perdiendo fuerza para impulsar la economía, fuimos incapaces de articular la caída del consumo con recuperación de la inversión”.

Pero, recuperar la inversión pasa en estos momentos por ganar de nuevo la confianza del sector privado. Richard Lapper, analista de LatAm Confidential, el grupo de investigación del diario Financial Times, asegura que recuperar la confianza será uno de los principales desafíos para el segundo periodo de la Presidente, que tendrá que “tender puentes” con los inversionistas y empresarios descontentos.

Cambios a fondo

Dos economistas ingleses, Samuel George y Coernelius Fleischhaker, afirmaban el lunes pasado en su blog del Financial Times que el gobierno tendrá que adoptar cinco cambios para mejorar su desempeño en este segundo periodo: el primero es conseguir un reequilibrio fiscal para lograr un entorno favorable a la inversión y al crecimiento económico. Hoy el gasto público se acerca a 40% del PIB y su reestructuración será fundamental. El segundo cambio apunta a estabilizar los fundamentales macroeconómicos, entre ellos controlar la inflación, que avanza peligrosamente por encima del límite de la tasa objetivo fijada por el Banco Central; el tercero, cerrar la brecha en infraestructura, desde construir más vías hasta nuevos puertos, y esto no lo logrará invirtiendo tan solo 2,45% del PIB, como lo hace actualmente.

La cuarta sugerencia es impulsar una educación del siglo XXI enfocada en capacitar la fuerza laboral, pues aunque el país ha avanzado en cobertura, aún tiene deficiencias en calidad y sigue por debajo de los estándares internacionales. Finalmente, sugieren un cambio en el enfoque del comercio para avanzar en la internacionalización –durante la era de Rousseff el mercado ha estado a la defensiva, con excesivos controles al ingreso de productos externos y muy dependiente del mercado interno–, de manera que las empresas brasileñas compitan con calidad.

Aunque no será fácil adoptar todos estos cambios, ya Dilma envió una señal que muestra un nuevo camino: reemplazará a su ministro de Hacienda, Guido Mantega, a quienes muchos culpan de los actuales resultados.

Lo cierto es que las cifras con las que Dilma Rousseff arranca su segundo mandato muestran que el viento está en contra. Pero, quizás si pone el mismo empeño que empleó para ganar su reelección en ordenar las finanzas del país y arreglar la economía, los resultados comenzarán a verse.

En cifras

Standard & Poor’s ha dicho que si se mantienen el bajo crecimiento y los problemas fiscales, hacia futuro podría rebajar la calificación de ese país.

0,3% crecerá el PIB de Brasil este año, de acuerdo con estimativos del Banco Central. Pero en el primer trimestre la economía registró una caída de 0,2% y en el segundo trimestre volvió a caer 0,6%.

1% es la proyección de crecimiento económico de Brasil para 2015. La cifra es inferior al 2,7% registrado en 2011 y al 2,3% en 2013.

11,5% podría alcanzar la tasa de interés de intervención el próximo año. El Banco Central la tiene actualmente en 11%.

2,45%
del PIB invierte el gobierno brasileño en infraestructura, un nivel que los analistas consideran por debajo del promedio de los países emergentes.
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