| 9/4/2013 6:00:00 PM

Cumbre de poder

La reunión del G20 del 5 de septiembre será un ‘campo de batalla’ para las ideas políticas y económicas de los diferentes mandatarios asistentes.

Una cumbre de tensiones. Así podría definirse la reunión del 5 y 6 de septiembre en San Petersburgo, Rusia, durante la cual se darán cita los presidentes de las 20 economías más poderosas del planeta que integran el G20.

El momento no parece auspicioso para estrechar las relaciones. En el plano político, dos temas calientan la agenda y provocan polarización: una posible invasión militar a Siria –a la que se oponen Rusia y China– y la revelación del espionaje que venía aplicando Estados Unidos a presidentes de países aliados, entre ellos Brasil y México.

También el escenario económico luce opaco. La economía mundial sigue estancada y crecen los temores en los países emergentes por los recortes a la política de estímulos que venía aplicando Estados Unidos para alentar el crecimiento, cuyo desmonte anunciado para mediados de septiembre pondría en peligro el incipiente despegue económico.

Aunque en años anteriores los países emergentes brillaron por sus resultados económicos, a esta cumbre llegan con las manos vacías. Los denominados Brics –Brasil, Rusia, India, Corea y Suráfrica– vistos con admiración en cumbres anteriores por sus resultados económicos, se están ‘desinflando’. Por eso, hay quienes aseguran que en esta cumbre serán beligerantes protagonistas y tratarán de hacer valer sus argumentos para evitar que la política monetaria de Estados Unidos y otros países desarrollados terminen por afectar su crecimiento.

Las cifras son crudas. Brasil, donde a comienzos de año el Banco Central vaticinaba un crecimiento de 4%, tiene en este momento una expectativa de crecimiento de 2,5%. En México la previsión inicial era de 3,5%, al terminar el primer trimestre se ajustó a 3,1% y en las últimas semanas se habla de que no superaría 1,8%.

Rusia y China tampoco han escapado a esta tendencia. La proyección a comienzos de año indicaba que Rusia crecería por encima de 3%, pero la última semana de agosto el Ministerio de Desarrollo ajustó el pronóstico a 1,8%. En China, que arrancó el año con una expectativa de crecimiento superior a 8%, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) acaba de ajustar la cifra a la baja a 7,4%.

En medio de este complejo escenario, la agenda propuesta por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, podría variar. Con temas que van desde la revisión de políticas para lograr un mayor desarrollo de los mercados de capitales, la regulación del sector financiero, el combate a la corrupción y el fortalecimiento del comercio multilateral, otros temas más urgentes podrían entrar a discusión. Sin duda, uno de ellos será cómo evitar que la lenta recuperación de la economía mundial se vea afectada por las políticas de austeridad de Europa y los recortes a los estímulos en Estados Unidos.

Ya se anuncia que la presidente de Brasil, Dilma Rousseff y su colega de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, harán causa común con mandatarios de otros países emergentes para exigirles a los desarrollados que sus expectativas sean atendidas. “Los países desarrollados deben tener en cuenta los efectos que pueden tener sus políticas monetarias sobre la creación de empleo, pero también sobre los países en desarrollo y sus monedas”, dijo a Efe un delegado brasileño.

El álgido panorama podría agudizar los enfrentamientos en torno a las políticas económicas frente a la crisis. O, por el contrario, podría generar el espacio para que esta vez salgan las fórmulas que de una vez por todas saquen al mundo del bache económico.
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