| 11/12/2015 12:00:00 AM

Reino Unido podría dejar la zona común europea

La permanencia del Reino Unido en la zona común europea está en entredicho. La única forma de detener esta salida es adoptando cambios en el marco institucional de Europa. ¿Será posible un futuro sin los británicos?

Los tiempos de división recorren Europa. Cercas entre Hungría y Croacia, y entre Austria y Eslovenia para evitar el flujo de migrantes; controles de capital en Chipre y Grecia, ecos de secesión en España y restricción del número de migrantes en países que hasta hace poco tenían la política de puertas abiertas –como Alemania–, son solo algunas evidencias de la tensión que se vive.

Ahora apareció en el mapa una nueva ruptura por cuenta del Reino Unido, un Estado que nunca se ha sentido tan europeo y que finalizando 2017 deberá aprobar o rechazar en las urnas la continuación en la Unión Europea. Un proceso cuyo desenlace podría ser una salida británica (Brexit, por su sigla en inglés).

Hasta aquí no hay nada nuevo bajo el sol. Solo que hace más de dos años el primer Ministro, David Cameron, prometió un referendo en este sentido y consultas similares de adhesión o salida se han realizado en varios países de Europa. Sin embargo, en esta ocasión la incertidumbre corre por cuenta de que es el propio Cameron el que anunció que liderará la causa cismática si no se atienden una serie de demandas para reformar las reglas de juego europeas a las que se deben someter los británicos. Las crisis griega y la de los refugiados están poniendo en entredicho la aprobación popular de una Europa unida.

En la Unión Europea no se ve con buenos ojos la propuesta, la cual podría hacer que a la vuelta de la esquina aparezcan nuevas reivindicaciones de otros países que puedan poner en riesgo el modelo europeo.

Y no son los únicos que se oponen. Un reportaje de The Telegraph citó al primer Ministro irlandés, Enda Kenny, quien afirmó que “Brexit no está en el interés económico de Irlanda”. Y no lo está, entre otras razones, porque la cooperación económica es mucho más fluida entre miembros de la Unión Europea.

Las reivindicaciones

Cameron presentó el 10 de noviembre cuatro grandes propuestas para que el Reino Unido continúe en este marco (ver recuadro), que según él “no son una misión imposible” y lo hace “para que Gran Bretaña y toda Europa sean más seguras y más prósperas para las generaciones futuras”.

De ser aprobadas, no solo harían que rechazara el Brexit, sino que además adelantaría el referendo en el Reino Unido para 2016 con el fin de minimizar la incertidumbre.

Al respecto, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, anunció en su cuenta de Twitter (@eucopresident) que recibió la misiva de Camerón y que las negociaciones sobre la continuidad del Reino Unido deben comenzar”.

Un artículo del Huffington Post cita a la portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinashan, quien señala que “lo problemático” sería implementar algunas de estas medidas. Para Schinashan, “una serie de elementos parecen ser viables, como encontrar la forma de aumentar el papel de los parlamentos nacionales, pero otras cuestiones son difíciles, como la relacióncon con el euro. Otras, además, chocan con las libertades fundamentales de nuestro mercado interno”.

Inquietudes europeas

La puerta que se abriría, señala un informe del diario El País, es la posibilidad de que cada Estado empiece a hacer solicitudes individuales y se acabe la unión. Especialmente en tiempos de “caída del entusiasmo europeísta”. El mismo informe destaca la experiencia de Dinamarca, país que quedó por fuera de algunos compromisos del Tratado de Maastricht, el acuerdo que le dio vida a la Unión Europea en 1992.

Quizás la exigencia que más controversia genera en la Eurozona es la restricción de derechos para los inmigrantes que hayan permanecido menos de cuatro años en el Reino Unido. No es para menos; de aceptar esta exigencia británica, Europa entraría en una contradicción de su principio básico fundamental: la libre movilidad de personas.

La salida no es fácil, por eso expertos como José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de España, vaticinó recientemente en un cable difundido por la Agencia Efe que el Reino Unido saldrá de la Unión Europea en 2016. El reto, según García-Margallo, será “avanzar en la consolidación de una Federación de Estados que reafirme internacionalmente su alianza”.

Sin embargo, no todos auguran el mismo final. En una reciente entrevista el primer Ministro de Holanda, Mark Rutte, afirmo que “si el Reino se marcha, se quedaría varado en mitad del Océano Atlántico y mataría su industria de servicios financieros”. Esta posición es compartida por un grupo de analistas del Bank of America Merrill Lynch, quienes argumentan que el Reino Unido se expondría a perder relevancia en la determinación de políticas globales, mientras que en el largo plazo la Unión Europea saldría fortalecida.

Mientras se espera el desenlace de la rebelión británica, vienen tiempos difíciles para una Europa que lleva 65 años, desde la famosa declaración de Schuman, tratando de consolidar el sueño de unión.

Dudas desde el principioEl que es considerado el “padre del euro”, planteó las dificultades políticas de la unión. 

El proceso de consolidación europea, cuyo elemento más visible es quizá el euro, –no utilizado por el Reino Unido–, desde la concepción misma de la moneda única sembró dudas.

Particularmente el Premio Nobel de Economía, Robert Mundell, quien recibió la distinción por crear el marco teórico que haría posible el abandono de las monedas nacionales, planteó en 1961: “A primera vista puede parecer que la pregunta es puramente académica, puesto que en el campo de la factibilidad política es difícil que algún día se renuncie a tener monedas nacionales para sustituirlas por cualquier otro ordenamiento”.

Parece que Mundell tenía razón. Perdurarán la dificultades políticas de unir a un continente que estuvo varios siglos en guerra.
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